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martes, 12 de junio de 2018

Elorrietarricogorrigorricoecheamotagoiticoa


Cuando, de críos, nos preguntaban por el nombre más corto, solíamos decir Nicasio (ni-casi-o). Y el apellido más largo, solíamos responder: "Ese mismo: Más Largo". Y si nos preguntaban por el siguiente más largo, decía -de una tacada- el que da título a esta entrada.
Lo aprendimos los hermanos de nuestros padres -que no sabían vasco- y seguramente habrá sufrido alguna deformación, pero no creo que, necesariamente, un alargamiento.
Agradezco este artículo de García Sanz y las referencias a Javier Barreiro, por haberme hecho desolvidar aquellas gimnasias lingüísticas de la infancia

TRIBUNA CULTURAL 
El autor recuerda algunos casos de apellidos muy largos, varios de ellos de origen vasco. Y también habla de los apellidos más habituales y de cómo ellos dan para problemas de identificación 

Sobre apellidos largos y apellidos comunes                                                   por Ángel García-Sanz
Es bien sabido que el prurito de autoasignarse un rancio abolengo persiste en muchos de los que tienen apellidos dobles o muy largos, y más si son vascos. Buena prueba de ello es que se discuta sobre cuál es el apellido vasco más largo y el orgullo con que ostentan algunos el suyo. A título de curiosidad, aquí se recogen varias noticias al respecto y se hacen algunas observaciones sobre las ventajas y desventajas de los apellidos más comunes.  
En noviembre y diciembre de 1919 se exhibieron en el cine Euskal Jai [Desolvidar: el frontón se adaptó durante algunos años para la proyección de películas] de Pamplona los diferentes capítulos de la película La casa del odio (1918) que, como en toda España, tuvo gran éxito. Uno de sus atractivos era que hasta el penúltimo episodio no se daba a conocer quién era un misterioso y siniestro personaje, El encapuchado.   
En tono humorístico Diario de Navarra (7-XII-1919) se hizo eco entonces de que unos decían que era de Caparroso, otros de Zugarramurdi y otros que le habían visto tocar la guitarra en las fiestas de Oricáin. También añadía que quien lo sabía era el propietario de los almacenes de ropa Iruña, que habría prometido 50 pesetas en metálico a quien averiguara el nombre. 
Tres días después, en el mismo periódico y en El Pueblo Navarro, apareció la siguiente extraña noticia: 
“Se aclara el misterio.  Martín Joshé Mendivelza Iturriberrigorrigoicoecheachiqui, tío de Perla Buruzuri y primo del señor ‘Pandolfo’. Estos son los nombres y apellidos de El encapuchado que se ha exhibido en el comercio Iruña, los que coinciden en todo a los indicados por una distinguida señorita que oculta su nombre y que generosamente deja el importe del premio de 50 pesetas para los asilados de la casa de Misericordia, en nombre de los cuales damos las más exclusivas gracias”. 
No he seguido más el asunto, pero es indicativo del atractivo de los apellidos vascos largos entre nosotros. La siguiente noticia es otra muestra de ello.   
En 1922 un americano de origen griego alardeó de tener el apellido más largo del mundo: Paspatherodorokoumountongeotopoulos, 35 letras. Sin embargo, según un periódico francés, en la calle Sarmiento de Buenos Aires vivía un vasco cuyo apellido tenía 39: Juan Iturriberrigorrigoicoerrotaberricoechea (Fuente nueva roja de la casa del nuevo molino de arriba). El escritor Javier Barreiro comprobó que, en efecto, a principios de 1929, en la revista bonaerense Caras y Caretas aparecía el siguiente anuncio “Gran bazar de Calzado del vasco Don Juan Iturriberrigorrigoicoerrotaberricoechea. Sarmiento, 1200 esquina Libertad”.  
Es difícil saber si el anunciante tenía ese apellido, que también es el de un personaje de de la leyenda peruana El cigarrero de Huacho, de Ricardo Palma. En todo caso, desde luego, hay apellidos muchos más largos que los mencionados.   
En 1972, en un artículo, El mundo está lleno de apellidos extraños, un periódico informó de que un hawaiano se apellidaba nada menos que Kekoalaauliiionapalihaulliulickekoolay Kaapuawakamehameha, que significa “el pequeño barco que rodea las montañas blancas del lago de las montañas koola, donde vive Hamchameta el grande”. El periódico del que procede la noticia contrastaba este apellido con el de un hombre de negocios belga que se llamaba Antón O, y aseguraba que aún había un apellido más corto, ‘I’, porque ocupaba menos espacio.


[Desolvidar: Como podéis ver a continuación, Elorrietarricogorrigorricoecheamotagoiticoa deja pequeños a todos los que aquí se han propuesto y a otras palabrejas que llevan fama de largas que -ante estos monstruos- parecen enanas:

Iturriberrigorrigoicoecheachiqui
Paspatherodorokoumountongeotopoulos
Iturriberrigorrigoicoerrotaberricoechea
Kekoalaauliiionapalihaulliulickekoolay
Elorrietarricogorrigorricoecheamotagoiticoa (43)
Supercalifragilísticoespialidoso

Y para que veáis con qué soltura se dicen las cosas que se aprenden de niño...]

Obviamente desde una óptica alejada de preocupaciones aristocratizantes y del afán de exhibir orígenes linajudos, otros han mostrado su querencia por los apellidos más comunes: García, Pérez, González, etc. que corresponden a la mayoría de la población. 
Así, en 1931 El Socialista ponderaba la abundancia de Pérez, Garcías, Rodríguez, etc. en sus filas porque quienes llevaban esos apellidos constituían la “masa auténtica, sin fulanismos: pueblo legítimo y numeroso”, cuyo anonimato favorecía el sentido democrático y lo contraponía a “la tontería aristocrática o la debilidad literaria” de los que se preocupaban por el nombre. Llevar apellidos comunes, como los mencionados, era “el seguro contra el ridículo, porque a veces el apellido abruma. El apellido es como el traje, como el gabán, como la capa: cuanto más definido, más peligroso. Cuanto más común y corriente, menos ‘chic’, pero más elegante”. 
Con independencia de que se esté o no de acuerdo con el anónimo articulista anterior, lo que no previó son los numerosos problemas de identificación que generan los apellidos comunes. Un ejemplo: en 1983 un ilustre homónimo del firmante de estas líneas, Ángel García Sanz (1946-2014), catedrático de Historia Económica de la Universidad de Valladolid, al haberse producido algunas confusiones sobre la autoría de algunos trabajos de investigación, me propuso que cambiara mis apellidos. Dado su gran prestigio y que yo era principiante en estas lides, le dije que sí pero que lo teníamos un tanto complicado porque mi tercer apellido es Pérez. Entonces me preguntó por el cuarto, Marcotegui, y me instó a firmar Ángel García-Sanz Marcotegui. Así vengo haciéndolo desde entonces, aunque sin evitar del todo las confusiones, máxime teniendo en cuenta que hay otro Ángel García Sanz, un veterinario gallego que destaca por sus investigaciones sobre ganadería.  
 Ángel García-Sanz Marcotegui 
Universidad Pública de Navarra

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