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domingo, 23 de octubre de 2016

Covite en Alsasua: Ni miedo ni susurros

Cuatro valientes dijeron en Alsasua: "¡Hasta aquí!". Gracias, Covite
Los susurros del miedo
Las graves agresiones de Alsasua son un acto cobarde de matonismo pandillero, con tintes políticos, que no puede quedar impune. Hay que confiar en que la justicia actúe con diligencia y celeridad para castigar este tipo de acciones que recuerdan a linchamientos pretéritos por su carácter grupal y de manada. No puede haber ninguna duda al respecto. 
Estos tristes y execrables hechos sirven para poner sobre la mesa el debate sobre la violencia invisible que afecta a algunos pueblos del norte de Navarra y a ciertos barrios de la propia ciudad de Pamplona. 
Hay que pensar en esa hucha impuesta que el agobiado tendero colabora a llenar con un puñado de euros ante la atenta y desafiante mirada del hijo de su vecina, mientras mira de soslayo los cristales de su pequeño negocio y sopesa el coste de las lunas en caso de rotura accidental… Otra escena cotidiana se dibuja en esa conversación a hurtadillas, en la mesa del bar o en la esquina de la plaza, que representa, en realidad, un intercambio de murmullos robados sobre temas políticos y de la vida del pueblo. Es el susurro del miedo, ya que no se sabe nunca si alguien puede escuchar la conversación y trasladarla a oídos poco amistosos y controladores.


Por otro lado, el espejo de las redes sociales en Navarra nos devuelve una imagen muy poco constructiva de la sociedad: los insultos y las descalificaciones que se ven en los muros de ciertas cuentas de facebook y twitter; la exaltación en el ágora virtual de internet de los antiguos terroristas etarras y sus sangrientas biografías. Son la versión 4.0 de las clásicas pintadas y de los agresivos carteles que decoran algunas paredes de casas particulares, frontones o plazas en Navarra y que se ignoran con un oportuno giro de cabeza o una apresurada desviación de la mirada. 
La justicia y las instituciones navarras tienen el deber de identificar, denunciar, castigar y erradicar esta violencia invisible, ya que supone un atentado contra la integridad y la dignidad de las personas, valores ambos que están por encima de cualquier ideología. Sólo unos pocos pretenden imponer su pensamiento único con el miedo y la coacción, pero no pueden imponerse a esa mayoría silenciosa de ciudadanos pacíficos que sabe convivir y respetar las normas elementales de respeto entre personas, como sucede en cualquier rincón de España. 
Es vital que el ciudadano reaccione y empiece a romper con la cadena del miedo en Navarra. Está en juego nuestro derecho más elemental: la libertad.
ELENA SOLA ZUFÍA, miembro de Sociedad Civil Navarra.



Para muestra, Covite
Ni que se hubieran desayunado con las palabras de Elena: "Es vital que el ciudadano reaccione y empiece a romper con la cadena del miedo en Navarra".
"Perros" (¡qué les habrá hecho el mejor amigo del ser humano!) "asquerosos", "escoria", "iros (sic) a España"... fueron algunos de los piropos que recibieron Consuelo Ordóñez, Íñigo Pascual, Fernando Altuna (15.03.17: DEP) y Conchi Rodríguez. Nada, comparado con aquel "¡Devuélvenos la bala!" que le solían gritar a Consuelo Ordóñez. "Zuek, faxistak, zarete terroristak"... 
Los fanáticos acostumbran a dejar la mente en consigna.
La ekintza (acción, en este caso, ejemplarizante) ocurrió poco después de las 13.00 horas en la Plaza de los Fueros de Alsasua, centro neurálgico de la localidad, cuando, justo antes del inicio de la manifestación convocada por Sortu y diferentes colectivos afines a la 'izquierda (jajaja) patriotica', aparecieron cuatro -otra vez cuatro- ciudadanos sin miedo, integrantes de Covite, la asociación de víctimas del terrorismo del País Vasco, portando carteles en los que se podía leer mensajes como 'No nos dais miedo', 'Aquí sólo sobran los violentos', 'Odio fuera', 'Guardia Civil, seguid aquí', en euskera y en la lengua de Cervantes, para que lo entendieran todos.
Esta vez había allí cámaras, estaba la prensa. Ya no podían decir que iban borrachos, empujando y amenazando.
Y, aunque ganas no les faltaban, tuvieron que contenerse para no lincharlos. (¡que curioso que, ahora sí, haya vídeos de este "incidente" en la Red!). Son malos, pero -al menos los que mandan- no son tontos. 
Muchas gracias, Covite, por vuestra acción. Estoy convencido de que una mayoría de alsasuarras os ha aplaudido hasta con las orejas.
Pero hace falta que se les oiga, sin los susurros del miedo.

Toda la información en DN.
Las fotografías del vídeo son de Pablo Lasaosa (¡buen trabajo, Pablo!)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Impresionante testimonio de principios y de valor. Con cámaras y sin impunidad son unos cobardes, y se vio meridianamente en Alsasua el sábado.
Ya no poco tenemos que perder como ciudadanos, cuando ya no nos matan, pero nos han secuestrado la libertad -que sigue así- y nos tratan de robar la memoria.
El triunfo del mal es el silencio del bien.
Rompamos entre todos las cadenas.
Pablo