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miércoles, 8 de abril de 2015

Iriberri, jardinero de papel


Como ya he dicho alguna otra vez, Iriberri escribe que da gusto. Y cuando escribe de los temas que conoce a fondo porque le gustan, leerle se convierte en unos de los mayores placeres. Leer a José Miguel ha sido hoy para mí una auténtica delicia. Yo que, a pesar de ser bastante capullo, no he sido nunca muy inclinado al reino vegetal, hasta me estoy aficionando por culpa del "plumilla".
Con Iriberri explota en Pamplona la primavera, aunque sea una primavera de papel. 
Leed (y pinchad en los enlaces), y, siquiera por una vez, a ver si me dais la razón:

Flores de abril
Que un brote de hierba o una hoja seca, sin mas, contienen toda la maravilla de la naturaleza, es una verdad como un templo, repetida en todos los cuadernos de campo. Uno también repite, a ver si no, que una margarita de los fosos vale por la floristería entera, y además chirría la comparación. Pero miren estos tulipanes que aplauden en la Taconera la música de Hilarión Eslava. O los pensamientos de la Media Luna, que esperan a ver si se arranca don Pablo con el violín. Mírenlos bien, y no se sientan culpables si les entran dudas sobre la poesía de las hojas secas y el esplendor sutil de la hierba.
El ayuntamiento anuncia que colocará más de 37.000 flores de cien variedades distintas en jardines, plazas y rotondas de la ciudad. Allá vamos. No hay que hacer cola, ni pasar por taquilla. El espectáculo sale gratis. Hay tiempo. La función se repite ininterrumpidamente hasta el otoño, mañana, tarde y noche. La primera fila está asegurada para todos los espectadores. Por el escenario van pasando distintas actuaciones, sabiamente ordenadas en la programación. Jacintos,tulipanes, narcisos, pensamientos, geranios, clavelinas, anémonas, prímulas, rosas... Los jardineros combinan los tonos y pintan con las flores cuadros enmarcados en boj. El museo al aire libre abrió hace días sus puertas. Ya podemos ver las primeras representaciones. Uno recuerda por estas fechas el consejo del poeta: en esta vida se pueden perder muchas cosas y muchas veces, pero nunca una primavera.

Flores de jardines, que se dejan ver y oler, y nos dejan con las ganas de mandar el civismo a hacer puñetas para tocar, sólo tocar, sus pétalos. Flores de rotondas, medianas y plazas circulares, que desafían el veneno de los tubos de escape y pregonan su silencio natural entre el ruido metálico de los motores. ¡Cuánta belleza a distancia! El ayuntamiento debería organizar visitas guiadas a las rotondas en flor, estos días de fiesta escolar. ¿Han visto los narcisos de la avenida de Aróstegui, en Echavacoiz, al otro lado del paso sobre las vías del tren? Pues lo siento en el alma, pero me temo que ya es tarde. Este plumilla, jardinero de papel, promete avisar con tiempo para ir a ver la rotonda rochapeana, próxima a la antigua fábrica de sedas, que es la rosaleda más grande de la ciudad. 

Plaza Consistorial
José Miguel Iriberri
¡Gracias, Iriberri!

Ver algunas imágenes de La Taconera de hoy mismo

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