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lunes, 5 de septiembre de 2011

Juanjo Cobo, "El AVE Fénix"


No siempre la felicidad se expresa con una sonrisa
Ayer domingo vivimos en la Vuelta ciclista a España una jornada épica, de esas que, como en la época de Miguel Induráin, no te dejan echar esa deliciosa cabezadita que tanto nos gusta. La etapa terminaba en el Alto del Angliru, que tiene desniveles de alrededor del 23% (de 10 metros que recorres, subes 2'3 m.). Un corredor, hasta ahora escondido, pero al acecho para dar un hachazo en la etapa y en la clasificación general, puso patas arriba la Vuelta: Juanjo Cobo, cántabro, 30 años. Con un historial que miraba más al pasado que al futuro, con unas últimas nefastas y deprimentes temporadas que le empujaron casi a colgar la bici, hubo un hombre que le animó a seguir: Joxean Fernández 'Matxin'
Hoy es jornada de descanso para saborear lo conseguido. Queda una semana en la que puede pasar de todo. Pero, ocurra lo que ocurra, nadie podrá borrar de nuestra retina la imagen de un hombre que ha sabido resurgir de sus cenizas: Juanjo Cobo, "El AVE Fénix".
[Actualización 18.09.11: Como todos sabéis de sobra, Juanjo Cobo ganó la vuelta. Pero lo mejor es que venció a la depresión. Y aún mejor: ayudó a alguien a superar su problema.]
En este vídeo he intentado recoger lo mejor de la etapa y lo más humano de su vida ciclista:



Leed lo que dice El País:
Juanjo Cobo
Juan José Cobo, el líder de la Vuelta, era hace unos meses un ciclista en plena depresión. Agotado tras dos años malos, sin golpe de pedal, sin ambición, se metió en sí mismo y no veía la luz. Tanto se agobió que pensó en colgar la bicicleta. "Fue un año muy difícil porque estaba inmerso en una depresión y, ciertamente, pensé en dejar la bici, pero el equipo me apoyó. Me dijo que siguiera, que disfrutase... Ahora tengo que darle las gracias", afirmó en la meta de El Angliru.Hoy, aquel ciclista deprimido es el líder de la carrera y ha comprado muchas papeletas para adjudicarse una Vuelta que parecía reservada para otros. "No conocía el puerto. Intenté venir para estudiar el trazado, pero no encontré el día. Me preocupaban los desarrollos que debía utilizar", reconoció. Pero del desconocimiento surgió la alegría.En el ciclismo, la cabeza y las piernas no siempre funcionan al unísono. "Había pensado atacar más cerca de la meta, pero sentía bien las piernas y en la parte más dura decidí tirar para adelante", confesó. Por el pinganillo le iban dando referencias: "Me decían que calculase el esfuerzo. El objetivo era no desfallecer". Y así alcanzó la meta haciendo honor a su apodo: "Hice el gesto de los cuernos del bisonte porque es lo primero que se me ocurrió". La depresión quedó atrás. Ahora sabe que puede ganar la Vuelta, algo que quizás nunca soñó, pero que ayer adivinó entre la niebla de El Angliru.
Y este otro buenísimo artículo:
Joxean Fernández, 'Matxin'
Era Cobo. Juanjo. El Bisonte de la Pesa. El treintañero de Cabezón de la Sal que hace poco se planteaba colgar la bicicleta en la pared del garaje. El que brilló en 2008, y estaba missing desde entonces. El tapado. El que parecía que solo iba y venía por el grupo de los elegidos, suponiendo que se conformaba con el top ten. Era Cobo el elegido de El Angliru el que iba a dinamitar la carrera al viejo estilo, atacando a siete kilómetros de meta cuando la mítica montaña asturiana eleva su espinazo y propone sus rampas más duras. Era Cobo después de que todos, o muchos, lo intentaran. De lejos, tres gregarios, Champion, Geschke y Talansky. Para nada. Después, Bruseghin, Moncoutié, Sastre y Daniel Martin. Para nada. Después Sastre, Barredo, Antón, de uno en uno en uno, a pecho descubierto, como el asturiano del Rabobanck, maillot abierto en canal. También Intxausti. Para nada.El Angliru devora con una facilidad pasmosa a sus colonizadores. Era Cobo. El día de Cobo, para resolver la partida de mus que había propuesto su director Matxín en La Farrapona, el sábado, frenando a De la Fuente y apostando por la general de Cobo que también le enseñó el dorsal a Wiggins, como primer aviso. Ciertamente, Cobo tenía jugada en las manos. Ni él ni Matxín iban de farol y El Angliru era el tapete ideal para ponerlas boca arriba. "Hor dago", en euskera, significa "Ahí está", en castellano. Y ahí estaba Cobo, el cántabro de Cabezón de la Sal, empeñado en coger el último tren, el más largo, el más duro, el que te curva por El Angliru, donde la carretera agarra y las cuestas cuestan más de lo normal. Las moscas fueron cayendo como si las derritiera el calor que no hacía.En el Alto del Cordal -allí donde se cayó Igor Antón, cuando ganó Contador en 2008- se avistaron las primeras flaquezas. Primero, Kessiakoff, que a pesar del apellido, es sueco, reculó y se quedó, Ya no se le volvió a ver. Ni siquiera figura entre los 60 primeros de la general. Asturias lo borró del mapa. Lo fundió. Después, flaqueó Nibali, a pesar del magnífico trabajo de Sagan que le enfiló la subida de El Angliru por si al tiburón le daba por sentirse bien y encaminar un ataque final. Al final cedió dos minutos en un acto de autoestima. A Mollema, el escalador holandés, también le temblaron las piernas antes de tiempo. Y Purito Rodríguez, que se quedó clavado poco después de que Cobo lanzara su puñal a siete kilómetros de la meta, llegó a minuto y medio.Aquello ya era una cosa de dos. El Bisonte sin mirar atrás, mucho tiempo sentado en el sillín, emitiendo señales de seguridad, de confianza en sí mismo y por detrás un pequeño grupo encabezado por Wiggins, Froome (su leal escudero), Poels y el renacido Denis Menchov.Era un mano a mano desigual, mientras el pelotón se deshilachaba por las curvas de El Angliru bajo la pancarta imaginaria de Sálvese quien pueda. El trabajo de Froome era espectacular, demoledor, tirando de un Wiggins que cada centímetro de la carretera se le antojaba un mundo. La impresión que transmitían era que el fuerte llevaba al débil, que si el Sky quería buscar el éxito final quizás debería cambiar de gallo y apostar por el keniano-británico, en vez de por el inglés. Al final tuvo que hacerlo, y Froome dejó a un extenuado Wiggins, sin un aliento más, sin saliva, y marcharse para reducir la diferencia que Cobo, constante y cabezón, les iba metiendo, poco a poco, sin cambiar de marcha, como si llevara un "router" en el manillar.Era Cobo y es el nuevo líder de la carrera. El noveno desde que el pelotón salió de Benidorm, pero en un momento determinante, cuando apenas queda la etapa que acaba en Peña Cabarga, el miércoles, y en la de Bilbao con pequeñas emboscadas. No son etapas que debieran decidir una Vuelta, pero la distancia es tan corta que cualquier despiste o cualquier bonificación voltean la clasificación el día menos pensado. Cobo, el solomillo de Matxín en el Geox, aventaja en 20 segundos a Froome y en 46 a Wiggins, los dos guerrilleros del Sky. El cuarto, Mollema, está ya a 1m 35s, una diferencia que en esta Vuelta parece sideral.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

todo un ejemplo para los que creen que ya han acabado una etapa en su vida. Juanjo nos ha demostrado que cuando uno piensa en colgar la bici en el trastero, aún se puede pensar en ganar una gran vuelta. La vuelta más emocionante que hemos vivido en los últimos años.
Y mis respeto y admiración a quienes le han hecho más grande: Wigins y Froomme (o como demonios se escriban)
Manuel Molina

Dolores Alonso dijo...

Acabo de ver el reportaje del fin de la vuelta a España y me he alegrado por Juanjo Cobo, del que no sabía su historia pero del que me he guardado la foto que encabeza tu post para animarme a seguir pedaleando.

desolvidar dijo...

Pues muchas gracias, Dolores. Y lo que dices: a seguir pedaleando cada uno en su bici

Anónimo dijo...

He llorado leyendo esto, yo también superé una depresión, y salí de ella por que creo en la vida, todos tenemos una bici al lado, es cuestión de verla y subirse a ella.

GRACIAS.

desolvidar dijo...

Lo mejor que he leído desde hacía tiempo: "todos tenemos una bici al lado...". El otro día alguien me preguntó: ¿Qué tal?. Y le dije: "Aquí, luchando". "No es lo de menos", me respondió. GRACIAS GRACIAS GRACIAS