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viernes, 25 de diciembre de 2009

Sor Cecilia: mi primera maestra

Sor Cecilia enseñando la letra "d"
Hoy os voy a contar un cuento. Y, como en todos los cuentos, aparece un niño. En este caso es un niño de 4 años, que a duras penas llevaba el pan desde la tienda del señor Bartolomé hasta casa. Aparece un hada, un hada muy buena. Y hasta aparece algún que otro lobo feroz.
Pero este cuento no es de mentirijillas. Es real. O, por lo menos, es sincero: así lo recuerdo.
Es un trocito, un trocito muy querido de mi infancia

En septiembre del año 53, con 3 añicos (cerca ya de los 4) me llevaron a La Casita. No era mucha, apenas 30 metros, la distancia de mi casa, el 18 de Dormitalería, al colegio. Era el primer día de escuela y Sor Cecilia nos recibió (¡cómo nos vería de asustados!) con un bote de caramelos. En aquella época -con fama de letra y sangre-, una auténtica sorpresa.
La Casita fue el nombre con el que los vecinos bautizaron al Asilo de la Sagrada Familia, como llamaban las Hijas de la Caridad al edificio de la calle Dormitalería. Estas monjas se dedicaron desde 1887 a 1970 a la gestión de un "Colegio de párvulos". Desde el 47 hasta el 69 el aula de los más pequeños ("los cagonicos del Asilo", así se nos llamaba) fue atendida por Sor Cecilia.
Nos sentábamos en una especie de gradas que tenían dos ventajas: la de poder seguir mejor las explicaciones y la de poder echar una cabezadita girándonos 180 grados y apoyando la cabecita en la grada superior. No creo que hoy en día le permitieran a Sor Cecilia tan peligrosa instalación.
Para enseñarnos las primeras letras bajaba con un sistema de cuerdas unos carteles que tenían unas ventanitas por las que se podían ver, al girar un disco, las diferentes letras en mayúscula, minúscula, a mano... Y todas las letras tenían su dibujo correspondiente. Y, además, su canción. Vamos, una auténtica representación teatral en la que los niños éramos los principales protagonistas:

¡A, A, A! aeroplano de papá / el niño se montará / en la cola, cola: ¡Aaaa! Y colocábamos las manos abiertas en forma de embudo alrededor de la boca.
¡E, E, E! La niña quiere café / y la madre le dará / para que no llore: ¡Eeee! Con la mano abierta levantada.
¡I, I, I! A la India quiero ir / por ver lo que pasa allí / por eso yo quiero ir: ¡Iiii! Con el índice levantado.
¡O, O, O! La niña tiene un "reló"/ para ver la hora que es / la niña tiene un "reló": ¡Oooo! Haciendo la "O" con el índice y el pulgar.
¡U, U, U! Oh, qué lista eres tú / con el modo de asustar / haces aprender la: ¡Uuuu! Era la que más me gustaba: a modo de cuernos colocábamos los dedos índices en las sienes.


Lo mismo ocurría con los números:

¡Un dedo, el uno!
¡Dos ojos, el dos!
¡El tres, cojito es!
¡El cuatro, cara de gato!...


Y cada uno de ellos tenía su mímica. Algunas veces lógica, como las gafas para el "ocho" o "¡el nueve, el bastón del abuelo!".
Me imagino a la gente que pasaba por Dormitalería o entraba a la Catedral escuchando con una sonrisa nostálgica toda aquella algarabía.
"El tres, cojito es". Nunca he sabido por qué era cojo el tres. La que sí tenía una ligera cojera era Sor Cecilia. Era una secuela de nacimiento. Sor Cecilia (Cecilia Taboada Laborra) vino al mundo un 22 de noviembre (Sta. Cecilia) de 1902, en Sangüesa (Navarra). Y venía acompañada por su hermana gemela Javiera. Cecilia nació la primera. No se movía ni lloraba. Así que, dándola por muerta, la dejaron en el frío suelo sin ningún abrigo y siguieron ayudando a la madre para el 2º parto. Cuando esté terminó felizmente, alguien se dio cuenta de que la criatura, que estaba en el suelo, respiraba. Aunque la atendieron enseguida, le quedó como secuela esa ligera cojera.

Y así todos los días, con la carterica a la espalda, íbamos contentos a la escuela. Como el Niño Jesús, según nos enseñó a cantar Sor Cecilia:


El Niño Jesús iba a la escuela. / ¡Qué contento va con la cruz a cuestas! / Se sabía la lección y le dieron un bombón / y una manzanita para su boquita / y un ramo de flores para su corazón. / ¡Que por ti, que por mí, / que por mí murió en la cruz!

En aquella época no teníamos motivos para relacionar nuestras carteras del cole con la cruz y el sufrimiento. Años después sí. Tuve un maestro que hasta se llamaba Don Cruz y otro que, cuando se iba de clase, le dejaba el palo al más bestia de la clase para que nos vigilara, mientras él se iba tranquilamente a... También, ya sin la cartera del cole, cuando íbamos al Redín a ver a los cordeleros y a jugar, había un guardia o vigilante [el Señor Justo (búscalo en el enlace)] que injustamente nos tiraba las casitas que hacíamos con las enormes piedras con las que se iba construyendo el muro de protección de la parte Este de las murallas. O cuando corríamos y gritábamos por el atrio de la Catedral, o era la hora del cierre y salía el portero: "¡Que cierrooo, que cierrooo..!", blandiendo un manojo de enormes llaves... Que le pregunten a mi amigo Francisco por la marca que tenía en la cabeza, consecuencia de un lanzamiento certero. Pero mejor no sigo.


La Casita era un oasis. Un lugar adonde yo iba sin preocupación. Al revés, con ilusión. Todo lo que hacíamos, se hacía cantando. Por ejemplo, para ir al patio:
"¡Al retrete y al recreo, con pan y fideo!"
O, cuando no llovía, para pedir agua:
"Agua Virgen pura, / agua Virgen bella. / Agua Virgen santa, / agua, agua, agua. / Nosotros, los pequeñitos, / ya no queremos jugar, /porque los trigos se secan / y las chicas y chicos pedimos pan".
Y, cuando algo resultaba difícil de explicar o, mejor, de entender por nuestras mentes infantiles, Sor Cecilia siempre tenía un recurso:
"¡Esto es así porque lo manda el Señor Alcalde!"
Y a nosotros ya no nos cabía ninguna duda.
A media mañana y a media tarde teníamos nuestro vasito de leche, lo mandara o no el Señor Alcalde.
Llamaba tanto la atención todo lo que hacíamos en La Casita que, cuando llegábamos a casa, padres y hermanos nos preguntaban qué habíamos aprendido aquel día. Y tanto mi hermano pequeño, como yo, a recitar. Hoy es el día que todavía recuerdan aquello que yo cantaba aprendido en La Casita:


Esto era un niño llamado Melitón, / mas feo que Picio, / más tonto que un lorón. / Apenas sabía contar y leer / de suerte que nunca quería aprender. / Un día un bromazo quiso darle Satán. / Adentro colose vestido de gabán. / De buenas maneras dijole a Melitón / que aprisa y corriendo leyera la lección: / -coge niño la cartilla y enseguida, sin parar. / Mas, al punto que toca sus vestidos, / en la mano sintió una quemazón. / Vio la cola y los cuernos escondidos / y así dijo al demonio Melitón: / -ya te estás de aquí tomando el tole! / A lo que el demonio respondiole: / -yo he venido aquí para enseñarte. / Anda Melitón no seas cazurro; / mira que, si no, te despachurro (despanzurro?). / -Anda con la música a otra parte. / Grita Melitón trota y patea / y entonces se formó una enorme batahola... (aquí mi hermano mayor me interrumpía y me preguntaba por lo de la "batahola". Ni idea). Y llegaba la moraleja:
Esto a los niños les pasará, / si no quieren estudiar: / en un cuarto los encerrarán / y allí llorarán.


O esta preciosa poesía que mi hermano duda si la aprendió de Sor Cecilia o, ya en las Escuelas de Compañía, de Dña. Enriqueta o Dña. Camino:



Esto era... / un pajarito / rubio, como tú. / Su jaula tenía / un lacito azul, / dos puertas, / tres palos, / agua y alimento / -un terrón de azúcar-, / y un columpio lento. / Pero el pajarito / no estaba contento. / ¡Él quería árboles!, / ¡él quería cuentos!, / ¡él quería ramas!... / Volar bajo lluvia, / ver a los fantasmas, / ir a las estrellas, / cantar a las ranas / y buscar amigos, / y un nido tener. / Dobló sus patitas, / rezó arrodillado, / pidió al cielo suerte. / Vino un huracán, / sopló viento fuerte / y le abrió la jaula / en un periquete. / El mover sus alas / no se le olvidó, / y aquel pajarito / feliz escapó.
Tan bien la recitaba mi hermano que fue llamado por el Tío Ramón para que la dijera en Radio Requeté y allá que se fue con el chaquetón nuevo, colocado con alfileres e imperdibles porque aún no estaba terminado.
No hace mucho me enteré de que tan deliciosa poesía era de Gloria Fuertes.

Yo tuve, pues, la inmensa suerte de encontrar en mi primer contacto con la escuela a una segunda madre, a alguien que desprendía alegría por los cuatro costados, que me hizo aprender con gusto, casi sin darme cuenta. Tuve la suerte de que mi primera maestra fuera una buena maestra.
Sor Cecilia, ¡gracias!
Un cagonico (que no canónigo) del 53


Fechas y datos en la vida de Sor Cecilia:
  • 22.11.1902. Nace Cecilia Taboada Laborra en Sangüesa, provincia de Navarra. Padre: Manuel Taboada Ruiz, labrador. Madre: Juana Laborra Goyeneche, vendedora en el Mercado. Fueron 10 hermanos.
  • Primeros estudios: Colegio de la Inmaculada, dirigido por las Hijas de San Vicente de Paul.
  • 1921. Voluntaria en el Hospital de Sangüesa.
  • 1922. Madrid, Seminario de las Hijas de la Caridad.
  • 1923. Mendigorría (Navarra), escuela de las Hijas de la Caridad.
  • Arróniz (Navarra). Cambiada de destino.
  • Hospital de Navarra.
  • Bétera (Valencia), Colegio de Nuestra Señora del Carmen.
  • Invierno de 1947. La Casita de Dormitalería, Pamplona. Hasta el 69.
  • 26.09.1970. Traslado de la comunidad de La Casita a la Casa de Beneficencia de Valencia.
  • Noviembre de 1983. Jubilada (¡con 81 años!) en la Residencia La Milagrosa de Zaragoza.
  • 12.05.1989. Muere en Zaragoza.
Muchos datos de esta entrada están sacados del capítulo dedicado a Sor Cecilia, escrito por José Félix Mendía Braco, parte que pertenece al libro "Mujeres que la historia no nombró", editado en 2002 por el Ayto. de Pamplona. Muchas gracias también a Yolanda, que me aportó los materiales necesarios.

Galería de fotos 
[Actualización 13.12.2014: he recibido el valiosísimo material de Anamary Olaverri que os invito a consultar]
Sor Pilar, superiora, en el centro. Sor Cecilia, a la izda. Sor Josefina (piano) a la dcha.

17 comentarios:

Anónimo dijo...

Esats navidades me ha dado por recordar mi infancia y preguntandole al google he encontrado tu blog. Yo tambien fui a sor cecilia algunos años mas tarde. Me has hecho revvir aquellos años. Gracias
San Miguel

Javier MIna dijo...

Me ha gustado mucho. No sé si a todo el mundo, pero a mí estas txorraditas me en cantan.
No fui a Sor Cecilia aunque vivía en el 28 de tu calle. Es posible que me negara por no pasar delante de "La Txiri", la perra de Alicia que montaba guardia frente al Arcedianato. Pero sí recuerdo que iba al cine y me suena que pagaba una ochena por permanecer en el primer banco con un mogollon de bebes en auténtico mogollón. Recuerdo que la primera película cuyo título pude retener, ante la insistencia de mis aitas a los que nunca podía decir qué había visto,fue "La señorita está loca".
Muchas gracias.

Anónimo dijo...

Hola, me ha encantado leer esto, yo nací en sangüesa, en 1966 y en 1973 nos fuimos de allá, tengo unos vanos recuerdos de mis años de parvulario, según me dicen los hice en "el colegio La Inmaculada", así que supongo que estuve allá en 1971-1972. Me encantaría poder saber de alguien con quien hubiera compartido aquellos años, y ya si hubiera fotos sería increíble. Gracias por estos recuerdos revividos y saludos.

desolvidar dijo...

Gracias, sangüesino del 66, por haberte gustado lo que aquí se cuenta.
Es un trozo de mi primera infancia y me imagino que a ti te gustaría revivir la tuya.
pues nada, ánimo. Desde que tenemos internet tenemos tb la posibilidad de contactar con aquellos compañeros de escuela...
Por cierto, dónde estás ahora?
Un abrazo,
patxi

Anónimo dijo...

Hola, realmente tenía que haber firmado como "anónima" en lugar de anónimo. Como decía en mi comentarío en el 73 nos vinimos (bueno más bien me trajeron) para la capital y aunque fíjate que internet nos abre todo un mundo, no he conseguido encontrar mucho del colegio La Inmaculada .... fue así buscando como encontré tu blog, luego sé que cambió de nombre, pero de aquellos años no he conseguido gran cosa. Saludos.

desolvidar dijo...

Hola anónima. Tengo alguna dirección de úna persona de Sangüesa que quizás sepa algo. Déjame tu correo escribiéndome al mío por si me entero:
fmendibu@pnte.cfnavarra.es

Anónimo dijo...

Hola a todos. Soy sobrina nieta de Sor Cecilia y me ha encantado leer tu bonita infancia en la casita aprendiendo con mi tía abuela. He oído muchas veces en casa su historia y las técnicas para enseñar a tan numeroso grupo de niño. El montón de ideas que tenía y como un tío que era muy manitas le preparaba los artilugios de las ventanitas.
Para el Sangüesino que no encuentra nada del colegio de la Inmaculada, decirle que yo nací en 1971 y mi hermano mayor en el 66, de tal forma coincidieron en clase y creo que proximamente va haber una exposición en la casa de cultura con el aniversario del colegio que ya no se llama así sino que ahora es Sierra de Leyre.
Un abrazo.
Maite Ibáñez

desolvidar dijo...

Pues muchas gracias, Maite, por acercarte por Desolvidar. Para mí es un gran placer agradecer en su sobrina nieta esos dos años que pasé con Sor Cecilia. No sabes hasta qué punto me dejó huella aquella mujer. Siempre he llevado con orgullo mi primer título: "Cagonico del Asilo". Gracias tb por la información que nos das acerca de los artilugios que preparaba. En cuanto al "Sangüesino (al final, sangüesina) que no encuentra nada del colegio de la Inmaculada", yo me encargo de mandarle la información que nos das. Ló único, si me pudieras dar tu correo electrónico, sería más fácil para que se pusiera en contacto.
Gracias, Maite,
Patxi

Anónimo dijo...

Hola de nuevo, os comunico que con motivo del 25 aniversario del IES Sierra de Leyre, va comenzar el próximo día 31 hasta el 9 de abril una exposición de la historia del instituto desde sus comienzos como colegio de niñas hasta nuestros días. Se hará en la casa de cultura con horario de martes a sábado de 19 a 21 hs y festivos de 12 a 14 hs.
Mi correo es mibanezsan@yahoo.es, para cualquier cosa,
un abrazo, Maite.

Mercedes Valbuena dijo...

Hola a todos, que alegria me ha dado leer "desolvidar" pues me ha hecho volver a recordar mi niñez y convencerme que no fué un sueño aquel olocito tan bueno que habia cuando nos daban el vaso de leche o aquella grada donde nos sentabamos para aprender las letras. Yo naci en 1958 y pasé por dicho colegio en 1961. Que pena no haberme enterado antes de la exposición del 25 aniversario, me hubiese encantado acercarme por ver su historia.
Si hubiese alguien de aquella época o me pudiese mandar más información, este es mi correo mvh222@hotmail.com
Gracias

desolvidar dijo...

Hola, Mercedes. Gracias a ti por entrar en Desolvidar y sobre todo por haber recordado aquellos años en la Casita y contárnoslo. Ya me perdonarás el retraso en contestarte, pero es que estos sanfermines son bastante olvidadizos.
Yo ya sabes en qué años estuve por allí. Lo cuento en la entrada.
Un placer saludarle

Anónimo dijo...

me alegra que te haya servido lo que te facilité de sor Cecilia y que te haya quedado algo tan entrañable y bonito. Un saludo. Yolanda Salinas

desolvidar dijo...

Que si me sirvió? Fue fundamental el material que me diste. Yo creo que era el único documento consistente sobre sor Cecilia.
Un abrazo muy grande dsd la playa de Vega de Ribadesella, mirando al mar.
Patxi

Anónimo dijo...

Hola a todos, he caído en este blg, buscando mas información sobre una Tía Sor Josefa Laborra Geyeneche, que fue tía de Sor Cecilia Taboada Laborra, lo que escribes aquí me gusto mucho y me refresco lo poco que recuerdo de la Tía Cecila, yo también como Maite soy sobrina nieta de Sor Cecilia Taboada Laborra y prima de Maite, gracias por estos recuerdos tan especiales, yo no crecí en Sangûesa pero pase algunas vacaciones y adoro el pueblo, mi padre hermano de la madre de Maite emigro a las Américas, por lo cual yo nací en Venezuela. Un Abrazo

Lilia San Miguel

Patxi Mendiburu dijo...

Me alegro, Lilia, que hayas recalado en este puerto, rincón de la nostalgia, en el que seguro que encontrarás alguna taberna en la que tomarte algún vino cosecha "Años de mi infancia". Sé bienvenida a Desolvidar

Marta Lizoain Jusue dijo...

Hola Patxi:Me he llevado una gran sorpresa al leer tu blog sobre La Casita y Sor Cecilia,soy nacida en la Calle del Carmen Nº 22 y también hice parvulitos con Sor Cecilia.De ahí pasé a la escuela Martín de Azpilcueta,de ambos tengo un grato recuerdo.Una cosa que recuerdo con especial cariño es cómo nos enseñaba Sor Cecilia las tablas de multiplicar cantando al son de una castañuela ovalada,un tanto rara pero que sonaba igual que las que conocemos.Recuerdo tambien a Sor Josefa Sor Josefina, (en la foto) Sor Carmen y la monjita que ponía las inyecciones en la porteria.De la escuela,Don Desiderio,las dos porteras,Dolores Lizoain y la de chicas Lola. Angelita Burguete Fermina Burges Clara Villanueva...maestras.Gracias Patxi por hacerme recordar aquellos "Maravillosos Años" Un abrazo:Marta Lizoain.

Patxi Mendiburu dijo...

Gracias, Marta Lizoain por tu bonito y sentido comentario. Se lo voy a pasar a mis hermanas que, por lo que cuentas, conocen mejor que yo a esas personas. Un abrazo