domingo, 23 de abril de 2017

Joaquín Pascal: Ley del Vascuence (2)


¡Qué jeta tienen y cómo les ha valido! Tú mismo decías, Joaquín, que hemos pecado de ingenuos. 
Por desgracia, debo también añadir que si hoy vivieras tendrías que tragarte tu última frase de este artículo.

Sobre la ley del vascuence (2)
Joaquín Pascal Lozano
Vamos a ver en qué consiste la «Ley para la normalización del euskara en Navarra» que presenta el colectivo Oinarriak, documento que tiene como principios rectores las afirmaciones mías del último párrafo de ayer, por mucho que parecieran hiperbólicas a más de uno.

Un proyecto injusto y discriminatorio
A) Principios generales (Oinarriak):
1.  El euskara es lengua oficial en todo Navarra.
2. Todas las lenguas tienen los mismos derechos y no hay que hacer distinciones. Navarra es un territorio bilingüe... 
Comentario (Joaquín Pascal): las lenguas no tienen derechos, de la misma manera que no tienen deberes. Los hablantes de las lenguas son los que tienen derechos. Navarra no es territorio bilingüe. Hay una parte de Navarra en la que es el vascuence el vehículo normal de comunicación lingüística (incluida en la zona vascófona señalada en la ley) y otra, mayor, en la que el vehículo de comunicación es el castellano. Todos los navarros hablamos el castellano. Alrededor de un 15% (hoy, 2017, nadie afirma tanto) domina el euskera, siendo menor la proporción de los que lo utilizan como vehículo de comunicación habitual.
De aceptar esos dos principios, que rigen la propuesta de modificación de la ley, promovida por Oinarriak, más del 85% de los navarros, todos aquellos que no dominan el vascuence, quedan automáticamente discriminados negativamente ¿Qué pintarían, dónde podrían trabajar, al ser ciudadanos de un territorio «bilingüe» y no dominar un idioma «oficial»? Según la ley, serían «normales» el 15% de los ciudadanos y el resto serían, seríamos «raros», «anormales». ¿Tendríamos derecho al voto, por cierto, en ese censo que «los chicos alegres y combativos» quieren confeccionar? Sin afán de exhaustividad, señalo y comento algunos de los puntos (siguiendo su numeración) que proponen para que todos podamos hacernos con más elementos de juicio.
B) En la Enseñanza (Oinarriak)
1-1 (0-3 años). Los niños y niñas serán atendidos en la lengua que elijan sus padres o tutores. En el caso de los que elijan el castellano, se garantizará el contacto con el euskara.
2-2 (3-18 años). Infantil, primaria, ESO y bachiller). Se impartirá necesariamente la enseñanza de la lengua oficial que los padres o, en su caso, el propio alumno haya elegido para realizar sus estudios
2-1 «...el número de alumnos, la falta de profesorado o de recursos no serán impedimento a la hora de cumplir con el derecho (sic) de poder realizar los estudios en euskara.»
Comentario (Joaquín Pascal): ¿qué medios habrá que poner para que a los niños menores de 3 años de Ribaforada, que se escolaricen en castellano, se les garantice el contacto con el euskara?
En virtud del principio 2-2, el estudiar vascuence pasa de ser un derecho a ser un deber, a ser una obligación para todos los escolares navarros. 
Los redactores tienen tan claro lo que quieren que en el punto 2-1 cometen un «lapsus linguae». Hablan de «cumplir con el derecho». Los derechos no se cumplen, los derechos se disfrutan. Los que se cumplen son los deberes y, efectivamente, tendría sentido decir «a la hora de cumplir con el deber...» 
La otra «perla» es la de que ni la falta de recursos podrá ser impedimento para que los navarros cumplamos con este «deber». Vamos, que ya está solucionado el posible problema de Ribaforada apuntado arriba. A partir de la aprobación de este proyecto de ley, los recursos destinados al «euskara», hasta que todos lo sepamos, deben tener prioridad sobre las inversiones, sobre los de Sanidad, sobre los de Bienestar Social, sobre cualquier gasto que imaginar podamos ya que, como muy claro lo dicen los miembros de Oinarriak (y los firmantes que les apoyan), nunca la falta de recursos podrá ser impedimento para conseguir lo que solicitan.
Dejo al margen la universidad porque es merecedor el documento de comentario aparte, pero ya puede imaginar el lector por dónde va el asunto.
C) Medios de comunicación (Oinarriak):
7-4) Se adoptarán medidas para dar prioridad a las producciones en euskara.
7-8) La Administración garantizará a los medios de comunicación locales que desarrollen su tarea exclusivamente en euskara las medidas y los medios necesarios para que realicen su labor con calidad y normalidad.
Comentario (Joaquín Pascal): clarísimo. Lo que se produzca en castellano, a la cola, pues la ley dirá que tiene prioridad lo que sea en euskara. Por otra parte, los periódicos y las emisoras ya saben lo que tienen que hacer: realizar toda su producción en vascuence, exclusivamente en vascuence, y así los poderes públicos les garantizarán los medios necesarios para poder realizar su labor.
D) Cultura y deporte (Oinarriak):
9-2) El Gobierno de Navarra utilizará, promoverá e impulsará todas las expresiones culturales en euskara. 
Sin comentarios (Joaquín Pascal).

Cambiar la ley
Se hace necesario terminar con tanta sinrazón. Es necesario modificar unas normas que hacen prácticamente imposible que un navarro que no domina el vascuence pueda, en la práctica, acceder a un puesto en la Administración Pública de Navarra. Es necesario decir bien alto que el 85% de los navarros, navarros que no dominamos el vascuence, somos navarros a los que no nos falta ningún requisito suplementario que cumplir para serlo íntegramente. Y si -para que esto sea así- es necesario cambiar la ley, que ésta se cambie. 
Pero, como decía ayer al comienzo de estos dos artículos, en sentido contrario al pretendido por esos colectivos que tanto ruido meten y que a tan pocos navarros engañan a la hora de ir a las urnas.

sábado, 22 de abril de 2017

Joaquín Pascal: Ley del Vascuence (1)


Para el debate sobre la Ley Foral del Vascuence me recomendaron los artículos que escribió Joaquín Pascal en marzo del 2000. Joaquín sabía de qué hablaba, ya que fue delegado del Ministerio de Educación entre 1982 y 1987. La denuncia de la voracidad del nacionalismo, sobre todo en el tema del euskera, siguen estando de rabiosa actualidad. Y más viniendo de un hombre bueno y culto, que se fue demasiado pronto.

Sobre la ley del vascuence (1)
Joaquín Pascal Lozano
Se ha recrudecido en estos últimos días la ofensiva de ciertos colectivos, «teledirigidos», aunque muchos de sus colaboradores se nieguen a ser conscientes de ello, para lograr la modificación de la Ley Foral del Vascuence, ley aprobada por el Parlamento Foral el día 02-12-86, en cumplimiento del Art. 9 de la Ley de Amejoramiento Foral que dice:
Art. 9.-2: El vascuence tendrá también carácter de lengua oficial en las zonas vascoparlantes de Navarra.
Una ley foral determinará dichas zonas, regulará el uso oficial del vascuence y, en el marco de la legislación general del Estado, ordenará la enseñanza de esta lengua.
En la ley del vascuence se establecen 3 zonas. La primera, la denominada vascófona, es aquella en la que el vascuence es lengua co-oficial con el castellano. Se establece una segunda zona, la denominada mixta, en la que no es oficial, pero en la cual la Administración adquiere un peligroso, por lo que luego veremos, compromiso de «fomento» de dicha lengua. (En el campo de la educación, campo importante, no puede olvidarse que, por ejemplo, en aquellos momentos no era posible legalmente cursar en Navarra los estudios de enseñanzas medias en vascuence. Si alguien quiere más datos puedo ofrecérselos gustoso, pues en aquel momento era el director provincial de Educación de Navarra). Finalmente, en la tercera, la denominada no vascófona, el vascuence no es oficial y la Administración no adquiere ningún tipo de compromiso. Es de notar sin embargo que la ayuda a los esfuerzos particulares ha sido importante. A quienes lo pongan en duda se les puede citar como dos botones de muestra los casos de las ikastolas Garcés de los Fayos de Tafalla y Argia de Tudela. Que estas tres zonas, con salvedades en algún valle pirenaico y en parte de Tierra Estella y Tafalla, se corresponden con las tradicionales de Montaña, Zona Media y Ribera es ya un lugar común.

Ingenuidad y discriminación positiva
Pues bien: es muy posible que hoy sea conveniente modificar dicha ley, pero debería modificarse en sentido opuesto al que plantean el colectivo Oinarriak y los que les apoyan. Naturalmente voy a tratar de demostrar este aserto.
Es necesario destacar en primer lugar la lealtad de los partidos políticos no nacionalistas, importante sobre todo en el caso de PSOE y de UPN, que son los que han gobernado, hacia el cumplimiento de dicha ley. Lealtad tanto más de destacar cuando han sido criticados por lo contrario desde el campo del nacionalismo, tanto moderado corno violento. Lealtad que somos muchos, cada día más, los que opinamos que puede ser criticada de desmedida y puede ser motejada de ingenuidad manifiesta. Vayan como demostración otros dos botones de muestra. La ley se aprobó en diciembre del 86 y en junio del 87 se celebraron elecciones. A comienzos de octubre se formó nuevo Gobierno. Fue el segundo del PSOE, que había sido el partido más votado (15 parlamentarios, por 14 de UPN, aunque los votos del centro-derecha superaban ampliamente la veintena, en la última ocasión en que UPN y PP acudieron por separado a las urnas). En esa Legislatura 87-91 se gobernó gracias al pacto PSOE-UPN a lo largo de los 4 años. Los dos partidos aprobaban los presupuestos. No era necesario ningún otro voto.
Pues bien, todo ello no fue óbice para que se creara la Dirección General de Política Lingüística, ni -lo que es más significativo- para que se nombrara director general de Política Lingüística a un militante cualificado de EA, cargo que ejerció a lo largo de toda la legislatura. Cuando posteriormente accede al Gobierno de Navarra UPN, en septiembre de 1991, sigue comportándose de la misma manera. El que lo dude, que estudie el decreto de julio del 93, siendo el consejero de Presidencia D. Miguel Sanz, actual presidente del Gobierno, y verá la exquisitez con la que es tratado el vascuence y la discriminación positiva de la que es objeto. Demasiada promoción a juicio de muchos. Y esto sin tener en cuenta que discriminación positiva hacia un colectivo cualquiera significa negativa para otro u otros. Debo decir antes de seguir adelante que a mí me parecieron positivas ambas actuaciones, por lo que toda la crítica que ahora yo pueda realizar, calificando éstas y otras muchas de monumento a la ingenuidad, tiene además un importante componente de autocrítica.

Discriminación y normálización
Es necesario señalar también, a la hora de analizar la situación, algo que constituye la piedra angular en el tratamiento que a esta cuestión da un nacionalista vasco de cualquiera de sus ramas. Si se pretende crear un Estado vasco independiente, es necesario crear la Nación vasca. (¡Cuánto no se está escribiendo en sus medios de comunicación acerca de «la construcción nacional»!). Pero, para crear la Nación, el único elemento aglutinante del que potencialmente pueden llegar a disponer en esta fase de la Historia es la lengua. En consecuencia, es necesario para ellos que, a lo largo y ancho de lo que ellos consideran País Vasco, no solo en Euskadi, palabra que la han arrumbado al baúl de los recuerdos, sino en toda Navarra y en la parte de Francia que llega hasta Bayona, todos, absolutamente todos, debemos ser vascoparlantes. Así quedaría demostrada la existencia de la Nación vasca en los límites territoriales que ellos defienden y, previo otro salto dialéctico (aceptar como axioma que toda nación tiene derecho a constituirse en Estado), alcanzar el Estado vasco desde Cortes hasta las Encartaciones, desde Bayona hasta Mendavia.
De lo ya escrito pueden ser extraídas diversas conclusiones, pero a los efectos que estoy tratando me quedo con ésta: para un nacionalista, el concepto «normalización del vascuence en Navarra» significa que todos los navarros seamos vascoparlantes. Mientras no se dé este hecho, la situación del vascuence no estará «normalizada». Y como consecuencia, mientras no se produzca ese hecho, que todos seamos vascoparlantes, la ley obligaría al Gobierno de turno (por aquello del «fomento») a destinar más y más recursos, a «discriminar positivamente» una y otra vez para conseguir la ansiada “normalización”.

viernes, 21 de abril de 2017

El Arcedianato, Paraíso perdido

Nicolás Ardanáz, 1959 ca. Imagen palindrómica. Al fondo, puerta de Dormitalería
Viví los diez primeros años en el nº 18 de Dormitalería. El Arcedianato era la prolongación del vestíbulo de casa y la entrada natural a la Catedral por el Claustro. Habré pasado por él cientos de veces. Me suelo decir: "que te quiten lo bailado", pero no hay manera. No me resigno. Cada vez que encuentro una foto nueva del Arcedianato, se abre la vieja herida y necesito hacer algo para desahogarme. Eso, tomaos esta entrada y, sobre todo, el vídeo como un desahogo.

Otoño en el Arcedianato
por Fco. Javier Zubiaur Carreño
Un día de otoño, hacia 1959, en el Patio del Arcedianato de la Catedral. 
La toma se ha realizado, más o menos, desde la boca del túnel de acceso al Claustro, mostrando la calle central de salida a Dormitalería, en cuyo umbral de la puerta charlan dos mujeres. 
Esta calle, que toma su nombre del canónigo “dormitalero”, encargado de hacer que se cerrasen, para el descanso nocturno, todas las puertas de acceso a las viviendas canonicales, se ve al fondo en contraluz.
Nicolás Ardanáz 1959, ca. y Salvador Beunza (años 60). Al fondo, puerta de Dormitalería
La fotografía muestra en toda su amplitud el jardín interior, a cuyos lados y frente quedaban las viviendas de los canónigos. El pasillo central, orlado por setos y catalpas alineadas a ambos lados, queda cubierto por una especie de bóveda arbórea que da al espacio una intimidad particular. Las hojas han amarilleado, algunas ya hay desparramadas por el suelo, anunciando la estación del otoño. El punto de vista del viandante muestra en todo su esplendor las filtraciones de luz de la hora temprana matutina.
Arazuri, febrero 1964. Al fondo, puerta de Dormitalería
Un rincón que será desconocido para muchos pamploneses, pues hacia 1970 desapareció para dejar paso a las actuales viviendas canonjiles, un bloque en ele fabricado con ladrillo y acceso protegido por verja de hierro. Ahora es posible acceder a este patio, pero ya remodelado, para ingresar en el Museo Diocesano y, a través de él, en el Claustro, dejando a ambos lados Cillería y Refectorio, pero la poesía de este lugar ameno se ha perdido.
Julio Cía Úriz, 1933. Al fondo, la crujía sur del Claustro. El fotógrafo da la espalda al nº 20 de Dormitalería. Pincha en el enlace para ver la foto que sacaría hoy
La entrada a la Catedral de Santa María por esta puerta del Arcedianato era menos solemne que si se hacía atravesando el atrio y escalinatas centrales, ingresando por las grandes puertas de piedra ideadas por Ventura Rodríguez. Pero ésta del Arcedianato era como para los de casa, más desapercibida y callada. Al atravesar el túnel abovedado, generalmente oscuro, del Arcedianato para pasar a la Catedral, uno se topaba de repente con el impresionante Claustro gótico, uno de los más importantes de Europa en su estilo. Sus perspectivas vacías, armoniosas, su jardín interior animado por el piar de los pájaros, las tumbas seculares bajo el pavimento, imponían un recogimiento inmediato.

jueves, 20 de abril de 2017

Artistas navarros olvidados: Antonio Cabasés


No puedo evitarlo. Cuando oigo hablar de un artista olvidado -y más si ha pintado mi ciudad (el río Arga, las huertas de la Rochapea, las murallas, la Catedral…), mi Navarra-.., en la escasa medida de las posibilidades de este blog, intento colaborar por sacarlo un poco del cruel y siempre injusto olvido. 
Hoy os presento este artículo de José Mª Muruzábal en el que el autor recuerda la figura del pintor pamplonés Antonio Cabasés (1900-1984), que regentó una sastrería y destacó en la pintura sobre todo con sus lienzos de paisajes y temas navarros y pamploneses. 

Artistas navarros olvidados: Antonio Cabasés
por José Mª Muruzábal
Antonio Cabasés Muñoz nace con el tránsito de siglo, el año 1900, en Pamplona en el seno de una conocida familia de la ciudad. El domicilio familiar se establece pronto en dos pisos unidos de la calle Tejería, con una amplia terraza que daba a la Bajada de Labrit. Allí vivió el pintor toda su vida.
Antonio Cabasés no tuvo prácticamente formación artística. Esa mínima formación debió acontecer a fines de 1919 de la mano del pintor tudelano Millán Mendía, uno de los escasos discípulos que dejó en Navarra Inocencio García Asarta.
Pronto, el pragmatismo de su casa le encaminó a formarse en lo que constituía el negocio familiar, una sastrería. Estudió su oficio de sastre en Madrid y en Barcelona para regentar posteriormente la sastrería, muy conocida en la antigua Pamplona, en la calle Zapatería. Y ese sería su oficio y dedicación a lo largo de su vida.
Pero nada pudo disipar su auténtica vocación pictórica. Se dedicó a pintar paisajes, incansablemente, desde ese lejano 1919, hasta los años ochenta, poco antes de su fallecimiento. Como señalábamos antes, una perseverancia digna de elogio para quien nunca fue profesional de la pintura. Pintaba al salir de su trabajo, desde la terraza de su domicilio, los domingos y días festivos, en las vacaciones veraniegas, en definitiva, siempre que podía. Y así un año tras otro durante más de sesenta. Pintó siempre al aire libre. Como diríamos ahora “a la vieja usanza” poniendo su caballete y lienzo frente al tema elegido y sacando su caja de pintura y sus pinceles.
Y en esto se resume prácticamente su vida, su oficio de sastre y su pasión por pintar. Fue, sin duda, un pintor aficionado pero dotado de una cualificación difícil de encontrar. Su definición es sencilla, fue un buen pintor, un auténtico artista, al margen de si fuera aficionado o profesional.
Consta que compartió pintura al aire libre con Basiano, Briñol, Muñoz Sola o Lasterra. Muchos pamploneses de cierta edad lo habrán visto pintar junto a ellos. Y, aún más, en ocasiones sus obras pueden codearse sin problema con la de aquellos, los auténticos maestros del paisaje navarro.
Exposición Diputación 1948
Sus apariciones públicas en exposiciones son escasas. De todas ellas hay que destacar la exposición antológica de 1981, en la sala de García Castañón de la CAMP, que resume perfectamente el quehacer artístico de su vida. La exposición fue afortunada a todas luces ya que el artista, enfermo y sin posibilidades de pintar -falleció en 1984-, vio recompensada de alguna manera su devoción por la pintura. La muestra fue preparada y montada por José Mª Muruzábal, mi padre, responsable entonces de las salas de arte de la CAMP, y por el pintor Jesús Lasterra, buen amigo de Cabasés.
Autobiografía
Su biografía, como se ve, es bien sencilla, muy en la línea de su personalidad y puede resumirse en las propias palabras de Antonio Cabasés, tomadas del libro Pintores navarros:
“la pintura es un sentimiento que nace de lo más profundo de la persona. Se nace con él y, si no lo tienes, ya puedes dedicarte a otra cosa. Es más, creo que hay una honda relación entre la naturaleza y el pintor, ella te llama y se te mete dentro, si no captas esa llamada y la entrañas en ti, sobre todo lo demás. Es triste, yo tuve la suerte de oírla y entrañarla, pero la vida, con sus circunstancias, no me permitió seguirla, al menos con la dedicación y trabajo que la pintura de verdad exige, por eso sólo fui un pintor aficionado al que las gentes y los pintores verdaderamente profesionales me trataron siempre con cariño considerándome, incluso, casi como uno de ellos”.
La pintura de Antonio Cabasés está realizada siempre al óleo. Se trata, en general, de una obra hecha con esmero, mayoritariamente elaborada sobre lienzo. La práctica totalidad de la misma son paisajes. Dentro de este género plasma casi siempre temas navarros y muy especialmente pamploneses. Los temas pamploneses reflejan rincones de la antigua ciudad, del Portal de Zumalacárregui y de las murallas, de las viejas rúas y, en especial, de vistas en torno al río Arga. Este cauce aparece en infinidad de ocasiones, con su rica vegetación, con sus hileras de árboles, la Rochapea y la Magdalena con sus huertas, el Puente de San Pedro y el antiguo convento del mismo nombre. Incluso hay vistas de un mismo entorno en distintos momentos o estaciones del año, muy al gusto impresionista. Con seguridad, más de la mitad de la producción de Cabasés son este tipo de obras, lo cual resulta bastante lógico ya que eran los temas que tenía más a mano, dada su “falta de tiempo”.
El resto de obras son paisajes navarros. En la exposición de 1981 en Pamplona aparecen obras de Belagua e Isaba, algo bastante reiterado, de Echarri, Lizaso, Tudela. Monreal, etc., en fin, rincones de prácticamente toda nuestra tierra.
Aparte de todo ello tan solo aparece alguna obra de Asturias, fechadas en los años treinta. Su ocasional estancia en aquellas tierras parece deberse a que un hermano suyo, ingeniero de profesión, estuvo trabajando allá durante algún tiempo. Deben de ser sus únicas obras con temas ajenos a nuestra Comunidad.
En su obra, Antonio Cabasés demuestra una gran sensibilidad para plasmar el paisaje elegido. Es un artista que busca la sencillez en sus composiciones, que resultan siempre muy ordenadas. Trata los temas con una gran suavidad, elegancia y pulcritud. Todo ello parece consustancial con él y con la propia profesión que desarrolló. En general, se decanta en su producción por tonalidades suaves y tenues, sin que existan contrastes excesivos. Prácticamente no encontramos colores intensos o tonalidades fuertes. Se inclina más bien por colores pálidos, verdes, amarillentos, ocres y azulados. Y con gran entusiasmo por la luz. Ella, con sus diferentes tonalidades, es algo fundamental en esta obra, quizás el elemento básico a considerar. Fue, igualmente, un buen dibujante.
José Mª Muruzábal del Solar es Historiador del arte navarro

martes, 18 de abril de 2017

'Serranillo', cuplé tragicómico

Entre los paisanos y los militares / Me salen a diario novios a millares
Como monigotes, vienen tras de mi / Y a todos los hago que bailen así
Dibujín de Mar Buelga y Olga María Ramos

Hay muchas veces que uno no encuentra lo que busca. En compensación, alguna vez se encuentra por sorpresa lo que no buscas. Me pasó este domingo. 

Joaquín Díaz a tu alcance
(pincha)
No sé por qué -tal vez por eso de la Semana Santa- andaba detrás de una vieja canción religiosa -"Llora María, Madre de Amor"- y entré en la Fundación Joaquín Díaz. Allí estaba. Pero observé algo que no había visto antes: que tenía acceso a la grabación. Y a muchas otras grabaciones que antes me quedaba con las ganas de escuchar. 
Deseo subrayar, pues, la importancia de esta novedad, ya que todo lo que ha recopilado Joaquín Díaz es un trabajo de titanes. Y ahora lo tenemos a nuestra disposición.
Y por puro azar pinché sobre una titulada "La vida del soldado en campaña". En el enlace que os he puesto la podéis escuchar y ver también los datos sobre tan curiosa grabación. Por cierto, la música en la que se apoya tan deprimente poema no es "Agua que no has de beber" sino "Mala entraña. Serranillo", ambas del asturiano Martínez Abades. Y otro detalle: aunque en origen se refiere, sin duda, a la Guerra de África, luego -como veis a continuación- se aplicó también a la Guerra Civil:
Vida del Soldado en Campaña
(Música del Serranillo)
Hoy la vida del soldado en campaña
es muy triste y dolorosa comparada
con aquellos que en España se divierten
por los cines y teatros con su amada.
Con aquellos que en España se pasean
presumiendo de valientes españoles
y nosotros respetando a nuestros jefes
dando cara al enemigo todas veces.
Españoles, españoles,
acordaos de estos pobres.
Para saber lo que es sufrir
hay que venir aquí. 
No sabemos cuándo es fiesta ni domingo
pues la guerra no se ocupa de disfraces
por el día y por la noche vigilando
y evitando las tragedias de un ataque.
Y durmiendo a la intemperie por la noche
respetando nuestra madre la bandera
y teniendo por hogar sólo una tienda,
por vecinos los rojillos y las fieras.
Madre mía, madre mía,
reza por mí noche y día
para a tu lado poder volver,
muy pronto ha de ser


Mala pata, mala pata...
Pues bien, nada más escuchar las primeras notas caí inmediatamente en la cuenta de que la música era la de una canción que a veces cantaba mi padre en Dormitalería, pero con otra letra. Aunque mis hermana recuerdan alguna estrofa, yo sólo recordaba cuatro palabras ("a un dentista le encargué una dentadura", así, entre comillas) y con ellas fui a buscarlas a San Google. Y vaya que sí apareció.
Como esta publicación encontrada practica un "Buen Humor" satírico, la presenta de esta curiosa manera Néstor O. LOPE, seudónimo de Ernesto Polo López:

CANCIÓN DESESPERADA
(Este triste canto corre a cargo de un gachó con más mala suerte que Loreto Prado en amores, y el cual gachó, al entonarlo, se acuerda con demasiada frecuencia del pavoroso estilo de D.ª Raquel Meller.)
 «Serranillo..., serranillo...,
no me mates, gitanillo...
iQué mala entraña tienes pa mi!...
¿Cómo 'pues' ser así?...»

(Gloriosa y célebre canción que sirve de elegante norma para dar al viento las notas de ésta. ¡Pueden ustedes probar a cantarla, con la misma música y todo, y verán qué requetebién resulta!) 

Es mi vida una tragedia continuada...
Son pa mí todos los días martes trece...
Si me afeito, la navaja está mellada...
Si en mi huerta planto un rábano, no crece...
Cuando voy a los teatros, no hay butacas...
Cuando pido chocolate, me dan tila...
Si una carta escribo a Cuenca, va a Caracas..
¡Si me duermo, una murga me espabila!...
¡¡Mala pata!! ¡¡Mala pata!!
 ¡¡Lo que yo ato se desata!!
¡¡Y si una rosa pongo en mi ojal,
al punto huele mal!!
A un dentista le encargué una dentadura,
pues sin muelas y sin dientes me vi un día;
pero luego de pagarle la factura,
resultó que pa comer yo no tenía...
Suicidarme resolví inmediatamente,
y en el mar me sepulté en la blanca espuma...

Pero al punto me salvó un hombre valiente
¡¡y hoy, por culpa del baño, tengo reuma!!...
¡¡Mala pata!! ¡[Mala pata!!
¡¡Así dice el que me trata!!
¡¡El mismo día que yo nací,
la pata ya metí!!
Una suegra yo tenía que arañaba...,
pero un día la diñó del escorbuto...
Y mi suegro, el pobre hombre, a moco y baba
la lloró con desconsuelo (¡vaya un bruto!).
Mas, cansado de llorar amargamente,
de repente desechó la pena negra...,
¡y contrajo matrimonio nuevamente!...
¡¡¡De manera que he vuelto a tener suegra!!!...
¡¡Mala pata!! ¡¡Mala pata!!
¡¡Tengo un duro, y no es de plata!!
¡¡Hace dos días que me he casao,
y ya me la han pegao!!...
NÉSTOR O. LOPE





















Un homenaje a Martínez Abades
"Mala entraña. Serranillo"
Como veis, se nos dice claramente con la música de qué canción debemos hacerlo. Se trata de Serranillo o Mala entraña. del asturiano Martínez Abades.
Gran y agradable sorpresa la que me ha causado este asturiano de Gijón, que empezó siendo pintor, con marinas en el Museo del Prado, y del que he encontrado en la Biblioteca Nacional nada menos que 170 registros bibliográficos, con canciones asturianas como la deliciosa La Panderetera, que aún tocan los gaiteros, y títulos de cuplés y chotis como Flor de te, Ay, Cipriano, Mimosa, Los amoríos de Ana, Agua que no has de beber y, cómo no, Serranillo -o, lo que es lo mismo- Mala entraña, que es la que toca hoy. Y cantada por... 


Mala entraña (Serranillo)
Cuando triste quedo a solas en mi alcoba
le pregunto a la estampita de la Virgen:
¿Qué he hecho yo pa que tú así tan mal te portes?
que lo que haces tú conmigo es casi un crimen.
Mira Niño que la Virgen lo ve todo
y que sabe lo malito que tú eres
que queriéndote yo a ti con fatiguitas
el amor buscas tú de otras mujeres.
Serranillo, serranillo,
no me mates, gitanillo
Qué mala entraña tienes pa mí
¿cómo 'pues' ser así?

¡Cuántas veces en mi reja me sorprenden
los primeros resplandores de la aurora
esperando por si alguna vez te acuerdas
de esta pobre enamorada que te adora!
Pero tú quizá gozando otros quereres
ni un momento pensarás en que te espero,
y entre tanto que dichoso así me olvidas
de dolor esperándote me muero.

En resumen, Mala entraña (Serranillo), el cuplé de Martinez Abades que cantaba el mal de amores, sirvió -en su versión trágica- de altavoz para el grito de miedo e indignación del soldado en la Guerra de África y en la Guerra Civil. Y en su versión cómica nos hizo reír con las desventuras de un gafe.
Hoy, cien años después de su creación, he tenido el gusto de desolvidarlo.

Una historia interminable, por Jesús Mª Osés


Una historia interminable
por Jesús Mª Osés
El autor señala que acabados los tiros y demás violaciones queda el fanatismo de la mente, el dogma de la lengua como visión única del mundo
Hemos asistido a la puesta en escena de una nueva página teatral transitoria hacia la nada. Al acto asistieron dirigentes de las instituciones políticas de esta Comunidad quizá pensando que, sin la valiosa y necesaria colaboración de quienes en otro momento participaron directa o indirectamente en la lucha armada, no se habría llegado a este final: la entrega de algunas de sus armas.
En el fondo de tanto asesinato, extorsiones, secuestros, exilios exteriores e interiores y miedos, el problema era que algunos de entre quienes los llevaban a cabo, los apoyaban o los dirigían no se habían dado cuenta de que la lucha armada para obtener sueños patrióticos resultaba ineficaz. ¡Puro fallo estratégico sin más consecuencias! Por eso ni hay que arrepentirse de lo hecho, ni hay que retractarse, ni hay que bajar los brazos: adelante por otros caminos.
¿Habrá que agradecerles el gesto de dejar de cometer tales tropelías? Nadie se libró de que una asociación privada, un club de gente exclusiva y una élite selecta en señalar, pensar y decidir, y otra más copiosa y necesaria, no pensante sino obediente y ejecutora de las órdenes por el mero hecho de serlo y de “venir de arriba”; un grupo apoyado, consentido muchos años y jaleado por lo que se llama “el mundo nacionalista vasco” decidió imponer su ley privada para matar, enclaustrar, expulsar y cobrar el “impuesto revolucionario”. Ellos elegían a quienes molestaban, con abundante información de chivatos, colaboradores necesarios, y ellos cumplían a rajatabla con el exterminio de los mismos. Planificaron cuidadosamente la limpieza de quienes fueron marcados como enemigos del pueblo vasco, de su lengua, de su condición de explotadores del proletariado vasco, de la aceptación del sometimiento al Estado Español. A todo esto se ha puesto final. No es poco.
Pero la historia no acaba aquí porque el daño es mucho más amplio que todo lo mencionado. No es sólo una cuestión de resultados políticos (fracaso claro), ni sociales (cada vez más alejados de la lucha de clases, de su sedicente socialismo), ni culturales (el PNV ha mandado la mayoría de los años desde el Gobierno autonómico con claras políticas favorecedoras de la cultura autóctona). Tampoco son sólo las consecuencias de perseguir el sueño de la independencia y de la libertad respecto al Estado: al final se convirtieron en los acérrimos enemigos de las mismas y podría decirse que quienes mataron por un País Vasco libre fueron los mayores criminales del país por el que decían luchar. Y, en fin, no es lo peor que cuando uno de ellos se pregunta ¿para qué?, el vacío se acabe tragando al que interroga: para nada.
El daño del que hablo es otro. Es el de la construcción nacional basada en factores culturales (“hechos diferenciales”), en la voluntad de decidir (romanticismo y sentimientos como elementos legitimadores) y en el dominio de las mentes mediante la hegemonía en el control de la educación y de la Historia como materia de enseñanza. 
Desde pequeños, como hizo con nosotros el régimen franquista, contaron historias ajustadas a sus objetivos: una arcadia feliz, Euzkadi, como escribió Arana, armoniosa, democráticamente entre iguales, cristiana en su esencia y en la que hombres y mujeres eran tiernos y amables, o fieros y belicosos según las circunstancias. Historias que enseñaban a los niños en algunas escuelas la necesidad de la violencia para ser libres, la aceptación del matar, del sufrir y de la destrucción como medios indispensables para llegar a esa primigenia arcadia. Serapios!, que diría Aramburu); y otra mística cuasirreligiosa, esta vez en torno al nuevo dios, la nación, en peligro de extinción por los ataques recibidos por el Estado hegemónico. Todo esto día tras día, metiéndolo en las cabezas de quienes no podían discernir por su juventud y se veían arrastrados por la manipulación que llevaba a aceptarlo de forma acrítica.
Unos entornos familiares y sociales que idealizaban estas prácticas y elevaban a categoría de “héroes del pueblo y de la nación” a quienes las llevaban a cabo. Una mística religiosa lo suficientemente ambigua, cuando no sostenedora del “conflicto” (¡Ay cuantos
Por todo ello la historia de esta situación no ha llegado a su término. Acabados los tiros y demás violaciones quedan las ideas en las mentes, cosa que no cambia con la entrega de armas. El fanatismo, el dogma de la lengua como visión única del mundo, la inutilidad total de la violencia para construir sociedades – que, recordemos, se levantan en la confianza en la ley común igual para todos y no en el miedo – la desindividualización y manipulación que hacen posible el acatamiento de decisiones jerárquicas permanecen como restos vivos grabados lenta pero cansinamente por los nuevos y viejos misioneros nacionalistas. Lo que ocurre desde hace dos años en nuestra Comunidad con el tema de la lengua y los símbolos da fe de lo que digo. Analizar con escepticismo las versiones, las escenografías y las declaraciones de quienes no solo produjeron tanto sufrimiento, sino que pretenden ser los dueños del lenguaje sobre los hechos es lo que procede. Discrepar, en este caso, es una obligación personal.

Jesús Mª Osés Gorraiz es profesor de Historia del Pensamiento Político de la UPNA