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martes, 12 de enero de 2021

El orgasmo atlético



Mayo 1996 Media Maratón de Pamplona. Los primeros kms fui reteniéndome. Los tiempos que iba marcando eran de 40-45''/km mejores que lo calculado. Una animalada. Aquello no podía ser. Temía hundirme, tenía que pinchar, pero cada vez me sentía mejor. En el km 15 me despedí del grupo en el que iba y progresivamente fui acelerando. Adelantaba a todo el mundo y me sentía eufórico. Sonreía como un imbécil y chocaba la mano que me ofrecía el público. Cuando entré en el Estadio, eché el resto en un prolongado sprint. Acabé ¡20 minutos! mejor que la Media Maratón del año anterior.
Cuando llegué a casa, les dije a los míos: "he saboreado el amor, disfrutado de la amistad, con la música, la investigación, en la comida, con el buen vino.., en la montaña.., las noches estrelladas... Pero como esta mañana, en la Media Maratón de Pamplona -pensaréis que estoy chalao-, jamás había disfrutado tanto nunca".
¿Qué me pasó aquella deliciosa mañana? Nos lo explica...

LA QUÍMICA DEL CORREDOR (DN 29.10.2013)                             por Gabriel Asenjo
¿Por qué el correr engancha y produce placer?
 
En los años 70 y 80, a falta de ayudas farmacológicas, algunos atletas cubanos guardaban un secreto: la música como estimulante legal. Al final de agotadoras sesiones de trabajo en gimnasio con series de sentadillas intercalando saltos, el entrenador ponía música a todo volumen. Una música energética como los coros de Yl Trovatore, Aída o Carmen. Al atleta fatigado se le cambiaba la cara, encontraba fuerzas en el último depósito del alma, y sumaba un par de series más de entrenamiento. Una vez más quedaba demostrado que una parte del éxito en el deporte procede de nuestra química de emociones. Es decir, de la química cerebral estimulada desde el oído, en este caso por una emoción musical.
En el running también puede darse un proceso algo diferente. No se trata de correr atado a los cascos con la música favorita -que también puede ayudar- sino que logremos alcanzar un estado de esfuerzo tal que nuestro cuerpo segregue una química placentera, una pura sensación de bienestar aunque uno corra bajo la lluvia. 
Y es que, a través del acto prolongado de correr, se activa la función de las llamadas endorfinas, una especie de opioides que segrega nuestro organismo y que estimulan nuestros centros de placer. (Endorfina, igual a morfina endógena). Estamos hablando de neurohormonas y neurotransmisores que producen una cierta analgesia placentera sin efectos negativos. Nos referimos a esa sensación que relatan algunos corredores de vitalidad, placer, plenitud y autodominio que invade al atleta cuando considera que su cuerpo "vuela" o se desplaza sin aparente esfuerzo y gasto de energía (y de la que también disfrutan ciclistas o esquiadores de fondo). No quiere decir que un principiante alcance de buenas a primeras a ese gustazo del sudor placentero que, según investigadores, se suele detectar hacia los 40 minutos de esfuerzo al 76% de la frecuencia cardiaca máxima. Pero también es cierto que un corredor normalito, sin objetivos competitivos, al pasar del umbral de la media hora corriendo suave por un parque o por la playa, puede experimentar una sensación de felicidad tanto en plena carrera como al finalizarla si, obviamente, uno no acaba su entrenamiento exhausto. 

¿Por qué engancha el running? 
Aseguran los neurobiólogos que nos recargamos positivamente de endorfinas cuando hacemos lo que más nos agrada como, por ejemplo, relacionarnos con la naturaleza, con el disfrute de los sentidos, con ejercicios de respiración-relajación; y en el caso de los runners con la práctica de la carrera. Además el hábito del ejercicio aeróbico ayuda también a elevar el nivel de serotonina (una sustancia relacionada con estados de bienestar), de dopamina (asociada con la estabilidad emocional y con la motivación) y de melatonina, una hormona que aumenta la energía y capacidad de trabajo. Es por eso que algunos corredores lesionados se sienten invadidos por el mono de correr y se vuelven irritables. 

¿Por qué muchos individuos aseguran que la inspiración la encuentran mientras corren? 
Se considera que en esos momentos de esfuerzo placentero domina la mitad derecha del cerebro que es nuestra parte artística sobre el lado izquierdo que es el de la lógica, con lo cual el ejercicio favorece la creatividad y afirman que la inteligencia emocional. Y, por supuesto, mejora nuestro estado anímico hasta el punto que el running resulta medicinal en depresiones leves. Se estima que el hecho de romper a sudar y aparcar las preocupaciones que impiden una visión clara de la realidad ayuda a la percepción de soluciones para encarar dicha realidad. 

¿La química del encierro? 
Hay referencias de una dinámica química parecida en efectos, pero que supera a las anteriores experiencias, cuando el hombre practica deportes extremos. Es cuando el esfuerzo y la ansiedad de un desafío de alto riesgo como el encierro puede agregar una liberación de la famosa adrenalina que, en muchos individuos, conduce a un estado momentáneo de euforia y luego relax. Constituye una de las explicaciones por las cuales el encierro crea adeptos irrenunciables aunque en este caso hablamos de distancias más propias de velocistas. 
Gabriel Asenjo es periodista

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