martes, 11 de agosto de 2020

Triste bizi naiz eta... (Vilinch)

Calle Esterlines con su plazoleta. Por ahí debió de estar el Café Oriental
Cuando, por 1980, llegué a San Sebastián, pronto aprendí "Triste bizi naiz eta". Con esta bellísima canción, os llevaréis -como me fui llevando yo- estas sorpresas:
-que su autor no se apodaba -en vida- "Bilintx", sino "Vilinch", como la calle que se le dedicó.
-que quien -en 1960- hace su semblanza no firma Koldo Mitxelena, sino Luis Michelena.
1964 Sin piedad
-que quienes la cantan -en 1990- son Paco Ibáñezeuscaldún, de madre vasca,  e Imanol (por favor, leed un poco), donostiarra, exiliado durante la dictadura franquista, que tuvo que abandonar, de nuevo, el País Vasco en los últimos años de su vida, ante el acoso de ETA.

De Vilinch a Bilintx
El seudónimo literario que usó en vida Indalecio Bizcarrondo fue el de "Vilinch" y con ese nombre firmaba sus obras. Todos los que hablan de él, incluso Luis Michelena (el padre del batúa) en los años 60, dicen siempre "Vilinch".
Ocho años después de morir, el Ayuntamiento de San Sebastián le dedicó en 1884 una calle: "Calle Vilinch", junto a la Plazuela de Lasala.
En abril de 1897 el Ayuntamiento acordó rotular los nombres de las calles en bilingüe, y la placa quedó así: "Calle Vilinch / Bilinch (sic)-kalea" (Revista Euskal-Erria).
En 1964, en su calle, límite con Mayor, se coloca una placa en la que se modifica su nombre (Indalezio), su apellido (Bizkarrondo) y su seudónimo (Bilintx).
Hoy se llama únicamente "Bilintx kalea".
(hasta aquí, este apartado ha sido incluido en Wikipedia)
Si Indalecio levantara la cabeza, le costaría darse cuenta de que está dedicada a él.

Indalecio Bizcarrondo, «Vilinch»                                                        por Luis Michelena

Está aislado el donostiarra Indalecio Bizcarrondo, «Vilinch» (nacido en 1831), la voz más auténticamente romántica de la literatura vasca. Fue siempre un hombre perseguido por el infortunio. Ya de niño un accidente le desfiguró el rostro y no faltaron otras desgracias en su vida hasta que en 1876, el último año de la guerra, una granada carlista le alcanzó en su casa produciéndole heridas mortales.
Vilinch no es una víctima del mal du síècle ni un pesimista que maldice de la existencia: su humorismo agridulce, aparentemente aéreo e inconsistente, le protegía contra toda adversidad con una coraza que no le hubieran proporcionado las más severas máximas estoicas.
Pero era hombre de sentimientos delicados e intensos y en su vida no debieron faltar los desengaños amorosos: acaso más que desengaños fueron ya desde el principio sueños irrealizables. Entonces, ante la imposibilidad y el fracaso, suena en los versos de Vilinch una queja tan personal y desnuda que resulta casi impúdica, de un impudor que todavía hace más descarado lo humorístico de la forma en que a veces la envuelve. Sus versos son excepcionales en una literatura recatada en que los poetas huyen avergonzados de toda confesión demasiado íntima, como de algo humillante y penoso.
Fuera de la poesía amorosa, Vilinch es un maestro de la sátira humorística, uno de los mejores entre los muchos que han cultivado ese género entre nosotros. Aparte del sobrio acierto en la selección de los rasgos decisivos, pone siempre en ella, a diferencia de casi todos los otros, calor humano y una sonrisa compasiva. Vilinch era hombre de pocas letras y su gusto no siempre es seguro [11]. Por otra parte, su lenguaje es más bien pobre (la lengua algo encanijada de un centro urbano: San Sebastián) y por ello mismo tal vez más auténtico...

[11] El mejor estudio crítico sobre Vilinch es una conferencia de Dionisio de Azcue, cuyo texto íntegro se publicó en el diario El Día de San Sebastián, del 1 de mayo de 1931. Téngase en cuenta también lo que de él nos relata Benito Jamar, en el prólogo a Poesía euskara: »... a uno de ellos conocí y traté yo; al más sensible a lo bello, al más tierno, y al mismo tiempo, por uno de esos contrastes misteriosos de la naturaleza humana, al más mordaz; conocí y traté a Vilinch... En aquel café Oriental de la calle de Esterlines, célebre por sus helados, nos reuníamos, en horas en que nadie acudía allí, varios aficionados a la literatura. Yo era niño, Vilinch era ya hombre entrado en años (murió con 45). Vilinch nos recitaba sus tiernos versos. Allí conoció las Doloras de Campoamor; quiso cultivar el género y fracasó. No era esa la lira que debía él pulsar. Pero yo le leí la poesía que aquella alma sí podía asimilar, le leí las Rimas de Bécquer y las Elegías de Aguilera. Aún recuerdo la atención con que seguía Vilinch la lectura: aquello era más que poner atención: era desprenderse de toda su alma para identificarse con el alma del poeta».

Triste bizi naiz eta, hilko banintz hobe,
badauzkat bihotzean hainbat atsekabe.
Maite bat maitatzen det, bainan haren jabe,
sekulan izateko esperantzik gabe.

Nire bihotz gaixoa penatua dago,
ezin egon liteke, ai! penatuago.
Pasatzen ditudala aspaldian nago
egunak triste eta gauak tristeago.

Nere maitatu(b)a da guztiz dama fina
bihotz onekoa ta ondo hitzegina.
Bentaja guztiakin, zeruak egina,
mundua pasatzeko lagun atsegina.

Bihotz baten lekuan, mila banituzke,
zuretzako maitia izango lirazke.
Baina milan lekuan bat, besterik ez det.
Har zazu ba, maitia, bat hau mila bider.
                                                                        
Nere maite polita, nola zera bizi?
Zortzi egun hauetan etzaitut ikusi.
Uste det zabiltzala nigandik igesi,
ez didazu ematen atsekabe gutxi.

Vivo triste y quisiera morirme,
tengo el corazón lleno de dolor.
Amo a una dama, pero sin esperanza
de ser algún día el dueño de su amor.

Mi pobre corazón está lleno de penas
y no puedo estar más dolido.
Paso, desde hace tiempo, el día triste
y la noche más triste aún.

La mujer que yo quiero es la más bella,
de buen corazón y de grata conversación.
Con todas esas dotes, regalo del cielo,
la mejor compañía para ser feliz.

Si en lugar de uno, tuviera mil corazones
todos serían para ti, mi amor.
Pero en lugar de mil, solo tengo uno.
Cógelo mil veces, mi amor.

Mi amada bonita, ¿qué vida llevas?
Yo llevo ocho días sin verte.
Parece que andas huyendo de mí,
No me das  ni pocos sinsabores...

























Son 16 estrofas que suelen resumirse en 3 ó 4. La tercera ("Nere maitatu(b)a da guztiz dama fina"), es ininteligible en las versiones habituales en la red, por lo que os recomiendo visitar la página 266 y siguientes de esta biografía de Antonio Zavala.
Esta canción engancha tanto que hay gente que, aunque no sepa mucho vasco, se la quiere aprender. Creo que este vídeo facilita mucho las cosas


Aquí la tenéis con la firma de Vilinch:

1 comentario:

Pérez de Zabalza dijo...

Interesante explicación Pachi , gracias