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miércoles, 8 de noviembre de 2017

Plazuela de Arriasco (por J.J. Arazuri)

Rochapea vieja Julio Altadill 1895
A la Calleja de los Toros hasta le pusieron su letrero y quedó integrada en los nuevos corralillos. En cambio, de la plazuela de Arriasco apenas si queda un triangulico de piedras, que no da ni para llamarla Arriguchi. Impresionante el trabajo de Arazuri, quien con tristeza nos relata lo que fue en el pasado esta plaza, en contraste con lo que ha quedado de ella -ni siquiera su nombre en un letrero- en los últimos tiempos.
Echa una ojeada al álbum "Calleja de los Toros y Plazuela de Arriasco" para ver todos los detalles de esta Pamplona que se nos va ante nuestros ojos.
Buscaba, hace unos días, alguna foto del encierrillo por la Calleja de los Toros y -¡mira por dónde!- Ardanaz casi me la regala. La imagen de estos niños jugando al encierro, subidos al vallado, con la tapia del final de la Calleja, y las piedras, muchas piedras (arri asko) de la Plazuela de Arriasco lo compensa con creces.
Estoy convencido de que, si Ardanaz (1910-1982) hubiera sabido el destino que iba a tener esta plazuela, la habría titulado "Jugando al encierro en Arriasco". La toma demuestra que Nicolás no sólo quería sacar la escena de los niños, sino también la textura del suelo empedrado. 
Desde la puerta del, hoy, Club de Remo, una señora contempla entretenida el juego de los niños.
Esto escribió Arazuri, allá por 1979-80:
Pasando el puente de la Rochapea, a mano izquierda, en el comienzo de la calle de Errotazar, existe una plazoleta irregular, de suelo pedregoso, con múltiples y profundos hoyos, vergonzoso erial (1979-80) en el barrio más castizo y con más historia de todos los existentes en la vieja Iruña. Entrando hasta el fondo de esta plazoleta, a mano derecha, está el comienzo de un largo callejón, denominado popularmente «Calleja de los Toros», que llega hasta la calle de don Bernardino Tirapu. Esta plazuela, generalmente solitaria, sólo se ve concurrida en las noches de las Fiestas por los curiosos que en gran número acuden a contemplar la veloz carrera de los toros en el «Encierrillo».
El Ayuntamiento no se ha dignado conceder título a esta modesta plazuela, y si le hemos asignado el de Errotazar es por ser el que ostenta en los últimos planos de la ciudad. A través de los siglos a esta plazuela se le ha denominado con los siguientes nombres:
1890ca. Tras el puente el Matadero Municipal. A la derecha la antigua plaza del Arriasco, 
hoy llamada, no oficialmente, plaza de Errotazar. Primer plano, las lavanderas.
1. Plazuela del matadero de carnes. Al comenzar en 1588 el sacrificio de reses en el nuevo matadero municipal de la Rochapea, situado entre la orilla derecha del Arga y un espacio trapezoidal, éste fue bautizado con el nombre de Plazuela del matadero de carnes. El título persistió hasta finales del siglo XVIII o principios del XIX que es cuando aparece con la nueva denominación de:

2. Plazuela del Arrasco o del Arriasco. Título procedente del vasco arri, 'piedra', y asko, 'mucho' ("mucha piedra"). Este título persistió hasta la tercera década del siglo XX. Hoy lamentamos profundamente se haya perdido este bonito topónimo, máxime cuando el de Errotazar está conservado. (Nota de Desolvidar: hoy, casi cuarenta años después del libro de Arazuri, queda un pequeño triángulo de piedras. Ver imagen de la derecha y pinchar en el enlace.

Plaza de Arriasco 1925 Leoncio Urabayen
Casa de los pastores. El caserón que actualmente ocupa el lado noroeste de esta plazuela, y que en su modesta pero amplia fachada exhibe orgullosa el escudo de Pamplona, tiene la siguiente historia: 
  • Hay datos de 1640 (1. IDOATE, Florencio. «Pregón». San Fermín 1952) que atestiguan que en dicho lugar existía un lavadero de lanas propiedad de las monjas Agustinas Recoletas. Como ya hemos dicho al hablar del «prado de la lana» en la calle de Errotazar, el Ayuntamiento instaló, en el mismo siglo, otro lavadero de lanas.
  • De datos posteriores se deduce que las Recoletas construyeron en aquel solar nueve casas, que fueron destruidas en 1813 durante el sitio que padeció la plaza de Pamplona.
  • Desde septiembre de 1823 hasta abril de 1828, este prado, entonces propiedad del Hospital, fue convertido en cementerio provisional. El 6 de diciembre de 1828 el Ayuntamiento acordó trasladar los restos mortales de aquel cementerio al de Berichitos. El traslado se efectuó el 12 de febrero de 1829 en tres carros de bueyes, siendo acompañados los restos por el Ayuntamiento en pleno y el secretario que levantó acta de la ceremonia (2. Arch. Mun. Actas n. 81, fol. 6).
    Plano de 1900-1915
  • El 10 de abril de 1826, el Ayuntamiento (3. Ibidem. Escrituras, leg. 61,10 de abril de 1826) compró aquellos terrenos en favor del Ramo de Carnicerías por 5.000 pesos «...para fabricar en él una corraliza capaz para el acuvillamiento (acubilamiento) del ganado lanío de dichas carnicerías». Después construyó la casa de los pastores.
  • En 1861, en el fondo de aquella corraliza se instaló la Fábrica de Gas.
  • Hacia 1882, una parte de los terrenos comprendidos entre la fábrica de gas y la plaza del Arriasco se dedicaron a vivero municipal, hasta la tercera década del XX.
  • Desde los últimos años del XIX, los solares de la antigua fábrica de gas se convirtieron en corrales de toros y, desde 1899, se inició el nuevo espectáculo presanferminero de los desencajonamientos.
  • A principios del XX, vivía en la casa de los pastores el alcalde pedáneo de la Rochapea. En su puerta estaba de servicio permanente el señor Pantaleón, guarda municipal del barrio. En aquella lejana época, cobraban los impuestos municipales sobre los artículos de comer, beber y arder que entraban en el barrio, tres guardas rurales que el pueblo los distinguía por sus apodos: «el Santo de la Cueva», «el Cristo Alzado» y «el Caparrota».
Plaza de Arriasco Fiestas com. XX M. Goicoechea
Fiestas barriales en la plaza del Arriasco. El antiquísimo barrio de la Rochapea, a excepción de algunas fincas aisladas, estaba compuesto, en su mayor parte, por casas habitadas por hortelanos y unos pocos industriales, situadas en las dos únicas calles del barrio, las llamadas Camino Viejo de la Rochapea y Camino de Errotazar, y una plazuela, la del Arriasco, que resultaba ser como las plazas de los pueblos, el lugar de reunión y el punto de celebrar los festejos populares.
El Patrón de la Rochapea es San Lorenzo, y en su onomástica se celebraban sus fiestas. Ya de víspera se instalaba en la plazuela, junto a la casa de los pastores, un tablado adornado y cubierto de ramas verdes entre las que destacaban ricos piporropiles, que algunos años los colocaban imitando la forma de parrilla. Desde aquel improvisado quiosco, durante muchos años, alegró las fiestas con su gaita el señor Facundo, y posteriormente su hijo. Un trío que también se hizo popular fue el compuesto por los gaiteros Nicolás Virto y Jesús Lumbreras, con el tamboritero Prudencio Virto.
Maordomo Foto M. Goicoechea
El alma de las fiestas la componían los mayordomos, que en número de tres eran elegidos todos los años, uno hortelano y dos sirvientes o criados: Igualmente se nombraba una mayordoma de entre las hortelanas y dos de entre las criadas. Las mayordomas se encargaban de adornar las boinas de los mayordomos con cintas y escarapelas de colores. Los mayordomos y mayordomas tenían el privilegio de bailar entre ellos, como únicos danzantes, los tres primeros bailes, antes de iniciarse la danza general.
El programa de las fiestas era el siguiente:
  • Día 9 de agosto. Víspera del Santo, de 8 a 10 de la noche se disparaban cohetes y se encendían hogueras por diversos puntos del barrio.
  • Día 10. A las 8 de la mañana, misa solemne en el altar mayor de su parroquia de San Lorenzo. A esta ceremonia acudían, precedidos por los mayordomos y gaiteros, todos los vecinos del barrio, alegrando el ambiente con cohetes y música. Después del Santo Sacrificio, recorrían alegremente las calles de la ciudad, visitando primeramente al Alcalde y, después, a los principales propietarios de fincas en la Rochapea, así como algunos periodistas.
    San Lorenzo a fines del XIX Foto de Roldán en el AMP
  • Los días 10, 11 y 12, de cinco y media a ocho se celebraban bailes al son de la gaita, siendo el número cumbre el baile de la era. A partir de las ocho y media y hasta las once de la noche continuaba el baile amenizado por violines, bandurrias y guitarras. Estos últimos bailes eran los más animados por la gran concurrencia de vecinos de la ciudad, de toda clase social, que bajaban a la Rochapea a divertirse y cenar las suculentas magras, los pollos asados y los ricos rellenos.
  • El día 12 los mozos del barrio recogían gallinas de las casas en donde había mozas, con cuyas aves celebraban una opípara cena.
Pasadas las fiestas los mozos organizaban una cena en Casa Marceliano. En los postres hacían cuentas, pagaban a escote y.… a esperar el próximo año.
Una jota que se cantaba en aquellas fiestas era:
«Al cantarle a San Lorenzo 
es el verso una oración 
que todo el barrio dedica 
a su glorioso Patrón»
Inundación de la Rochapea. Estado de la entonces llamada plaza de la Guardia Civil en 1927.
3. Plazuela de la Guardia Civil. El 18 de junio de 1920, se instaló en la casa de los pastores el cuartelillo y viviendas de la Guardia Civil de la Rochapea. En esta casa de los pastores, que sigue siendo en la actualidad propiedad del Ayuntamiento, estuvo la benemérita prestando sus servicios hasta las 12 horas del 22 de agosto de 1975.
En 1999 se cumplió el deseo de Arazuri
Durante aquellos 55 años que persistió aquel cuartelillo en la casa de los pastores, los vecinos del barrio denominaron a la plazuela con el título de Plazuela de la Guardia Civil.

4. Plaza de Errotazar. Al desaparecer el cuartelillo, se olvidó el título anterior y ahora le llaman a la plazuela con el nombre de Errotazar. Si nuestros sesudos ediles se preocupasen un poco más de nuestra pequeña -pero entrañable- historia local, hace años habrían reconocido oficialmente el antiguo topónimo de Arriasco (o Arrasco), así como el de la próxima 'calleja de los Toros', títulos que, cual hijos de mala madre, no están (en 1979-80) reconocidos. 

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