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jueves, 20 de abril de 2017

Artistas navarros olvidados: Antonio Cabasés


No puedo evitarlo. Cuando oigo hablar de un artista olvidado -y más si ha pintado mi ciudad (el río Arga, las huertas de la Rochapea, las murallas, la Catedral…), mi Navarra-.., en la escasa medida de las posibilidades de este blog, intento colaborar por sacarlo un poco del cruel y siempre injusto olvido. 
Hoy os presento este artículo de José Mª Muruzábal en el que el autor recuerda la figura del pintor pamplonés Antonio Cabasés (1900-1984), que regentó una sastrería y destacó en la pintura sobre todo con sus lienzos de paisajes y temas navarros y pamploneses. 

Artistas navarros olvidados: Antonio Cabasés
por José Mª Muruzábal
Antonio Cabasés Muñoz nace con el tránsito de siglo, el año 1900, en Pamplona en el seno de una conocida familia de la ciudad. El domicilio familiar se establece pronto en dos pisos unidos de la calle Tejería, con una amplia terraza que daba a la Bajada de Labrit. Allí vivió el pintor toda su vida.
Antonio Cabasés no tuvo prácticamente formación artística. Esa mínima formación debió acontecer a fines de 1919 de la mano del pintor tudelano Millán Mendía, uno de los escasos discípulos que dejó en Navarra Inocencio García Asarta.
Pronto, el pragmatismo de su casa le encaminó a formarse en lo que constituía el negocio familiar, una sastrería. Estudió su oficio de sastre en Madrid y en Barcelona para regentar posteriormente la sastrería, muy conocida en la antigua Pamplona, en la calle Zapatería. Y ese sería su oficio y dedicación a lo largo de su vida.
Pero nada pudo disipar su auténtica vocación pictórica. Se dedicó a pintar paisajes, incansablemente, desde ese lejano 1919, hasta los años ochenta, poco antes de su fallecimiento. Como señalábamos antes, una perseverancia digna de elogio para quien nunca fue profesional de la pintura. Pintaba al salir de su trabajo, desde la terraza de su domicilio, los domingos y días festivos, en las vacaciones veraniegas, en definitiva, siempre que podía. Y así un año tras otro durante más de sesenta. Pintó siempre al aire libre. Como diríamos ahora “a la vieja usanza” poniendo su caballete y lienzo frente al tema elegido y sacando su caja de pintura y sus pinceles.
Y en esto se resume prácticamente su vida, su oficio de sastre y su pasión por pintar. Fue, sin duda, un pintor aficionado pero dotado de una cualificación difícil de encontrar. Su definición es sencilla, fue un buen pintor, un auténtico artista, al margen de si fuera aficionado o profesional.
Consta que compartió pintura al aire libre con Basiano, Briñol, Muñoz Sola o Lasterra. Muchos pamploneses de cierta edad lo habrán visto pintar junto a ellos. Y, aún más, en ocasiones sus obras pueden codearse sin problema con la de aquellos, los auténticos maestros del paisaje navarro.
Exposición Diputación 1948
Sus apariciones públicas en exposiciones son escasas. De todas ellas hay que destacar la exposición antológica de 1981, en la sala de García Castañón de la CAMP, que resume perfectamente el quehacer artístico de su vida. La exposición fue afortunada a todas luces ya que el artista, enfermo y sin posibilidades de pintar -falleció en 1984-, vio recompensada de alguna manera su devoción por la pintura. La muestra fue preparada y montada por José Mª Muruzábal, mi padre, responsable entonces de las salas de arte de la CAMP, y por el pintor Jesús Lasterra, buen amigo de Cabasés.
Autobiografía
Su biografía, como se ve, es bien sencilla, muy en la línea de su personalidad y puede resumirse en las propias palabras de Antonio Cabasés, tomadas del libro Pintores navarros:
“la pintura es un sentimiento que nace de lo más profundo de la persona. Se nace con él y, si no lo tienes, ya puedes dedicarte a otra cosa. Es más, creo que hay una honda relación entre la naturaleza y el pintor, ella te llama y se te mete dentro, si no captas esa llamada y la entrañas en ti, sobre todo lo demás. Es triste, yo tuve la suerte de oírla y entrañarla, pero la vida, con sus circunstancias, no me permitió seguirla, al menos con la dedicación y trabajo que la pintura de verdad exige, por eso sólo fui un pintor aficionado al que las gentes y los pintores verdaderamente profesionales me trataron siempre con cariño considerándome, incluso, casi como uno de ellos”.
La pintura de Antonio Cabasés está realizada siempre al óleo. Se trata, en general, de una obra hecha con esmero, mayoritariamente elaborada sobre lienzo. La práctica totalidad de la misma son paisajes. Dentro de este género plasma casi siempre temas navarros y muy especialmente pamploneses. Los temas pamploneses reflejan rincones de la antigua ciudad, del Portal de Zumalacárregui y de las murallas, de las viejas rúas y, en especial, de vistas en torno al río Arga. Este cauce aparece en infinidad de ocasiones, con su rica vegetación, con sus hileras de árboles, la Rochapea y la Magdalena con sus huertas, el Puente de San Pedro y el antiguo convento del mismo nombre. Incluso hay vistas de un mismo entorno en distintos momentos o estaciones del año, muy al gusto impresionista. Con seguridad, más de la mitad de la producción de Cabasés son este tipo de obras, lo cual resulta bastante lógico ya que eran los temas que tenía más a mano, dada su “falta de tiempo”.
El resto de obras son paisajes navarros. En la exposición de 1981 en Pamplona aparecen obras de Belagua e Isaba, algo bastante reiterado, de Echarri, Lizaso, Tudela. Monreal, etc., en fin, rincones de prácticamente toda nuestra tierra.
Aparte de todo ello tan solo aparece alguna obra de Asturias, fechadas en los años treinta. Su ocasional estancia en aquellas tierras parece deberse a que un hermano suyo, ingeniero de profesión, estuvo trabajando allá durante algún tiempo. Deben de ser sus únicas obras con temas ajenos a nuestra Comunidad.
En su obra, Antonio Cabasés demuestra una gran sensibilidad para plasmar el paisaje elegido. Es un artista que busca la sencillez en sus composiciones, que resultan siempre muy ordenadas. Trata los temas con una gran suavidad, elegancia y pulcritud. Todo ello parece consustancial con él y con la propia profesión que desarrolló. En general, se decanta en su producción por tonalidades suaves y tenues, sin que existan contrastes excesivos. Prácticamente no encontramos colores intensos o tonalidades fuertes. Se inclina más bien por colores pálidos, verdes, amarillentos, ocres y azulados. Y con gran entusiasmo por la luz. Ella, con sus diferentes tonalidades, es algo fundamental en esta obra, quizás el elemento básico a considerar. Fue, igualmente, un buen dibujante.
José Mª Muruzábal del Solar es Historiador del arte navarro

1 comentario:

Anónimo dijo...

No me he podido resistir, después de leerte y despertarme recuerdos casi olvidados.
También fui ala Casita con sor Cecilia y sor Pilar , recuerdo también a sor Agapita rechoncha y con gafas que nos ponía las inyecciones,recuerdo las imágenes del jardín del arcedianato que se veian de las ventanas.
Nací en zapateria 40, la satreria de cabases la recuerdo solo de oídas, si recuerdo muy bien camiseria camino.
Te agradeco que me hagas desolvidar tantos recuerdos con tu blog
Muchas gracias

Aun veo a hojalata toreando de verdad en la cocina de casa