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sábado, 25 de marzo de 2017

El Portal Nuevo en el Louvre


Lo que ayer nos enseñó Ekaitz Santazilia nos dejó sorprendidos. Se trata de un cuadro del pintor francés Charles le Brun (1619-1690) que ha visto expuesto en el Louvre. 
Jesús, con la cruz a cuestas es arrastrado hacia el Gólgota, el monte Calvario (ver izquierda de la imagen) que, como decimos en Pamplona, se encontraba "fuera puertas". 
"¡No sabía yo que el Calvario de Jesucristo fue en la Taconera!", nos decía Ekaitz.
Algunos, forzando en demasía, dicen que "la Taconera" proviene del vasco ateak-en-arat ("de las puertas hacia afuera"), pero no es ahora el momento de hablar de este nombre romance ("La Taconera", sin variación desde 1276). Próximamente lo haremos.
Ahora se trata simplemente de señalar las evidentes coincidencias entre el cuadro de Charles le Brun y nuestro Portal Nuevo de Víctor Eusa
De ver, a través de las imágenes que han llegado hasta nosotros la evolución de este portal desde 1900 ca. hasta como lo conocemos hoy, tan parecido a la imagen del cuadro. Tan parecido que alguno sospechará que Eusa se inspiró en el cuadro para realizar el portal.
Y de recordar dónde estuvieron las primeras "cabinas telefónicas" de nuestra infancia.

1. Portal Nuevo. 1900ca.

2. Interior del Portal Nuevo con el cuerpo de guardia y la caseta de arbitrios. 1906 A. Gª Deán.

3. Vista del Portal Nuevo desde el exterior de la ciudad. 1906  A. Gª Deán.

4. Portal Nuevo reformado con su pasarela metálica. Julio de 1908  A. Gª Deán

5. Portal Nuevo reformado con su pasarela metálica y tranvía del Irati. 1910ca.  Viuda de Rubio.

6. Portal Nuevo y mirador de la Taconera, en lo que fue el baluarte de Gonzaga. 1932  J. Galle.

6 bis. La misma zona vista desde mayor altura

7. Vista del Portal Nuevo reconstruido en su forma actual por Víctor Eusa en 1950. 1954  J. Cía.

8. Primeras cabinas telefónicas de nuestra infancia
Las dos torretas de encima del Portal. En los años 50 descubrimos que, colocándonos cada uno en los ángulos internos opuestos de los cuadrados base de estas torretas (para entendernos, donde algunos guarros hacían pis) y hablando hacia la pared (dándonos la espalda), no había que levantar la voz para escucharnos perfectamente. Fueron nuestras primeras cabinas telefónicas, y sin tener que echar moneda.
Enseñádselo a vuestros hijos y nietos, que no se pierda esta bonita -y barata- tradición.

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