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martes, 17 de enero de 2017

Mi alumno Jon


Hacía varios años que quería contar esta trágica historia pero, por más que miraba, no encontraba las pruebas que me confirmaran las desgraciadas noticias que, sobre mi alumno Jon, me fueron llegando a lo largo de los años.
Ayer, cuando en Facebook me entró la notificación de un artículo de Pascual Tamburri que empezaba "Hace 35 años ETA asesinó José María Ryan...", me acordé inevitablemente de Jon y -esta vez sí- he dado con las pruebas. 
Así que, a pesar de la tristeza, muchas gracias a Eva y a Pascual.

La manifestación del 09.02.81 en San Sebastián
El 6 de febrero de 1981 -hace casi 36 años- apareció cerca de Galdácano el cadáver de José María Ryan Estrada, secuestrado ocho días antes en Bilbao. 
Yo trabajaba entonces en el Instituto Bidebieta de San Sebastián y, junto con unos cuantos compañeros, acudimos a la manifestación del lunes 9 de ese mes que, bajo el lema “Euskadi paz y libertad- Euskadi Pakea eta askatasuna”, habían convocado el PNV, PSOE, PCE y EE. Fue la manifestación más multitudinaria que se había desarrollado en San Sebastián hasta entonces.
Pero lo más importante no fue el número de manifestantes, sino que esa manifestación demostró a las claras que los ciudadanos vascos y demócratas podíamos derrotar en la calle a ETA y a sus acólitos.
Desde el comienzo y durante todo el recorrido, las provocaciones, insultos y pedradas de grupos (jamás les llamaré radicales) de Herri Batasuna (los amigos del actual Alcalde de Pamplona, no se olvide) fueron dejando por el camino desde Alderdi Eder y el Boulevard un reguero de heridos. Pero los manifestantes estábamos decididos y mantuvimos firme nuestro coraje ciudadano. 


La batalla del Puente del Kursaal
Cuando volvíamos de Gros -para terminar alrededor del quiosco del Boulevard- y comenzamos a atravesar el Puente del Kursaal, los piquetes de HB se apostaron al otro lado del puente impidiéndonos el paso a pedradas. Una de ellas golpeó al lehendakari Leizaola (84 años y amigo de la actual Presidente de Navarra, no se olvide) rompiéndole la clavícula. Algunos devolvían las piedras, pero no había nada que hacer. Ellos estaban pero que muy bien pertrechados. 
De repente, del grupo de matones salieron una docena para golpear a una persona mayor que se encontraba solo en medio del puente, junto a la barandilla que mira al río. Fue el disparo de salida. Todos en bloque, como un solo hombre, nos lanzamos a por ellos. A pesar de las pedradas, no reculamos, y salieron despavoridos, como conejos, a refugiarse en su madriguera: las calles de la Parte Vieja. 
Tomamos el Boulevard y la manifestación -hasta entonces silenciosa- empezó a corear eufórica las consignas más bellas que jamás he vuelto a oír: "ETA kanpora!", "¡ETA, dimite, el pueblo no te admite!". Y una que os va a extrañar, pero es que entonces todavía no estábamos muy seguros de que toda la policía hubiera hecho la Transición: "¡Policía para qué, ya tenemos a HacheBé!" (HB, Herri Batasuna).
Consignas totalmente desconocidas -hasta ese día- en las concentraciones habidas en las calles donostiarras. Y que ya no volví a oír hasta 20 años después, con ¡Basta Ya!
[Desgraciadamente, -como otras veces por otros motivos- y para confirmar nuestra prevención hacia la policía, esa unidad democrática saltó hecha añicos en cuatro días. El 13 de febrero Joseba Arregi murió, después de haber sido torturado en la Dirección General de Seguridad de Madrid por miembros de la Policía Nacional.]
Una buena clase de Filosofía
Como os podéis imaginar, la clase de Filosofía (no recuerdo si de 3º de BUP o de COU) del día siguiente estuvo dedicada a tratar con esos alumnos de 16-17 años los motivos y sucesos de la gran manifestación del día anterior. Al terminar la clase, Jon (su apellido nos destrozaba todas las listas a los profes) se acercó a mi mesa y, casi llorando, me dijo que él había estado tirándonos piedras, pero que se había dado cuenta de que había hecho mal y que no lo volvería a hacer. Lo vi tan sincero que ya nunca más me preocupé de él y seguimos manteniendo muy buena relación en las clases, celebraciones (divertidísmas, por cierto) y cenas del Instituto.

1992
Jon dejó el instituto y lo perdí de vista. Pero, por amigos comunes, supe que era un cargo importante en LAB. Inmediatamente me puse en alerta. 
Un día de 1992, viendo el telediario, oí que habían sido detenidos miembros de LAB que chantajeaban a los empresarios (el -mal llamado- "impuesto revolucionario"). Creo recordar que habían sido grabados por alguna cámara de la ertzaintza. Pronto me hicieron saber que uno de ellos era Jon.
  • El País: El dinero recaudado era entregado a Jon Andoni Solagurenbeaskoa, delegado en Oiartzun (Guipúzcoa) del sindicato LAB. Este entregó las llaves de la sede sindical al comando fiscal para ocultar el fruto de la extorsión. 
Las Peñas de Aya, vistas desde Oyarzun. Jon tuvo que verlas muchas veces
2003
Al tiempo me llegó la fatídica noticia de que Jon había estado preso varios años y se había suicidado tras salir de la cárcel. Desde entonces no había podido confirmarlo... hasta hoy:
  • Rafa Bandrés Efemérides Errenteriarras: "Falleció, a los 42 años en Oiartzun, el errenteriano y miembro del Comité Nacional del sindicato LAB, Jon Solagurenbeaskoa"
  • El Periódico: El miembro de ETA Jon Solagurenbeaskoa se suicidó el 16 de octubre en la localidad guipuzcoana de Oiartzun, según informaron ayer fuentes municipales. El terrorista había sido condenado en 1993 a seis años de prisión por colaboración con ETA en el cobro a empresarios del llamado impuesto revolucionario. Solagurenbeaskoa murió ahorcado, aunque el departamento de Interior del Gobierno vasco se ha negado a dar datos sobre su investigación.
No puedo evitar pensar que ETA, además de segar la vida de 850 personas, ha llenado de mierda, de heces (ETA HEZ), esta tierra, convirtiendo en asesinos, chivatos, chantajistas... a chavales de buen fondo, algunos de los cuales no han podido resistirlo. 
¡Ojalá Jon haya sido uno de estos últimos!

Así fue la historia, pero así la quieren contar:

2 comentarios:

Alex Zabalegui dijo...

Esta historia me recuerda mucho a otra que yo viví. La verdad es que se revuelven las tripas viendo cómo funcionó toda esa maquinaria de reclutamiento y acción. Cómo niños, adolescentes y personas "maduras" han sufrido y ocasionado angustia y dolor.
Todos los que decidieron no vivir en paz y han fallecido, descansen al menos con ella.

José Alfonso Romero P.Seguín dijo...

Me parece importante reproducir a la hora de escribir el rato del terror de ETA, el testimonio de todas esas personas de ETA que fueron víctimas de ETA. Personas que se vieron abocadas a colaborar con la banda, por el mero de hecho de temerla o el de congraciarse con ella y sus cómplices.
En el libro La hija del txakurra, dedico varios relatos a narrar la experiencia de personas que se vieron atrapadas en la enredadera del terror. Lo hago en el convencimiento de que solo así se puede entender tanta infamia.
Un fraternal abrazo.