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martes, 25 de octubre de 2016

Los fascistas cazan en la universidad


Universidad Autónoma de Madrid. Aula Magna "Tomás y Valiente". Como en 1993, otra vez los fascistas han impedido a Felipe González dar una conferencia en la misma Universidad. Esta vez, tapándose la cara con capuchas, carteles, pancartas. Para más inri, con una compañía indeseable para cualquier joven universitario con dos dedos de frente: los que defienden a quienes, allí mismo, asesinaron a Tomás y Valiente.
Cuando he visto que le achacaban a Felipe lo de la "cal viva", me he acordado de Juan Mari Jáuregui, con quien compartí militancia en el Partido Comunista en los 70. 
Juan Mari, vasco de pura cepa, Gobernador Civil de Guipúzcoa mientras Felipe era Presidente, se preocupó del esclarecimiento de los más condenables episodios de la guerra sucia (Lasa y Zabala...). ETA le pagó el favor de haberse enfrentado a Galindo como solía hacerlo: con dos tiros en la cabeza. 


¿Universitarios? Ingenuos como parvulitos
Los fascistas cazan en la universidad
Esther Esteban
Estudié periodismo en la Universidad Complutense y Psicología en Autónoma de Madrid en los primeros años de la Transición, cuando el país todavía tenía el miedo metido en el cuerpo, tras la muerte del dictador. En las asambleas de estudiantes, que entonces eran multitudinarias, había de todo: comunistas, troskistas, maoístas, socialistas, democristianos, liberales y representantes de un amplio abanico de ideologías, que teníamos como denominador común el ansia de democracia y libertad.
Lo único que temíamos -además de las cargas policiales de los “grises”, que eran muy habituales entonces- era que aparecieran los franquistas, jóvenes fascistas que entonces mayoritariamente militaban en un movimiento denominado “guerrilleros de Cristo Rey”, y solían venir de vez en cuando “a la caza” de los demócratas. Venían con su correaje para la ocasión, la cara tapada, armados con cadenas a boicotear los actos políticos y las asambleas. Les llamábamos fascistas y poníamos las manos arriba en señal de no violencia, apelando al valor de la palabra, a la fuerza de la razón y repudiando la razón de la fuerza. Imponían su voluntad como matones, nos apaleaban y solían impedir a los conferenciantes -políticos de izquierdas en su mayoría- que hablaran. Boicoteaban los actos pensando que el miedo nos paralizaría, cuando exactamente provocaban el efecto contrario y su violencia nos reafirmaba nuestras convicciones de demócratas.
Entendimos la Transición no como un borrón y cuenta nueva de todo lo que había pasado en este país, sino como una forma de mirar hacia adelante y poder conformar una sociedad que se empapara de la democracia y la libertad que nos había sido arrebatada por la dictadura. Luchábamos contra la injusticia con vehemencia, nunca con violencia, pensando que el terreno que perdiéramos en términos de libertades, nos sería arrebatado para siempre y tardaríamos años en poder conseguirlo.
¡No me extraña que no deis la cara!
Pensé que esas imágenes de persecución ideológica en el templo de la sabiduría, el respeto al diferente y la tolerancia, no se volverían a repetir en una universidad española ya con una democracia consolidada, pero me equivoqué. El otro día me dio la sensación de estar en una especie de túnel del tiempo cuando vi a los de la “cara tapada” impedir que Felipe González participara en una charla coloquio en la Universidad Autónoma. No tengo razones ni pruebas para pensar que es el partido de Pablo Iglesias quien se mueve entre bambalinas de estos escraches. Lo que sí lamento es que esos dirigentes de la formación morada, muchos de ellos profesores universitarios, sean tan remolones a la hora de salir ante la opinión pública repudiando que estos atentados contra la libertad de expresión y la democracia se produzcan en las aulas. Eso unido a que Podemos ha decidido endurecer su discurso y volver a la presión de la calle ha sido suficiente para que algunos vieran su sombra tras el acto vandálico. Pablo Iglesias dijo después que no compartía esa forma de protesta pero añadió que “es saludable que los estudiantes tengan la suficiente memoria como para protestar y decir que no es bonito que en un centro universitario intervenga quien saca pecho por el terrorismo de Estado”. Le faltó insistir también en que esa memoria de los estudiantes sirva para recordar a los que lucharon por la libertad y contra el fascismo y uno de ellos fue precisamente Felipe González. ¡Maldita desmemoria!
Esther Esteban es comentarista política 

1 comentario:

Ispan dijo...

Habría que ver si los que aparecen en la imagen detrás del presoak etc y de lo símbolos de determinada formación política,son universitarios en fin esto es indiferente para calificar la actuacion para acallar lo que pudiera decir un expresidente del gobierno.Lo que expresan con su actitud es propia de las actuaciones de los pardos nazis y de los bermejos estalinistas con sus militantes de acción, tan enemigos y tan iguales que llegaron a pactos para agredir a Polonia.Qué semejantes a los actos de las turbas cabe al Caribe que para algunos es el summum de la democracia aunque mantenga a la oposicion en prision.Ya en otro orden de cosas esos reivindicadores de los comuneros burgueses ni saben historia ,ni siquiera la inmediata a partir del 20 de noviembre de 1975 ,ni saben que el color Castilla no era el morado,sino el rojo carmesí y que el morado era el del rey al menos desde siglo XIX y con antecedentes que se remontan hasta el siglo XV y XVI.