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martes, 13 de septiembre de 2016

Alfredo Arizmendi: Reflexiones ante las elecciones vascas


Frente a quienes se empeñan en lavar la imagen de Otegui presentandolo como un "hombre de paz", "el Mandela del Norte", este acertado artículo de mi buen amigo Alfredo denuncia la maniobra de maquillaje  y llama la atención sobre quienes todavía pretenden tratar el terrorismo, reciente, como algo abstracto o de otra época, por el hecho de que ya no haya muertos, heridos ni secuestrados.

Alfredo Arizmendi: Reflexiones ante las elecciones vascas
Si no fuera porque ya lo conocemos, bien pudiera engañarnos y pasar por un tipo decente. No gasta las facciones de un Zabarte o un De Juana. Ni siquiera las de un Idígoras, a quien Marsé calificara en su día de “rostro mineral”. Visto ahí, en el cartel que le pergeñaron para su fallida candidatura a Lehendakari, se diría que es un cincuentón sin tacha. Sobre un fondo de un gris funcionarial, nada queda del atuendo oficioso del gudari. Americana oscura, camisa blanca, fuera el pendiente, todo formalidad. Al pie, en colorido contraste con un conjunto más bien frío, se diría que un niño ha organizado sus piezas de colores para escribir un apellido:  Oteg(u)i.
Es tan chiquitito, que
 hay que fijarse mucho
Si algo sabe el radicalismo vasco es parasitar ("junto al alimento") causas ajenas. Es conocida la afición a identificarse con cualquier pueblo oprimido allende la muga; Irlanda, el Sahara, Palestina, Sudáfrica… poco importa que las semejanzas sean superficiales. La sola mención de un “pueblo en lucha” agita el círculo abertzale en busca de solidaridades arrendadas. El reciente intento de conversión de Otegui en el Mandela del Norte no es más que la quintaesencia de este proceder. No es ya la legitimidad –mayor o menor- de las causas lo que el abertzalismo trata de parasitar. Lo que busca es apropiarse del prestigio personal de los actores. Entre  Otegui y Mandela, sin embargo, el parecido es tan vago que el simple intento mueve a risa.
No. Por muy bien que lo envuelvan, no nada hay de Mandela en Arnaldo  Otegui. Se suele repetir que ha optado por la vía política. Sí, pero el verdadero mérito está en repudiar el terrorismo por principio, no en dejarlo cuando no queda más remedio. Lo cierto es que a  Otegui, según sus propias palabras, la parte militar le “sobra y estorba”. No es que moralmente le repugne, que es lo que nos pasa a otros. No hay ni un escrúpulo, sólo estrategia y conveniencia. La diferencia, nada sutil, parece que se le escapa al coro que entona lo del “Hombre de Paz”.
En su discurso tras salir de la cárcel,  Otegui dijo alegrarse de que “haya mucha gente que vivía con escoltas, que vivía acosada, según decían ellos, y que hoy pueda vivir en paz y en libertad”. La esencia cívica de  Otegui se contiene en esas simples palabras, puestas ahí como a voleo: “según decían ellos”. Como si fuera un cuento, o un mal sueño, o una historieta infantil.
El inciso, sin embargo, no es casual. En el momento en que se libra la batalla por el relato,  Otegui, con tres palabras, convierte actos demostrados de terrorismo en una especie de percepción anómala por parte de las víctimas. No me imagino a nadie diciendo, por ejemplo, que “los judíos durante el nazismo estaban, según decían ellos, condenados al exterminio”. No creo que ni una sola víctima del terrorismo haya hablado por hablar. Más bien han callado, y mucho.
Según dice  Otegui, ahora se vive en paz y libertad. Quizá tenga parte de razón, pero no sé qué paz pueden sentir los familiares de cientos de víctimas cuyos casos están sin resolver. Ni qué pueden sentir los familiares de aquellos cuyos asesinos campan en carteles, pancartas, "gaztetxes", brindis, "kalejiras" y otros actos de homenaje popular. No sé qué libertad experimentan aquellos ciudadanos que, por miedo, aún callan lo que de verdad piensan en bastiones radicales como Olazagutía o Echarri-Aranaz, o las decenas de miles que pagaron la libertad al precio de exiliarse del País Vasco.
En el cartelón electoral al que me refería al inicio de estas reflexiones,  Otegui invitaba a su grey a “volver al campo y dar lo mejor”. Como si lo que hasta ahora han dado a la sociedad fuera algo bueno y estuviéramos en la hora del virtuosismo. Nada de eso. El complejo ideológico-mafioso que representa  Otegui ha hecho (y sigue haciendo) mucho mal, y quizá algún sincero acto de contrición sobre el daño causado les daría más credibilidad que cualquier habilitación jurídica.

(pincha para leer mejor)
El día 24, cuando los vascos estén reflexionando sobre su voto, se conmemorará el XIV aniversario del asesinato del cabo Juan Carlos Beiro, en Leiza. Conviene no olvidarlo, porque se empieza a tratar el terrorismo como algo abstracto o de otra época. No hay muertos, heridos ni secuestrados, y es cosa de la que debemos alegrarnos. No obstante, no se ha hecho justicia a todas las víctimas, y esa pátina de irrealidad que parece depositarse sobre el terrorismo en virtud de su creciente distancia temporal aumenta la injusticia y la ignominia. Nuestra responsabilidad, y es la reflexión final a la que les invito, es no olvidar quiénes están detrás del cincuentón “sin tacha” del cartel gris
Alfredo Arizmendi Ubanell es médico 

Nota de Desolvidar: He escrito "Otegui" y no "Otegi" porque, aunque él y Bildu desean escribirlo sin "u", lo que dice su DNI es "Otegui", según una de las penúltimas (2010) sentencias a las que he tenido acceso.

3 comentarios:

Echenique dijo...

Javier Ruperez, que fué secuestrado por Otegui, lo tiene muy claro: Otegui no tiene biografía; tiene historial delictivo y ese historial no se borra ni con el agua del Jordán, máxime no dando muestras de arrepentimiento alguno. Lo mejor que puede hacer el resto de sus días es tratar de reparar el enorme daño causado a sus víctimas.

Ispán dijo...

Una buena carrera desde su incorporación al grupo de bandidos de ETA . Secuestrado el sr.Ruperez por los integrantes del comando etarra “calimocho “, se absolvió a Otegui por falta de pruebas al no poder ser reconocido por aquel. Intento de secuestro de Don Gabriel Cisneros, y le descerrajaron al fracasar en el mismo varios tiros ,hiriéndole gravemente. Fue juzgado por ello entre otros Arnaldo Otegui y resultó absuelto. Don Gabriel tenía muy claro quien participó en dicho secuestro intentado y tentativa de asesinato.Fue condenado el alabado en su momento por el expresidente Sr.Rodriguez por el secuestro del sr.Abaitua metido en una cueva , por el caso Bateragune etc etc.
¿ El Mandela del Norte? . Nada, lean el libro El Largo Camino hacia la libertad de Mandela y luego díganme en que se parecen ambos personajes. Observen la situación de régimen apartheid en Sudáfrica . Vean la situación de tiranía que soportaba la mayor parte de la población: negra, hindúes etc por la minoría blanca.
En algo si encuentro parecido , en la situación de exclusión social que se ha sufrido por los que no eran afectos al separatismo y la presión de toda clase que soportaron, sobre todo en los pueblos de Vascongadas y aún de Navarra, amen de ese exilio de vascos a otras partes de España .Desde mediados del siglo XIX no s e había producido semejante salida , apostaría que ni en la guerra civil.

Anónimo dijo...

Me sorprende que una UPN permeada de mediocridad no fiche a Arizmendi. En UPN aún es mejor saber chupar culos que escribir divinamente.