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miércoles, 31 de agosto de 2016

Resuelto el enigma del Reloj de Sangre de la Ciudadela

(1) Postal de Roisin (2) Ciudadela de Pamplona,hoy, (3) Ciudadela de Jaca
Esta estrada es continuación de  Un Reloj de Sangre en la Ciudadela pamplonesa


Aunque no sepamos por qué se llama reloj de sangre a los toques de campana, sí parece claro -al menos en el lenguaje militar- qué puede ser un reloj de sangre.
Y volviendo a la Ciudadela de Pamplona, a la postal de Roisín, ¿no pudo haber habido -quizás en la estancia que está sobre la puerta de entrada- una campana (2ª hipótesis) por la que se rigieran las actividades de los militares en la Ciudadela? Esta misma mañana voy a darme una vuelta por ahí, a ver si encuentro alguna señal de su existencia.
¡Hay que buscar esa campana!

Demasiada reforma para encontrar nada
Así terminábamos esa entrada.
He ido a la Ciudadela, en busca de esa dichosa campana, o de algún vestigio, información... de su existencia y, cuando he llegado a casa me he encontrado con este bendito correo que me dice que esa campana existe, pero que está...    ¡¡¡en Jaca!!! Mirad con atención la triple imagen de cabecera
Hola, Patxi:
Pues  a la vista de estos nuevos datos, creo que algo de eso pudo haber en Pamplona. Te lo digo porque en la ciudadela de Jaca, empezada en 1598 y cuya puerta parece calcada de la puerta principal de la nuestra, la que da a la avenida del Ejército (aunque la aragonesa felizmente conserva su integridad, con los fosos, puente, etc.), encima de la logia (ver 4ª acepción) de arquillos de medio punto de la torreta se mantiene todavía una espadaña de tres huecos, del tipo de las que tienen muchas ermitas e iglesias conventuales, en uno de los cuales se puede ver todavía la campana que servía para los avisos y llamadas a la guarnición de la fortaleza. Y algo así pudo haber habido aquí, aunque no aparece dibujado en los dos planos en perspectiva que se han conservado, que datan de hacia el año 1600.    Como se suele decir, siempre hay tiempo para aprender algo. Saludos cordiales
J. J. Martinena


Puerta principal y espadaña con su campana, desde el patio de armas de Jaca
Como veis, parece que a Martinena le convence esta 2ª hipótesis del Reloj de Sangre como una campana que, accionada por un centinela, regía las actividades del mundo militar.
Y él mismo nos ha facilitado el dato que nos faltaba para que todo cuadrase: la puerta de entrada de la Ciudadela de Jaca, gemela de la de Pamplona, guarda -encima  de la puerta principal- una estancia similar a la que tiene Pamplona y, sobre ella, una espadaña con una campana que, si alguna vez existió en la vieja Iruña, no ha dejado otra huella que la enigmática expresión de la postal de Lucien Roisin: "Pamplona, Portal de entrada y Reloj de Sangre de la Ciudadela".

Parte interior de la techumbre del que -desde hoy- es el Reloj de Sangre
Ya dijimos que la precisión de Roisin era proverbial y que es difícil pillarle en algún error en sus postales. Por ello, desde un principio pensé que de algún sitio habría sacado  él esa expresión tan sorprendente. Y si nunca hubo espadaña en Pamplona, sí tuvo que haber campana, quizá colgada de la techumbre, en el interior de esa estancia que no tiene nombre, pero a la que desde hoy podemos llamar "reloj de sangre", como, al parecer, hace Roisin.

Por mí (aunque todavía no sé por qué llaman los militares "reloj de sangre" a esa campana), enigma resuelto. A partir de ahora, cuando vea la postal de Roisin y su "reloj de sangre", ya sabré dónde mirar. Y os agradezco a todos los que habéis ayudado con vuestros comentarios, o siguiendo con interés la marcha de esta apasionante investigación. Y muy especialmente a Pedro Novella y Juan José Martinena, sin cuyas  aportaciones hoy seguiríamos inquietos, sin poder dormir a pierna suelta, como haremos hoy.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Patxi, no creas que me he quedado convencido al 100%, pero sí te he de decir honestamente que de todas las teorías que he leído o escuchado hasta la fecha, esta última me parece la más razonable y la que tiene mayor sentido. Y es que los archiveros, un poco como Santo Tomás, hasta que no vemos las cosas en un documento original, no nos las creemos del todo (A veces, ni aún así. Y es que somos una fauna un tanto especial) Juan José Martinena