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sábado, 27 de agosto de 2016

Ramonchín chiquitín


1. El hombre de Netol
Era al comienzo de la calle Mayor. Calculo que entre Ortega (nº 1) y La Zapatillera (nº 17). Hubo -en ese tramo de los números impares- una droguería que lucía un curioso termómetro en el que, además de la temperatura,  un mayordomo con unos mofletes interminables (parecía que se le había atravesado un bote del producto) anunciaba el limpiametales Netol. Ese mayordomo era conocido como "el hombre de Netol", y a todos los niños nos resultaba muy simpático. Pero a Ramón (en los comienzos de los años 50, Moncho) lo volvía loco. 
Solíamos ir toda la familia a pasar la tarde del domingo a la Taconera. Pues no sé cómo se las arreglaba pero, desde bien pequeño, se daba cuenta de que ya nos acercábamos al hombre de Netol y, desde el cochecito de niños, exigía que se le aupara porque quería darle un beso. Mi padre era el único que podía hacerle llegar hasta la cara del mofletudo. Eso, a la ida y a la vuelta.
¡Y no te digo nada si alguna vez se le olvidaba y se daba cuenta, a mitad de la calle Mayor, de que no le había dado el beso! Había que volver, porque la pataleta era morrocotuda.

2. El balón encalado y pinchado
Viviendo en el entresuelo del 18 de la calle Dormitalería, algunas veces, en vez de ir al Redín -que era lo más habitual- jugábamos en el atrio de la Catedral. No recuerdo por qué motivo -seguramente sería por su cumpleaños, un 27 de agosto, tal día como hoy-, apareció Moncho en el atrio con un balón debajo del brazo. No era de esos balones "de reglamento", que decíamos, ni tampoco de goma. Era un balón de plástico de un color muy vistoso. Estaban los amigos de mi hermano mayor (7 y 9 años mayores que nosotros) y le pidieron que lo pusiera en juego. Pero Moncho -que no estaba por la labor- lo agarraba aún con más fuerza. Entonces uno de ellos se lo quitó, por detrás y a traición, y le dio una fuerte patada al balón, que subió muy alto. Fue la única patada que recibió jamás ese bonito balón porque, al bajar, quedó perfectamente clavado en la lanza de una de las verjas que cierran el atrio. Nunca he visto en mi vida mayor frustración general. Y no veas la desesperación del pobre Moncho viendo su balón, recién regalado, aún sin estrenar, pinchado en la lanza: "¡¡¡ me lo vas a pagar, me lo vas a pagar, me lo vas a pagar!!!". El mayor no sabía dónde meterse, avergonzado de la que había hecho. A pesar de que se le veía arrepentido, creo que todavía no se lo ha pagado.

3. Ramonchín chiquitín
Ramón, Moncho, Ramonchín... No sé de dónde salió (ahora sí: ayer me enteré) pero solíamos cantarle a Moncho una canción preciosa:
Ramonchín, chiquitín, se quería casar y quería vivir a la orilla del mar; y quería llevar pantalón y fusil, por eso le llamamos Ramonchín chiquitín.
La canto más despacio de la cuenta para que dé tiempo a ver bien las fotos.
¿Ramonchín, chiquitín, se quería casar? Con 7 u 8 años no es edad de pensar en eso y menos aún si tenemos en cuenta que a Ramonchín no le faltaban amiguitas con las que jugar a la guerra, a subirse a los árboles... Y otras, más tranquilas, con las que pasear y charlar de sus cosas. Vamos, que a pesar de algún disgustillo, Ramonchín tuvo una infancia feliz




¿Y de dónde viene esta bonita canción que le cantábamos a Moncho?
Ayer mismo lo descubrí. La preciosa jota castellana (ver letra) de La Rosa del Azafrán, con una música muy similar y tramos de letra exactamente iguales, creo yo que es la candidata a preceder a la tonada que le cantábamos a Ramonchín.
A ver qué os parece:



¡Ah, que no se me olvide! Muchas felicidades, Ramón, en el 65 aniversario de tu nacimiento. Te deseo que seas tan feliz como lo fuiste de niño

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, Patxi: Respecto a este "desolvidar", que me ha hecho mucha gracia, solamente decirte que la versión que me cantaban a mí de pequeño decía Manolín en lugar de Ramonchín -posible adaptación casera al nombre de tu hermano- y concluía con lo de "a la orilla del mar", sin incluir lo del fusil. Y eso que mi difunto padre era militar...
Respecto al inefable termómetro del Netol, no sé si recordarás que hasta hará cosa de 20 o 25 años hubo otro igual en el 2º Ensanche, en la droguería Tirapu, en la calle Leire, esquina con Bergamín, cerca del bar Alhambra, hoy prestigioso restaurante.
Que tengas una buena y productiva semana
J. J.Martinena

Anónimo dijo...

Por cierto. El mayordomo del netol es clavadito a ZP