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martes, 16 de agosto de 2016

El día 15 de agosto pasé por la morería


Este año por fin ha habido suerte y me he acordado. 
Hasta ahora siempre se me pasaba la fecha, pero este quince de agosto, nada más levantarme, he entonado el romance que aprendí de niño y que empieza con el título de esta entrada. Por si acaso, lo he comprobado con una hermana de la que he recibido una ayuda fundamental para mostraros cómo era el comienzo y cuál era la tonada que empleábamos.
En esta conversación matinal podéis escuchar nuestra versión familiar:


En internet sólo hay otra página que empiece el romance con "El día 15 de agosto pasé por la Morería...". Pero, aunque seamos pocos, lo tenemos muy claro.
Es maravilloso cómo han llegado hasta nosotros estos romances, seguramente nacidos al terminar la reconquista, allá por el siglo XVI. Dice mi hermana que si la Enciclopedia Álvarez... Seguramente, pero yo creo que sobre todo nos ha llegado por transmisión oral. Lo aprendimos de niños, quizás en la escuela, pero más en casa y en la calle.
Alejandro Ciarra -en el libro que recoge las canciones infantiles en las calles de Pamplona, allá por los años 40- no olvida algunos romances que hablan de reyes moros y de pobres lanceros que, sin duda, guardan cierto parentesco con éste de la hermana cautiva. Y fue también en las calles donde aprendimos ese de "En Cádiz hay una niña que Catalina se llama...".
Así pues, yo pienso que fundamentalmente ha sido la transmisión oral la responsable de que este emotivo romance haya llegado hasta nosotros.
Eso explica también la multitud de versiones que aparecen en la red, extendidas por toda España.
De todas ellas, la que más me ha gustado ha sido ésta:

El día quince de agosto
Romance anónimo, del siglo XVI, que narra una historia de la época de la Reconquista, cuando los moros luchaban contra los cristianos


El día quince de agosto,
pasé por la morería
y vi una mora lavando
al pie de una fuente fría.

- ¡Apártate, mora bella!
¡apártate mora linda!
que va a beber mi caballo
de ese agua cristalina.

- No soy mora, caballero,
que soy cristiana cautiva;
me cautivaron los moros
siendo yo muy chiquitina.

- ¿Te quieres venir conmigo?
- De buena gana me iría,
mas los pañuelos que lavo,
¿dónde me los dejaría?

- Los de seda y los de Holanda,
 Aquí, en mi caballo, irían,
y los que nada valieran
la corriente llevaría.

Al pasar por la frontera,
la morita se reía;

y el caballero le dice:
- ¿De qué te ríes, chiquilla? 

- No me río del caballo,
ni tampoco del que guía.
Me río al ver estos campos
que son de la patria mía.

Al llegar a aquellos montes,
ella a llorar se ponía.
- ¿Por qué lloras, mora bella,
por qué lloras mora linda?

- Lloro porque en estos montes
mi padre cazar solía.
- ¿Cómo se llama tu padre?
- ¿Mi padre? Juan de la Oliva.

- ¡Dios mío !, ¿qué es lo que oigo?
¡Virgen Sagrada María!
Pensaba que era una mora
y llevo una hermana mía.

- ¡Abra usted, madre, las puertas,
ventanas y celosías,
que aquí le traigo la hija
(a la) que lloraba noche y día!





























Y dentro de internet me ha gustado este vídeo de Ernesto García Lechuga del que he extractado este trocito con una versión diferente -tanto en letra como en melodía-, pero muy similar a la nuestra:

7 comentarios:

Luis Miguel Gonzalez dijo...

Patxi, este romance me lo cantaba mi madre de pequeño, y era una mezcla de las dos versiones que apuntas. Mi madre la aprendió en su tierra, en las Alpujarras, así que fijate....
Un abrazo, Luis Miguel

Patxi Mendiburu dijo...

Me fijo, me fijo. Buenísima la información. Gracias, Luis Miguel

Gemma Sánchez dijo...

Precioso y digno de recordar, para que no se nos olvide de donde venimos...todos

Echenique dijo...

http://users.ipfw.edu/jehle/poesia/abenamar.htm
Yo me he acordado de este otro precioso romance, que me lo aprendí de memoria.

Echenique dijo...

Romance anónimo




Abenámar y el rey don Juan


«Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había.
Estaba la mar en calma, 5
la luna estaba crecida;
moro que en tal signo nace,
no debe decir mentira.»
Allí respondiera el moro,
bien oiréis lo que decía: 10
«No te la diré, señor,
aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro
y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho 15
mi madre me lo decía:
que mentira no dijese,
que era grande villanía:
por tanto pregunta, rey,
que la verdad te diría. 20
«Yo te agradezco, Abenámar,
aquesta tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?
¡Altos son y relucían!»
«El Alhambra era, señor, 25
y la otra la mezquita;
los otros los Alijares,
labrados a maravilla.
El moro que los labraba
cien doblas ganaba al día 30
y el día que no los labra
otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,
huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas, 35
castillo de gran valía.»
Allí habló el rey don Juan,
bien oiréis lo que decía:
«Si tú quisieras, Granada,
contigo me casaría; 40
daréte en arras y dote
a Córdoba y a Sevilla.»
«Casada soy, rey don Juan,
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene 45
muy grande bien me quería.»

(De: Antología de los mejores poetas castellanos, Rafael Mesa y López. Londres: T. Nelson, 1912.)


Estrofa/tipo de poesía: Romance (ocho sílabas con asonancia en los
versos pares)

Pilar G dijo...

El romance de Don Boyso, de tradicion oral leonesa habla de lo mismo. Federico Garcia Lorca lo hizo cancion que canta magistralmente Teresa Berganza. Ya veras en youtube.

Patxi Mendiburu dijo...

Visto. Muchas gracias, Pilar G. Lo que ocurre que eso ya son elaboraciones muy posteriores y muy poco populares. Tiene, para mí, más interés conocer el origen