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jueves, 14 de abril de 2016

"María, Mariaza", por la madre de Rafa


Cuando luego oigas a Mª Paz Bajo, la madre de Rafa, recitar la historia de "María Mariaza", ¿dirías tú que, recién, acaba de romperse la cadera, el cúbito y el radio? Pues sí, un tropezón al salir del taxi, pero ahí está con un temple envidiable, enseñándole a su hijo -que anda bastante despistado- los secretos de la Catedral.
Cuando, con 15 años, escuché de labios de D. Martín Larráyoz esta bonita historia, esto fue -más o menos- lo que me contó:
Una señora que vivía en la calle Dormitalería, cuando por las mañanas iba al mercado de la Mañueta, entraba al Claustro por el Arcedianato (¡qué bonito era!) y, subiendo uno o dos escalones, tocaba con su mano el pie de la Virgen y le decía: "¡Buenos días, María Mariaza, cara de calabaza! Quédate con Dios, que yo me voy a la plaza". A la Virgen aquello le hacía mucha gracia y con una sonrisa le decía siempre: "Adiós". Y así todas las mañanas. Pero un día fue sorprendida por un canónigo quien le recriminó que se dirigiera a la Virgen con tan (para él) poco respeto y de paso le enseñó una oración litúrgicamente correcta. Al día siguiente aquella mujer recitó la oración del canónigo, pero la Virgen ni se inmutó. Otro día más... y nada. Al tercer día, no sin antes asegurarse de que estaba sola, volvió a su retahila inicial y la Virgen, con la sonrisa más ingenua, volvió a decirle: "Adiós".
Como veis, una deliciosa manifestación de la religiosidad popular que sirve para explicar por qué sonríe la Virgen y qué pinta, al lado de ella, el rostro de una mujer (ver imagen de portada).
Pero cuando algo se convierte verdaderamente en popular, raro sería que no aparezcan versiones diferentes. Y esto es lo que hoy nos regala Mª Paz: una versión que yo no había oído nunca: la mujer de Dormitalería, no sólo va a la plaza, sino que hace la comida para el canónigo. Y cuando -recriminada por éste- deja de decir la retahila de "María Mariaza, cara de calabaza...", la Virgen no sólo deja de sonreír y saludar, sino que hace que se queme la comida del canónigo, con lo que éste -si quiere seguir comiendo- no tiene más remedio que consentir la litúrgicamente incorrecta oración de la mujer. Escuchad a Mª Paz, también de Dormitalería número 10:



¡Qué suerte tienen algunos de tener tan buena maestra!
Y Mª Paz, tómate con calma la recuperación que así tu hijo -y todos, si Rafa nos lo cuenta- tendremos una buena ocasión de aprender las cosicas de nuestra Navarrería

1 comentario:

Anónimo dijo...

Qué orgullo aparecer en tu blog¡¡ mi madre que tiene 91 años 15 nietos y 9 biznietos se va a sentir feliz de que la historia que le contaba su madre perdure en la RED. Eres único y tu labor de desolvidar impagable....bueno un pote con tortilla en la Servi si me aceptaras no??