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viernes, 11 de marzo de 2016

La Dolorosa, vestida para esta noche

Mª Paz Rípodas y José Manuel González colocan el manto con la ayuda de Patxi Colás y Mª Carmen Ochoa
FOTO PACHI CALLEJA
¿Recuerdas que hoy tienes una cita? ¿Sabes que ella -la pamplonesa más guapa- va a acudir con el manto de terciopelo negro bordado en oro? ¡Hasta le han puesto colirio en sus ojos llorosos!
Muchas gracias, hermanas -y hermanos- de la Soledad,  por ponerla tan bella para la procesión de esta noche 
La cita: 20:45, calle Mayor 6, donde veas las guitarras de la Cofradía de San Saturnino.
No hace falta que traigas paraguas ni plexiglás

Un manto de negro y oro vistió ayer a la Dolorosa de Semana Santa
Las mujeres de la Junta de la Hermandad de la Pasión dirigieron este ritual que acogió la iglesia de San Lorenzo  
(pincha sobre la imagen)
En un ritual íntimo, que contrasta con el nutrido acompañamiento que tendrá mañana camino de la Catedral, ayer se vistió a la Dolorosa con su atuendo de Semana Santa en el que destaca el manto de terciopelo negro bordado en oro. Con la iglesia de San Lorenzo dando cobijo a la tradición, las mujeres de la junta de la Hermandad de la Pasión -cuya sección femenina recibe el nombre de Hermandad de la Soledad- se encargaron de acicalar la talla de 1838 obra del catalán Rosendo Novas y Ballvé.
La camarera mayor de la hermandad de la Soledad, Mari Carmen Ochoa Fernández (junto a María Ángeles Gimeno Machín y María Luisa Gabás Arbués) se encargó de vestir a la Dolorosa, el único de los 12 pasos de la procesión de Semana Santa propiedad del Ayuntamiento. La tradición exige más manos y allí estaban dos “veteranas” hermanas, María Josefa Azcárate Sanz y Mari Paz Rípodas Garayoa. También contaron con la ayuda de tres integrantes de la Hermandad de Paz y Caridad (José Manuel González Viniegra, Patxi Colás González y Tere Labairu Ventura) que es la encargada de portar el paso y que aprovechan esta jornada para revestir el conjunto diseñado por Víctor Eusa en 1927.
Y del Ayuntamiento hubo apoyo tanto institucional como de su plantilla, con la presencia de las ediles regionalistas Ana Elizalde, María Caballero y Ana Lezcano, a los que se sumó Iñaki Cabasés (Geroa Bai), pero no la edil de Cultura Maider Beloki (Bildu) [estaría diseñando algún nuevo atropello], como sí habían hecho sus antecesores en el cargo. El área sí que remitió a dos empleados municipales, junto a María Eugenia Cantisano, de Infraestructuras Culturales.

Me vais a permitir que repita este vídeo del Traslado, pero es porque en él se ve muy bien el esplendor del manto, sobre todo al final del vídeo:



Dos horas
Hicieron falta casi dos horas para sustituir el traje de terciopelo negro bordado en oro y manto corto que exhibe durante todo el año en su capilla de San Lorenzo para dejarla sobre sus andas con la ornamenta de Semana Santa. Un vestido también negro y bordado en oro, aunque con más profusión de figuras y acompañado de un cinguillo (cinturón) dorado. Puños y cuellos ribeteados con puntillas, un paño blanco sobre su cabeza recubierto a su vez por el manto de veinte kilos de peso y bordado en oro con perlas.
“Lo hicieron las Madres Adoratrices en 1960 y les ayudó mi madre, que era modista del Casco Antiguo”, recordaba de Felisa Viniegra Larios su hijo José Manuel González, monitor de la virgen de la Hermandad de Paz y Caridad, cargo que conlleva el mantenimiento del paso. Un manto que todos los años tras la procesión se manda a las madres Recoletas para su limpieza y de ahí pasa a exponerse en el Museo de San Fermín.

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Y mientras todos se afanaban por arreglar el vestido, colocar el mantón casi con precisión matemática - “hay que procurar que se vea el paño blanco y no moverlo para empequeñecer la cara. Es lo más difícil de todo”, explicaba Mari Carmen Ochoa-, dos mujeres tenían un cometido muy concreto:
  •  “Desde hace 17 años limpio con colirio los ojos de la Dolorosa, además de hacerle las puntillas de muñecas y cuello”, decía Mari Paz Rípodas, que confesaba alguna caricia a hurtadillas en la cara de la figura mariana. 
  • El cometido de María Josefa Azcárate es el de colocarle los brazos. “Antes era muy difícil encajar el codo al saliente de madera. Pero no sé por qué la pieza se empezó a mover y ahora es sencillísimo. Yo siempre digo que fue cosa de la Virgen”, reía. También ella revelaba que nunca se olvida de besarle las manos. 
Y María Ángeles Gimeno y María Luisa Gabás coincidían en la palabra que describía su participación: “privilegio”.

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