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lunes, 7 de diciembre de 2015

Los calentones de Ainhoa

La presidenta del Parlamento de Navarra, Ainhoa Aznárez, 
en uno de sus primeros actos oficiales
A Aznárez le corresponde ser apaciguadora de conflictos, si los hubiera, entre parlamentarios y no convertirse en cerilla de ningún fuego

Calentones de alto rango (José Murugarren @sejorumu)
La lengua es vehículo de comunicación. La afirmación dicha sin contexto es una bobada. Porque el ejercicio de hablar tiene siempre el objetivo de que al menos dos personas intercambien información y se comuniquen. Planear utilizar un idioma a sabiendas de que el receptor no lo comprende es lanzarle a los oídos una sucesión de sonidos ininteligibles producto de un calentón personal sin justificación alguna. Eso le ocurrió al inicio del pleno del Parlamento de Navarra a la presidenta Ainhoa Aznárez hace unos días cuando por un micrófono accidentalmente abierto y creyendo que no se le escuchaba anunció que iba a utilizar el euskera para que un visitante de la institución no le entendiera. “Aquel de arriba, el de morado, fue el que me increpó [luego mintió: no le llamó "puta etarra"] en Berriozar. Voy a hacer todo en euskera y se va a joder bien”, se le escuchó.


De nada han servido después las peticiones reiteradas de UPN, PSN y PP -que le solicitaron una disculpa pública- o las críticas compartidas incluso por el portavoz de Geroa Bai, Koldo Martínez y socio en el Gobierno foral de Podemos, la formación de la presidenta del Parlamento. Aznárez no se excusó formalmente como manda el protocolo de su cargo. Martínez afirmó que Aznárez había usado el euskera como arma arrojadiza.

Torpeza política
La salida de tono de Aznárez provoca unas cuantas reflexiones. 
1. La primera por el marco en el que se produce. Su comportamiento resulta torpe porque sucede en el Parlamento, la institución por excelencia a la que los grupos políticos acuden precisamente a ‘parlamentar’, a hablar con el objetivo de comunicarse, y porque lo protagoniza su presidenta
2. Revela además cierta arrogancia. En su forma de expresarse presume de que la información que pueda trasladar a la cámara es del máximo interés para quien escucha cuando el papel que le corresponde por su función es la discreta labor de moderar, o lo que es lo mismo, ser vehículo de equilibrio en el reparto de turnos y ocasionalmente hacer juicios templados. Es el debate entre líderes políticos el que suscitará el interés o el aburrimiento, el acuerdo o no de la Cámara, de la misma manera que en un partido de fútbol lo relevante es el juego que desarrollen los equipos, no el papel del árbitro.
3. Tercera reflexión. A Aznárez le corresponde ser apaciguadora de conflictos si los hubiera entre parlamentarios y no convertirse en cerilla de ningún fuego. Creó un problema donde solo había una visita, por muy desagradable que esa presencia le resultara. 
4. Y cuarto, y más importante: no hizo ningún favor ni al desarrollo del euskera ni a la percepción que pueda proyectar la lengua. La utilizó como arma arrojadiza frente a quienes no la conocen. Vivimos en una tierra en la que en demasiadas ocasiones los políticos se llenan de razones citando el euskera como “lingua navarrorum”, pero a la hora de la verdad lo emplean para doblegar al adversario político y defender la posición propia.



“Voy a hablar en euskera para que no se entere”, una frase así revela el grado de enconamiento en el que algunos políticos introducen el debate sobre el euskera. Sorprende, después, que estas mismas personas con responsabilidades en la vida pública denuncien el rechazo que suscita en muchas personas la imposición de la lengua. En esta comunidad lo que siempre hizo falta es sentido común, espíritu de consenso y menos maximalismos para acordar un modelo compartido sobre la lengua vasca. Desafortunadamente en Navarra no se ha logrado un consenso básico amplio para acordar qué modelo de desarrollo del euskera se busca. Muchos factores han influido. El papel del terrorismo de ETA y su reivindicación como símbolo de identidad del idioma, el maximalismo de los nacionalistas empeñados en forzar una expansión uniformadora para toda Navarra, la resistencia de UPN, que siempre vio en el euskera más un problema que una oportunidad y no ha sabido integrar la lengua dentro de su visión de la personalidad cultural de Navarra, y la indefinición del PSN, a salto de mata en sus posiciones en función del momento político que se vivía.

Ojalá los políticos navarros interiorizaran que los idiomas generan razones y emociones. Decía Mandela que si hablas a una persona en una lengua que entiende, las palabras irán a su cabeza. Si le hablas en su lengua van directas al corazón. Con las dos sensaciones hay que jugar, razón y sensibilidad, pero sin utilizarlas como elemento contra nadie. 

1 comentario:

Echenique dijo...

Qué pena que Navarra sea noticia nacional por estos exabruptos. Es notorio que esta señora no da la talla, no ya política, sino meramente humana, de educación más elemental, pero la responsabilidad no es suya sino de quienes la nombraron, quienes no creo que rectifiquen. Se conforman con las palabras koldosianas, que no van más allá de un leve tirón de orejas o más bien de la lengua.