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sábado, 12 de septiembre de 2015

J.J.Martinena: "Bajo mazas y en camiseta"


Si lo aciertas, un viaje a...
Buen artículo de Juan José Martinena en el que pone el dedo en la llaga: quizás lo que buscan es cargarse las tradiciones de nuestra Ciudad. Algunos dirán que son cosas que no tienen mayor importancia, pero en esos "pequeños detalles" se demuestra el cariño y el respeto que sienten por Pamplona y por sus ciudadanos. Y, encima, en su partido le reirán la gracia.

Desfilando bajo mazas, y en camiseta
Desde que existen actas del Ayuntamiento de Pamplona, aparecen en ellas noticias de los sucesivos trajes de ceremonia que a lo largo de los siglos han venido usando nuestros regidores en las ocasiones solemnes. Ropones, golilla, frac… atuendos que han ido variando con el tiempo, pero siempre manteniendo un mismo objetivo: fijar la uniformidad corporativa en todos los actos a los que se acudía “en cuerpo de ciudad”. Establecido el frac en 1842 como traje de gala consistorial, así ha permanecido desde hace más de siglo y medio. En mi niñez recuerdo lo raro que se hacía ver a los concejales del tercio sindical franquista vistiendo la guerrera blanca y la camisa azul de las jerarquías del Movimiento, novedad que aunque solo duró hasta mediados los años 50, vino a romper la etiqueta tradicional. Más tarde, hacia 1970, los llamados concejales“sociales” acudían en traje de calle, pero al menos iban de corbata y guardando cierta compostura. En 1979, con la llegada de la democracia, se impuso el buen sentido y se recuperó la gala del frac y la chistera -incluyendo la novedad del atuendo femenino-, que fue aceptada y utilizada por todos, incluso por los primeros concejales de HB.


Y así estaban las cosas hasta que el pasado 8 de septiembre, en que Pamplona celebra el otorgamiento del Privilegio de la Unión, se produjo el hecho sin precedente de que un concejal de Aranzadi, el señor Armando Cuenca, desfilase en corporación luciendo una camiseta decorada con la imagen de Spiderman; algo que me parece sencillamente alucinante. Argumenta el susodicho que la tal camiseta le parece tan digna como el frac, porque según dice la lleva cuando va al trabajo. Ante tan sólido argumento cabe objetar, siguiendo el mismo razonamiento, que también es digno el buzo, manchado de grasa, de un mecánico de coches, y sin embargo al mecánico no se le ocurriría ponérselo, por ejemplo, para asistir a la boda de su hija, ni para ir a cenar a casa de unos amigos.
Si al señor Cuenca no le agrada el frac de la etiqueta municipal y le disgusta ponérselo, o simplemente prefiere lucir el inapropiado atuendo que lució el otro día, tiene perfecto derecho a ello y dos vías razonables para ejercerlo: 
- o quedarse en su casa, ya que la asistencia a esos actos no es obligatoria, 
- o bien acudir como particular, como vamos los demás, sin dar la nota ni romper la uniformidad ceremonial de una corporación que desfilaba como debe hacerlo y lo viene haciendo desde hace siglos, en traje de gala. 

Hay a quien le gusta dar la nota
Tal vez los maceros, los dantzaris o los municipales irían también más cómodos con pantaloneta o en traje de baño, pero van como deben ir. Que tome ejemplo de ellos.
Pero lo que me parece especialmente grave no es que a un concejal se le ocurra dar la nota desfilando bajo mazas con una camiseta inverosímil, sino que le valga y se le consienta, rompiendo unas normas que por otra parte son de sentido común. 
Decía a propósito de esto el señor alcalde que el reglamento no dice nada al respecto. Hombre, tampoco dice nada de que no se debe desfilar en ropa interior o en pelota picada, con lo que cualquiera se podría animar a hacerlo en la próxima ocasión que se presente. Y creo que quien esta vez ha faltado al respeto, en primer lugar a sus compañeros de corporación y por extensión a la ciudadanía a la que representa, es quien opta por saltarse a la torera normas, tradiciones y usos municipales que se han respetado y mantenido con general aceptación desde hace siglos. 
Como ciudadano pamplonés y estudioso de la historia de esta ciudad, me da un poco de miedo que a este paso, poco a poco, se vaya imponiendo el sinsentido, por no decir la chabacanería, en actos que hasta ahora habían mantenido una elegancia y un carácter acorde con la categoría de Pamplona. Porque por ese camino acabaremos cargándonos las tradiciones de la ciudad, la mayor parte de ellas de origen religioso. 
Claro que a lo peor resulta que se trata precisamente de eso; y de que ése, y no otro, sea el objetivo final.
JUAN JOSÉ MARTINENA, doctor en Historia
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2 comentarios:

Patxi Mendiburu dijo...

Gracias, Juan José Martinena, por el artículo. Con mis dibujitos he intentado no estropearlo

Anónimo dijo...

Gracias a ti por contribuir a su mayor divulgación. Los dibujos y las fotos lo vienen a completar desde el punto de vista gráfico, que tampoco hay que descuidarlo porque no es un tema menor.
Un abrazo

J. J.