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domingo, 9 de agosto de 2015

Maite Pagazaurtundúa: El respeto

Maite sabe de qué estamos hablando

En el aniversario del asesinato de Francisco Casanova en Berriozar, la autora reflexiona sobre los herederos políticos de ETA


En este verano de 2015 los Vecinos de Paz de Berriozar vuelven a pedir a ETA que entregue las armas, se disuelva y pida perdón a las víctimas. 
Para los que mandan ahora mismo en Navarra, todo esto suena a música de fondo de la consulta de los dentistas, dicho sea sin ánimo de señalar al gremio.
¿Qué cosa podría ser el respeto a los asesinados y perseguidos si no se atiende lo más básico? Porque lo más básico se refiere a ETA y sus herederos políticos. Se refiere a la mínima reparación de tantos años de acoso a los no nacionalistas en Navarra y la mínima reparación requiere en primer lugar respeto a los perseguidos y sus familias en las palabras y en los actos.
¿Qué cosa puede ser el futuro de Navarra si sus alcaldes y gobernantes no establecen como prioridad la exigencia a ETA junto a su entorno político de que entregue las armas, se disuelva y pida perdón a las víctimas?
Realicemos un ejercicio práctico sobre nuestra exigencia en casos de persecución de seres humanos inocentes en otro lugar del mundo para conseguir objetivos políticos y la mayoría no mostrará muchas dudas en que la reparación. La verdad y la exigencia de condena del pasado a los responsables resulta incuestionable. Pero en Navarra, como en el País Vasco, los herederos políticos de ETA ensalzan a los asesinos que cumplen condena, mientras cientos de crímenes siguen sin resolverse.
Lo meridianamente claro en clave ética y política se complica cuando hablamos de casos reales de nuestros vecinos asesinados porque hay políticos que contemporizan la ética con una pizca de apoyo a la estrategia de largo alcance de ETA y su entorno que busca poco a poco borrar la responsabilidad y obtener una cierta niebla de impunidad.
Señalar todo esto con el dedo no parece cortés, pero no queda más remedio hacerlo porque si no se atiende lo más básico, exigir a ETA que entregue las armas, se disuelva y pida perdón a las víctimas y si no se exige a sus herederos políticos que dejen de jugar a la impunidad y a neutralizar su responsabilidad sobre el pasado... las buenas palabras, los moquiteos, las lagrimitas ante el monumento tal o cual, se convierten en una impostura que se fotografía bien y tranquiliza a gentes de buen corazón que creen en los espejismos, pero entraña un grave cáncer de corrupción para la política institucional del futuro.
Estamos acostumbrados a la creatividad del lenguaje de los políticos que no desean poner en la agenda lo que les incomoda o no les renta electoralmente, pero la creatividad de los nacionalistas vascos en esta cuestión roza líneas rojas tan profundas cómo es el verdadero sentido del respeto a los que fueron perseguidos, expulsados y muertos para imponer una idea de Navarra y de Euskadi escindidas de España.
Sin verdad, sin reparación, sin exigencia a ETA y su entorno de disolución y condena, cualquier discurso con un barniz dulzón y sentimental de los gobernantes y alcaldes, cualquier foto ambivalente no será sino una falta de respeto a Francisco Casanova, a su familia y amigos, a los Vecinos de Paz, a cada víctima del terrorismo y a la propia esencia de la defensa de los derechos humanos.
Maite Pagazaurtundúa es eurodiputada por UPA y expresidenta de La Fundación de Víctimas del Terrorismo

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