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lunes, 10 de agosto de 2015

Iñaki Iriarte: "Todas las víctimas"

Los que más han pagado. Te lo facilito: 22x11=242 guardias civiles asesinados por ETA
Las generalizaciones pueden resultar peligrosas. Se invoca el recuerdo pero se persigue el olvido
Deberían entender las suspicacias que despierta en la sociedad navarra la retórica del “todas las víctimas”

El acuerdo programático entre Geroa Bai, EH Bildu, I-E y Podemos- Ahal dugu incluye la apuesta por “una paz con memoria, justicia y reparación para todas las víctimas”. Esta mención ha despertado las suspicacias de quienes creen que así se pretende equiparar a los muertos por el terrorismo y a sus verdugos. Los defensores del acuerdo, en cambio, entienden que se trata de recordar que la violencia no se ha ejercido en nuestra historia reciente sólo desde un lado. 
Tengo esto último por algo muy cierto. ETA no es la única que ha recurrido a la violencia. También lo han hecho, aunque en una proporción incomparablemente menor, grupos de extrema-derecha y funcionarios que ejercieron una violencia desproporcionada y contraria a la ley. Décadas antes que ellos emplearon una violencia ilegítima los militares y civiles alzados contra la legalidad republica en 1936, las propias fuerzas de la República (al bombardear Pamplona, Tudela y Lumbier (Nº 20,21,22 y 24) o fusilar a sacerdotes y políticos navarros), los carlistas, los liberales, los realistas, las tropas francesas, las guerrillas antinapoleónicas… No, no crean que pretendo frivolizar ni provocar. Al contrario. Lo que intento subrayar es que la lista de horrores es, ciertamente, interminable – en Navarra, en España y en el resto del mundo-. El pasado es una larga y horrible crónica negra. Precisamente, la conciencia de ello es lo que me ha llevado a apreciar eso que despectivamente se llama el “Régimen de 1978”: las décadas de mayor libertad, convivencia y paz que se han vivido en esta tierra nos han venido dadas a partir de la aprobación en referéndum de la Constitución hoy vigente. Desde entonces, la práctica totalidad de las víctimas de violencia en Navarra lo fueron a manos de quienes querían imponernos la Euskal Herria, una, grande, “libre”, socialista y euskaldun. Puntualizo (siempre lo he hecho) que esta realidad no mancilla a aquellos nacionalistas que han defendido un proyecto que a mi juicio sigue siendo excluyente y descabellado, pero que al menos lo hicieron siempre pacíficamente. 

(pincha para leer bien, y luego dime contra qué ha "luchado" ETA)
El pasado, en definitiva, está cuajado de violencia. Supongo que en algún sentido genérico todas las víctimas son iguales. Todas son encarnaciones de Abel, igual que todos los verdugos lo son de Caín. Sin embargo, cuando descendemos al suelo, tales generalizaciones pueden llegar a resultar peligrosas. ¿Por qué? Porque a menudo han servido para excusar a criminales. Se invoca el recuerdo, pero se persigue el olvido. Pasa, por ejemplo, en Alemania, cuando se recuerda a las víctimas de los bombardeos aliados. Es un: “Todos somos víctimas, todos somos culpables, démonos fraternalmente la paz… Y ahora deje de llamar criminales a mis ideas”. Negarse a participar en esa pantomima de un perdón general suele traer consigo el ser denunciado como un rencoroso y hasta un criminal. 

Asirón, Germán y presos de ETA
No soy, no somos, responsables de la muerte de Mikel Zabaltza. Ni de la de Germán o la de Gladys. Muchísimo menos de los fusilados en 1936. Ni los navarros que nos sentimos españoles somos herederos del franquismo, ni ETA mataba como respuesta a los crímenes ocurridos durante la Guerra Civil y la dictadura. Aquélla no fue una guerra de los españoles contra los vascos. Menos aún de los españolistas contra los abertzales. Sobre todo en Navarra, donde de los más de 3.000 fusilados, los nacionalistas solo rondan la veintena. En las Provincias Vascongadas, es cierto, fueron muchos más, pero también allí la represión fue bastante más dura con las izquierdas. Como en el resto de España, la Guerra Civil en el País Vasco fue sobre todo una guerra entre españoles. 
Geroa Bai, Podemos y E-I deberían entender las suspicacias que despierta en amplios sectores de la sociedad navarra la retórica del “todas las víctimas”. No es por insensibilidad hacia aquellos que sufrieron una violencia injusta, sino porque en el pasado han visto cómo se incluía entre las “víctimas del Estado” a personas muertas con las armas en la mano o fallecidas por causa natural. Urge poner nombres a “todas las víctimas”, honrarlas, y aclarar que la responsabilidad de su sufrimiento no nos atañe a quienes nunca hemos homenajeado a asesinos, amenazado, hostigado ni facilitado informaciones para la realización de ningún crimen. A partir de ahí podremos empezar a encontrarnos.

Iñaki Iriarte es profesor de la EHU/UPV y Parlamentario Foral por UPN

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