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domingo, 16 de agosto de 2015

¿Asesinos o héroes? Las familias (1)


Cuando hace un par de días, tras el asesinato de dos chicas en Cuenca, leí el comunicado difundido por la familia del presunto asesino,  sentí un gran agradecimiento hacia esos familiares que con tanta claridad, sin ninguna excusa, repudiaban un crimen tan atroz.
Estaba redactado en términos durísimos:
“porque no existe excusa ni perdón para una atrocidad así”
Dirigido al presunto asesino:
“¡ójala te localicen y te encierren pronto indefinidamente”
Dirigido a la policía, a la que agradecen su tacto en los interrogatorios y en los rastreos en sus propiedades en búsqueda de las dos jóvenes:
“¡Qué lástima terrible el desenlace! Estamos seguros que conseguiréis atrapar al culpable o culpables”
Y a las familias de las chicas:
“Pero aunque no podamos estar (en los actos de luto) en persona, estaremos conectados siempre por el profundo sentimiento de dolor que nos dejan sus irreparables pérdidas”

Y no pude menos que comparar la actitud de esa familia rota, por tener entre sus miembros a alguien que había causado tanto dolor, con la postura que, en general, han adoptado los familiares de los etarras (manipulados, además, por la organización política que los ha apoyado), quienes los consideran (si lo están) "presos políticos"; que saben que han causado mucho dolor, pero que ha sido necesario; que han asumido una responsabilidad, porque "alguien debe tirar de gatillo"; y que, especialmente si han muerto, son considerados gudaris y héroes.

Tuvo que ser en 1980, o quizá en el 81, cuando, en compañía de unos amigos, fuimos a Vera de Bidasoa (entonces, aún se llamaba así) a ver la casa donde vivía Julio Caro Baroja: Itzea. Aquel sabio nos abrió su casa, nos enseñó la biblioteca, nos contó lo último que estaba haciendo, su afición a la pintura...
Aquellos años, "los años de plomo", era la época en la que ETA mataba a mansalva y le pregunté por el terrorismo. Me respondió que le había dado muchas vueltas al asunto, pero que no encontraba ninguna explicación. Al final nos dijo abatido: "Será algún virus".

¿Qué nos ha pasado aquí, en Navarra y en Euskadi, para que, casi sin excepción, las familias de los etarras estén orgullosas de que sus padres, hijos, hermanos... hayan asesinado a sus convecinos? ¡Y teniendo en cuenta que mataron con especial saña, no en la Dictadura, sino cuando conseguimos la democracia! 

A la izda, Ramón Baglietto y Pilar Elías
Azpiazu, en 2006
Todos y cada uno de los asesinatos ponen los pelos de punta, pero si hay alguno especialmente cruel es el de Ramón Baglietto, concejal por UCD en Azcoitia. 
Viendo que un camión iba a atropellar a una madre que cruzaba la calle con un niño de la mano y el otro en brazos, consiguió arrancarle de los brazos al niño. La madre y el otro crío murieron en el accidente. 
Pues, 18 años más tarde, ese niño al que Ramón salvó, fue quien lo ametralló y, ya malherido, le dio el tiro de gracia. Ese héroe es Cándido Azpiazu (haz el favor de leer, si puedes, hasta el final), quien, tras cumplir 10 años de prisión, se dedicó a hacer la vida imposible a Pilar Elías (lee, si quieres palpar lo que es el día a día de muchas víctimas), la viuda de Baglietto.
(Continúa en Las familias. 2)

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