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martes, 24 de marzo de 2015

Muthiko Alaiak: Goyena y Celaya

Preciosa foto la de la dcha: Celayica con el bombo... y la cabeza vendada (pincha)
Nos cuenta Koldo San SebastiánUna de las primeras personas a las que conocí en Pamplona cuando llegué a estudiar en un lejano 1973, se llamaba Javier Goyena. Adorador de Baco y seguidor de Carlos Hugo de Borbón Parma, trataba de introducirme en los secretos de la Vieja Iruña. Cuando el tinto mojao había descargado sobre nosotros toda su fuerza, me llevó al Muthiko. No las tenía todas conmigo porque, para empezar, se accedía por el portal de una casa normal. Goyena resoplaba, a pesar de que subimos en ascensor. Entramos y descubrí lo que era el Muthiko Alaiak: una peña sanferminera formada por carlistas. Mi nuevo amigo era su presidente.

Javier Goyena: Una “gran” Presidencia
La historia del Muthiko difícilmente se puede comprender sin la figura de Javier Goyena, cuya presidencia, durante años, ha sido de las más importantes. Siempre dispuesto a dar un paso al frente, su intervención fue clave para conseguir el “mítico” local de la Plaza del Castillo y para imprimir a la Sección de Caridad el ritmo que alcanzó durante los años 60.
Goyena y Celayica sobre una silla
Goyena se crecía ante la dificultad; era “un tío echao p’alante”. Constancia de ello tienen varios gobernadores civiles y autoridades franquistas, incluido el todopoderoso Fraga Iribarne. A Goyena lo del valor le venía de lejos. Fue procesado y encarcelado por participar en los preparativos de la concentración carlista de la Plaza del Castillo el 3 de diciembre de 1945.
Y, sin embargo, tampoco era extraño verle llorar, embargado de emoción, en la fiesta del Rey de la Faba, cuando el “monarca” era izado a los gritos de ¡¡REAL!! ¡¡REAL!! ¡¡REAL!! Tenía verdadera debilidad por esta tradición medieval de cuya recuperación Javier había sido uno de sus impulsores. Goyena no solamente estaba convencido de que la tarea fundamental de la Peña debía ser la recuperación de las tradiciones, sino que teorizaba sobre ello.
Su ayuda económica fue en ocasiones providencial, siendo incansable buscando subvenciones, sobre todo para que el grupo de danzas pudiera viajar fuera de Navarra. Su figura corpulenta, a veces cubierta de “medallas”, otras, vencida de tanto beber, y su abultado anecdotario merecerían un libro entero, un homenaje aparte.
Un ejemplo entre el abundante anecdotario: Se ha podido recoger también una curiosa anécdota acaecida en los Sanfermines de 1953. En la terraza del Iruña llegaron a juntarse el afamado Baleztena, Javier Goyena, Carlos Manrique, el matador de toros Antonio Ordóñez, y el escritor Ernest Hemingway. La conversación entre ellos se fue animando, en unos más que en otros, a causa del alcohol; y en un momento dado, una pitillera de plata fue el centro de una acalorada discusión en la que Javier Goyena, contrariado por lo que le decía el norteamericano, dio un fuerte golpe con un sifón rompiendo la mesa del velador. Tal fue el escándalo que acabaron todos detenidos. A falta de dos horas para empezar la corrida de la tarde, Antonio Ordóñez todavía estaba declarando en comisaría, siendo como era el protagonista esa tarde en el coso pamplonés. El incidente no trascendió.

Marichu Olazarán y Celaya
Agustín Celaya, "Celayica": Una profunda huella
Pocos personajes han dejado una huella tan profunda como Agustín Celaya. Su imagen, con la blusa a cuadros y su inseparable bombo, se convertiría en emblema de los Sanfermines para siempre. Hablar de Agustín y del Muthiko es la misma cosa. Ya estaba vinculado a la sociedad cuando comenzó a dar sus primeros pasos en los años 30 y su fidelidad se mantendría durante más de medio siglo, hasta el mismo día de su muerte en 1984.
Hubo un acto suyo que es necesario destacar entre todos los demás. Cuando “manu militari” el régimen franquista decidió cerrar el Círculo Carlista en 1945, Celaya, con otros compañeros, se encargó de sacar de los locales el material que el grupo de danzas necesitaba para seguir actuando.
Años después, en 1953, una explosión en la fábrica de Caucho de la Rochapea le causó graves heridas de las que tardó mucho tiempo en recuperarse. Entonces, los socios, sus compañeros de peña, supieron comportarse con un espíritu de solidaridad que rebasó, con mucho, el apoyo moral. Fueron momentos difíciles para la familia Celaya pero los muthikos supieron estar a su lado.
Tras el accidente y habiéndole quedado secuelas físicas que le impedían realizar otro tipo de trabajo, Celayica comenzó a trabajar de cobrador de recibos de entidades pamplonesas a domicilio (Club Natación, Oberena, su querida peña Muthiko Alaiak de la que era socio), así como de casas comerciales”.
Lo recuerdo, cuando era yo crío, por las calles de la Vieja Iruña, con su cartera en bandolera llena de recibos.
Celaya también fue un campeón en el terreno del mus y Io demostró llevándose el trofeo, en pareja con Fermín Belascoain, tras imponerse a los representantes del Bar Bearin en el Campeonato lntersociedades que organizaba Capa Negra el año 1969. En junio de 1974, la Junta le entregó la insignia de oro del Muthiko que Agustín llevaría con orgullo hasta su muerte.
Cerca ya de los años 80, el cambio de los cobros mediante domiciliaciones bancarias, le llevó a Celaya a una jubilación anticipada.
Pocos años después, el 27 de abril de 1984, falleció a la edad de 67 años.

Nota: La mayor parte de la información ha sido extraída de "Muthiko Alaiak. 75 años de nuestra historia", de Manuel Martorell

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Los conocí a los dos, pero sobre todo a "Tavierito", como le llamaban, parodiando que él solía decir "el Mutito" para referirse a su Muthiko del alma. Me ha sorprendido un poco lo de la subida en ascensor, porque las muchas veces que subí con mis amigos de "los julas", en mis años de estudiante, siempre lo hicimos por la escalera, llena de grafittis -uno decía Volem bisbes catalans- y no recuerdo haber visto ascensor alguno, claro que igual era efecto colateral de los muchos "potes" ingeridos.
Muy buena la iniciativa de rescatar del olvido a este par de figuras, en su día populares y que sin duda formaban parte del paisaje de nuestra añorada Pamplona de los años 60.
Juan Martinena

Patxi Mendiburu dijo...

En el 73 ya habíamos terminado la carrera jajaja

Anónimo dijo...

Las raíces carlistas de muchos no,muchísimos Pamploneses brotan de cualquier portal de la vieja Pamplona,ahí está casa Baleztena en Sarasate,si estiran el cuello,en el primer piso verán en cuadro al general y su boina roja.