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lunes, 11 de noviembre de 2013

Ha muerto Victorio Ochoa. Y lo sentimos de verdad...

 
Urdiáin (Navarra)
Esta entrada va dedicada a mi hermana Sagrario, que seguro ya ha encontrado a Victorio y le está recitando eso de...
"Si ella (Victori) me dice: '-Aita, hoy no salgas...' Ya no salgo. Si me dice: -'Tírate del puente'... Pues me tiro. No puedo negarle nada". 
¡Va por ti, Sagrarico!
Actualización: He recibido hoy (08.08.14) un correo de Javier Ochoa, hijo de Victorio, en el que nos aclara algunas dudas y en el que me muestra su agradecimiento por el trato dado a esta delicada noticia. He ido distribuyendo su contenido según va viniendo a cuento. El texto está escrito en azul claro, el mismo que él ha usado.
¡Muy agradecido por tus palabras, Javier!

1. Recuerdos de infancia
Mi padre solía leer el periódico con los brazos extendidos, ocupando media cocina de la casa de Dormitalería.
A pesar de ser Sanfermines, llevaba unos días apesadumbrado porque habían asesinado a un púgil que era un ídolo en Navarra y en toda España, Victorio Ochoa, "el león navarro".
Cuando llegó a la página 7 (esto lo sé ahora), nos mandó callar y comenzó a leer en voz alta:
"Ha muerto Victorio Ochoa. Y lo sentimos de verdad; porque, como Vd. ha escrito muy bien, Victorio, el atleta de fuerza hercúlea y agilidad felina, era de corazón elemental, de niño, y se prestaba a la amistad efusiva...".
Era lo que hoy llamaríamos un obituario, escrito por Santi de Andía, seudónimo del Director del "Pensamiento Navarro", Francisco López Sanz.
Escuchamos en silencio todo el artículo. Era muy emotivo y en algunos pasajes tuvimos que contener las lágrimas. 
A mí, con mis diez añicos, me gustó mucho eso de la "fuerza hercúlea y agilidad felina". Pero a mi hermana Sagrario le gustó tanto que se lo aprendió de memoria. Así se convirtió en el ojito derecho de mi padre, ya que éste, cuando venía a casa alguna visita o se encontraba por la calle con algún conocido, enseguida decía: "A ver, Sagrario, cuéntale a este señor lo de Victorio Ochoa". Y mi hermana se esmeraba en recitarla completa y poniéndole sentimiento.

2. A por el documento
No fue difícil, pero tuve que levantar el culo de la silla: el Pensamiento Navarro desapareció en 1981 (¡hace 32 años!) y no llegó, por tanto, a la era digital.
Pero me enteré, gracias a la Red, de que había algunos ejemplares en la UPNA y de allí me mandaron al Archivo General de Navarra donde los tenían todos y microfilmados.
Yo sabía que Victorio fue asesinado la noche del 4 al 5 de julio de 1960, así que empecé a mirar los microfilms a partir del día 6 (día del chupinazo; aquí aparecía ya la noticia del asesinato) y con más interés a partir del día 7. Tras algún paso en falso, por fin, en el Pensamiento del día 8, apareció el obituario: "Carta de Urdiain a SANTI DE ANDIA". Cuando me puse a leerlo, me dio un vuelco el corazón: era como si mi padre me lo leyera y mi hermana me lo recitara después de 53 años.
Pedí a la encargada una digitalización y me dijo que tardaría como máximo tres semanas. A la mañana siguiente lo recibí en mi correo (muchísimas gracias, personal responsable).
Aquí lo tenéis:

[Como comprenderás, con trece años entonces, me acuerdo de todo, hasta de la carta a Santi Andía;  tenían mucha amistad entre ellos, y mi padre le solía traer habas txikitas de Urdiáin.] (Javier Ochoa)

3. Muerto a puñaladas
[No hay ningún error gordo; el asunto lo tocas con mucha delicadeza, porque la versión que das de la navaja es la que solía decir mi difunta madre. (Javier Ochoa)
Victorio (Urdiáin, 1919-1960) tenía escasamente 41 años y llevaba 20 como luchador, acumulando varios campeonatos de España de grecorromana, desde el peso medio hasta el peso pesado ligero, habiendo ostentado en esta última categoría los títulos europeo y mundial.

Elogio a Urdiain (Navarra) del luchador Javier
 Ochoa Berastegui «El León Navarro» como alcalde 
de su localidad natal, 15 de mayo de 1944
(pincha para leer mejor)
Hijo de Javier Ochoa, quien fue también Campeón de Mundo de los pesos pesados en 1913, heredó de él el apelativo de "El león navarro".
Tras su última pelea, el día 2 de julio en Madrid, pidió permiso para ir a las fiestas de su pueblo, Urdiáin, que no se las perdía por nada del mundo.
La noche del lunes, día 4, la pasó, en compañía de su mujer, una hermana de ésta y el hijo mediano, recorriendo los puestos y casetas de feria y saludando a sus muchas amistades.
Algunos amigos ya le avisaron que un tal Miguel andaba diciendo que iba a arreglar una deuda que tenía pendiente con su familia. Victorio les tranquilizó: "No os preocupéis. Ni yo tengo nada contra Miguel ni creo que él tenga nada contra nosotros".
Un tal Miguel...
Miguel Lizarraga era la antítesis de Victorio. Tanto en su carácter, huraño e introvertido, como en su situación sentimental: nunca había encontrado una moza que lo quisiera. Victorio lo tenía todo: jovial, simpático, mujer e hijos, economía saneada... La envidia que sentía Miguel se fue transformando en un odio mortal. Tanto que consiguió la ayuda de un cuñado suyo (de Miguel), Luis Pozueta, persona sin carácter, y juntos prepararon el escarmiento.

[Aclaras muy bien, también, que no eran cuñados de mi padre, sino cuñados entre ellos.] (Javier Ochoa)

Cuando, a las tres de la madrugada, volvía la familia a casa en su furgoneta, los faros de ésta alumbraron a dos individuos que le hicieron señas de que parara. Eran Miguel y Luis. Victorio bajó confiado y conciliador, preguntándole a Miguel qué quería  y diciéndole que no tenía nada contra él. Tan confiado que hasta lo abrazó.
En ese momento su mujer salió del vehículo gritando:
- ¡Cuidado, Victorio, que tiene una navaja!
Victorio se echó a un lado, pero entonces Luis, que también llevaba puñal, se lo clavó en el hígado con un golpe brutal. Intentó defenderse, pero una nueva puñalada, esta vez dirigida al cuello, dio con Victorio en tierra, mientras la sangre salía a borbotones.
Así fue como murió el bueno de Victorio Ochoa.
Los agresores, una vez detenidos, fueron sentenciados. Luis, a cuatro años, dos meses y un día de prisión menor (atenuantes de provocación por parte de Victorio y de no intención de causar tanto daño). Miguel quedó absuelto, pero en observación para un posible internamiento en un psiquiátrico de la provincia.
La viuda, María Celaya, recurrió, pero el Supremo confirmó el fallo de la Audiencia Provincial.

4. El hijo mayor

Cuando leí la crónica de la muerte de Victorio, me llamó la atención un detalle que al principio me había pasado desapercibido.
Victorio y María, el luctuoso día de los hechos, tenían tres hijos: dos varones, de doce y ocho años, y una niña, Victori, de diecisiete meses. Así dicen las crónicas (Ver Nota y frase azul de Javier, al final de este apartado).
Primero no me cuadra la edad de la niña. Con 17 meses no veo muy posible decir frases como la que encabeza esta entrada: 
"Si ella (Victori) me dice: '-Aita, hoy no salgas...' Ya no salgo. Si me dice: -'Tírate del puente'... Pues me tiro. No puedo negarle nada".
Pero tampoco cuadra con la edad que le atribuye Santi de Andía en su obituario: 14 años. Sería entonces la mayor de los hermanos. (Ver Nota y frase azul de Javier).
Si, en vez de 14, fueran 4 años, todo iría a la perfección. Y se entiende que no saliera aquella fatídica noche para volver tan tarde.
Pero no es ella la que me preocupa, sino el hermano mayor, el de 12 años en 1960.
¿Por qué no salió aquella noche? ¿Por qué sólo fue el mediano, el de 8 años? ¿Para cuidar a la pequeña? Lo dudo. Habría alguien más responsable al cuidado.
Me puse a mirar en las hemerotecas y...lo que voy a contaros me dejó sobrecogido:



Lo he encontrado en "Imperio", diario de FET y de las JONS de Zamora, en la edición del 5 de agosto de 1956 (algo menos de cuatro años antes de la muerte de Victorio), página 9, sexta columna, en Sucesos. El hijo mayor tenía entonces 7 años (a punto de cumplir 8, supongo). Cuando el autobús de la línea Pamplona-Vitoria, conducido por un tío suyo [Se da la circunstancia de que ese autobús lo conducía mi tío Antonio, e íbamos en el mismo mi  hermana Vitori y yo] (Javier Ochoa), paró en Urdiáin, no tuvo mejor idea que, al arrancar, agarrarse al parachoques trasero, con tan mala fortuna que sus manos quedaron encajadas entre el parachoques y el cuerpo del autobús y fue arrastrado, sin que nadie se diera cuenta, durante tres km., hasta parar en Alsasua. La única persona que se percató de la situación fue María, la madre. Sus gritos fueron inútiles. Desesperada corrió por la carretera hasta que fue recogida por un camión que la llevó hasta Alsasua. Allá encontró a su hijo, que fue atendido en el cuarto de socorro, pero que, ante la gravedad de los desgarros en las piernas, fue trasladado a Pamplona.[o sea que imagínate el cuadro cuando llegamos al surtidor de la Venta de Abajo de Alsasua, y mi madre, que lo vio todo de la terraza de casa, corriendo detrás del autobús.] (Javier Ochoa)




Nota: he tenido noticias (10.11.13) procedentes del entorno familiar y me dan los siguientes datos que muestran el lío y el desconcierto de la prensa de la época con respecto a las edades de los hijos de Victorio Ochoa. Esto es lo que me ha llegado:
1. Tuvo tres hijos: la mayor, Victoria, nacida hacia el 45 (14-15 años cuando murió Victorio. Tenía razón Santi de Andía); el 2º, Javier, nacido hacia el 50 (10 años en 1960) ; y el 3º, Victorio, nacido hacia el 52 (8 años en el 60).
[En cuanto a nuestras edades, te lo aclaro: mi hermana Victori tenía 14 años, Javier (yo), 13, y mi hermano Victorio (Vicholo para todos) tenía 8 años, cinco menos que yo.] (Javier Ochoa)
2. Quien fue arrastrado por el autobús fue Victorio, el pequeño. Mi informante me dice que fue en el 58. He vuelto a comprobar la fecha del periódico que da la noticia y es el 05.08.56. Tenía por tanto unos 4 años y no 7, como dice el periódico.
[Al que le llevó a rastras el autobús fue a mi hermano Vicholo, en ese momento tenía 4 años y mi padre estaba luchando en Alcoy, y no se creía que mi hermano podía vivir, pensaba que había muerto y no le querían decir la verdad; vino en cuanto pudo.] (Javier Ochoa)
[¿Secuelas? Ningún problema; damos un paseo todos los sábados de unas tres horas y media, con almuerzo incluido de media  hora en Zizur Menor. Gracias] (Javier Ochoa)
Lo curioso de este trabajo es que ha sido el error del cronista sobre las edades de los hijos, lo que me ha empujado a mirar con más detalle y dar con la noticia del "niño arrastrado por un autocar".

5. Victorio, aficionado a las vaquillas
Después de las trágicas noticias anteriores, la que viene a continuación resulta hasta simpática.
La he encontrado en el blog del Hotel la Perla y se refiere a un suceso de los Sanfermines del 46, cuando nuestro Victorio contaba 27 años. Dice así:
Sancionados por intrépidos.- Dos jóvenes navarros fueron multados el día 9 por agarrarse a las vaquillas que se soltaron después del encierro. Se trataba de Victorio Ochoa Oyarbide, de Urdiain, y de Juan Noain Izura, de Villava.
Me imagino que, si el suceso fue calificado de intrépido, sería porque no sólo la agarraron, sino que le habrían hecho a la pobre vaca alguna llave de lucha grecorromana.

6. Un poema de ciegos
Este poema (pincha enlace) fue escrito en 1960, poco después de la muerte de Victorio. Aunque impreso en Lugo, ha sido recogido por la Biblioteca Digital de Castilla y León y se conserva también en la colección de pliegos de cordel de la Fundación Joaquín Díaz.

7. Un vídeo con dos nodos de 1947
El alsasuarra Enrique Celaya nos deleita con un vals y el Agur Jaunak como homenaje a Javier y a Victorio, padre hijo.
Comienza con unas imágenes del padre, una, a la vuelta de América, subido a la fuente con la casa familiar al fondo.
Siguen algunas fotos y carteles de Victorio y termina con dos nodos del 47 cuyo audio está, en origen, estropeado y que he tenido que recomponer recitando el poema de ciegos anterior:


 
Te reitero mi agradecimiento, porque para mi el asunto es muy delicado, pero lo has tratado como sucedió en realidad. 
Gracias.
Javier Ochoa

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Sí señor! Todo un documento. Gracias
Urdiango ikasle bat

Josean Zeberio dijo...

QUE ENVIDIA. FUE MI IDOLO

Patxi Mendiburu dijo...

Gracias, Josean, por el comentario

Anónimo dijo...

Buenos Días Patxi:
No hay ningún error gordo, el asunto lo tocas con mucha delicadeza, porque la versión que das de la navaja es la que solía decir mi difunta madre.
Aclaras muy bien tambien, que no eran cuñados de mi padre, sino cuñados entre ellos.
En cuanto a nuestra edades te lo aclaro: Mi hermana Victori tenía 14 años, Javier (yo), 13 y mi hermano Victorio (Vicholo para todos) tenía 8 años, cinco menos que yo.
Al que le llevó a rastras el autobús fue a mi hermano Vicholo, en ese momento tenía 4 años y mi padre estaba luchando en Alcoy, y no se creía que mi hermano podía vivir, pensaba que había muerto y no le querían decir la verdad, vino en cuanto pudo.
Se da la circunstancia que ese autobús lo conducía mi tio Antonio e ibámos en el mismo mi hermana Vitori y yo, osea que imagínate el cuadro cuando llegamos al surtidor de la Venta de Abajo de Alsasua, y mi madre que lo vió todo de la terraza de casa, corriendo detrás del autobús.
Como comprenderás con trece años me acuerdo de todo, hasta de la carta a Santi Andía, tenían mucha amistad entre ellos y mi padre le solía traer habas txikitas de Urdiain.
Te reitero mi agradeciemiento, porque para mi el asunto es muy delicado, pero lo has tratado como sucedió en realidad.
Gracias.
Javier Ochoa

Patxi Mendiburu dijo...

Pues muchas gracias a ti, Javier Ochoa, porque me quedo mucho más tranquilo y la gente que lo lea también, ya que tú garantizas que lo que aquí se cuenta es la verdad.
Y te aseguro, Javier, que este trabajillo está hecho desde el más profundo respeto y desde el más sentido cariño de mi parte y de parte de mis padres y hermanos hacia quien fue un ídolo en Navarra y en España

Anónimo dijo...

Vicholo secuelas? Ningún problema damos un paseo todos los sábados de unas tres horas y media con almuerzo incluido de media hora en Zizur Menor
Gracias
Javier Ochoa

Patxi Mendiburu dijo...

jajajaja no sabes lo que me alegro! Increíble! y encima goza de buen apetito! dale a Vicholo un fuerte abrazo

Ramón dijo...

Yo creo que Prisci y Sagrario no pararán de leer esta entrada en la hemeroteca de allá arriba y seguro que también se la aprenden de memoria, como la crónica del Pensamiento. Si Desolvidar no existiera habría que inventarlo. Es muy de agradecer la aportación del hijo.