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viernes, 22 de marzo de 2013

Mi tío Paco, el de Formosa



De mis 15, 16, y 17 años poco puedo contar… Comencé a fumar cigarrillos sólo por chulería y para que vieran que ya era mozo. También comencé a salir de paseo con chicas los domingos por la tarde. Algunos amigos teníamos nuestras cenas hasta altas horas de la noche y, a veces, hasta la madrugada de la mañana siguiente. Y, claro, alguna vez vino mi madre a mi cuarto a decirme que no tenía vergüenza, que mi padre ya había ido al campo y yo seguía en la cama.

… Recuerdo que una vez fui a fiestas de un pueblo en el que tenía parientes. Pasé los dos primeros días  charlando, cantando, bebiendo, bailando, etc. etc. No dormí ni un minuto.  Al tercero, ya no podía más y me acosté en la cama, en casa de mis parientes. Debí de quedarme como un tronco, porque mis primos y primas agarraron las cuatro puntas de la sábana y me llevaron en procesión por todo el pueblo cantando y riéndose a mandíbula batiente… y no me desperté.  Después, me metieron en un cuarto de otra casa y me dejaron. Al día siguiente, cuando me desperté, me llevé un susto de muerte: ¿dónde estaba yo?

Unciti
… A los 18 años, un domingo salí de paseo con una chica guapa… Era de Unciti. Pasamos una tarde muy agradable y al anochecer la acompañé hasta su misma casa. Allí nos despedimos hasta el domingo siguiente. No recuerdo si el jueves o viernes de esa misma semana, estaba yo trabajando en el campo y oí que a mediodía, después del  ángelus, las campanas de Unciti comenzaban a tocar a muerto… Yo me dije: “Algún viejo o vieja…”. Y seguí con mi trabajo. Cuando volví del campo me dijeron en casa: “¿Sabes quién ha muerto en Unciti? La Carmen de Heredero”. Era la chica con quien había estado paseando el domingo. En mi casa no se habían enterado. Me quedé frío: ¿cómo es posible que una chica rebosante de salud haya podido morir tan pronto? Una pulmonía doble se la llevó al otro mundo en tan sólo cuatro días.

… Durante 8 ó 9 días estuvimos de maniobras en El Villar de Laguardia (Rioja alavesa). Durante esos días nos cuadruplicaron la paga: en vez de un real, una peseta. El dinero acabó en el bolsillo de los dueños de unas bodegas, que tenían bajo tierra, a las que fuimos una tarde que nos dieron suelta. Para llegar hasta ellas había que bajar muchas escaleras. Era la primera vez que yo veía tal cosa. Allí nos juntamos oficiales y soldados… Agarramos unas borracheras fenomenales. Yo no perdí el conocimiento. ¿A qué se debió? Yo, en Navarra, nunca me había puesto borracho del todo; cuando empezaba a estar más alegre que de ordinario, me daba cuenta y paraba. Pero aquel vinillo tan agradable entraba sin sentirlo. Para cuando lo empezabas a notar, ya la habías agarrado. Y entonces, para volver a casa, no te bastaban los pies; tenías que hacer uso también de las manos… En fin, que nos marchamos del pueblo de El Villar con un recuerdo para toda la vida

… A comienzos de marzo (de 1931) terminé la mili… Volví a mi casa y a las mismas diversiones de antes: bailar en las fiestas de los pueblos vecinos, salir de paseo con las chicas los domingos por la tarde, tener merendolas con mis amigos en la taberna y luego rondar y cantar canciones a las chicas… Pero todo esto no me llenaba como antes. Había días en que volvía a mi casa a eso de la una o dos de la mañana y me sentaba triste a la puerta. “¿Qué me pasa?”, me preguntaba.

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No tuve mucha relación con mi tío Paco porque fueron muy contadas las veces que vino por su tierra navarra. Fue una pena que la última vez que lo vi, aún no había escrito su libro “Un navarro en China”, en el que cuenta sus más de 60 años de misionero jesuita en dicho país.
Si hubiera conocido todos los detalles de su vida, sus peripecias, su lucha (con sólo 5 años de estudios primarios) por conocer ese endiablado idioma, su capacidad para sobrevivir en condiciones imposibles..., le habría felicitado de todo corazón.
Pero, sobre todo, le habría agradecido su sinceridad: por hablar de sus años mozos, de sus balandronadas, borracheras, juergas… con total naturalidad. Uno no nace fraile, que diría él.
Mi tío Paco, el de Formosa, fue un joven labrador que a los 24 años sintió que ese tipo de vida que llevaba no iba con él y supo encontrar su camino.
Paco, brindo por ti, pero esta vez, si no te importa, con un buen tinto de tu tierra navarra, sin despreciar ese Rioja alavesa de las bodegas de Elvillar que tanto te sorprendió.

1 comentario:

Ramón dijo...

La verdad que ese libro se lee de una tacada, pues Paco gozaba del don de la amenidad. Yo lo recuerdo siempre sonriente y divertido. Se estaba a gusto a su lado. Creo, Desolvidar, que has hecho un buen resumen de su vida.