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viernes, 30 de noviembre de 2012

San Saturnino 2012: 1. ¡no llevan ropa interior!

Los Cabezudos nos tienen comido el coco

¿Cuántos niños os habéis quedado hoy con las ganas de ver a vuestros kilikis, a vuestros gigantes?
Y eso que la Comparsa ha venido desde Autobuses (donde tienen su casa durante todo el año) hasta el Ayuntamiento.
Pero, como es normal a fines de noviembre, ha empezado a llover y han tenido que resguardarse en el zaguán (esta palabreja que os la expliquen vuestros padres) del Ayuntamiento.
En este vídeo vais a ver a un Caravinagre muy tranquilo, en vez de ser el kiliki más avinagrado, como su nombre indica.
Y también veréis cómo usan ya las nuevas tecnologías para comunicarse entre ellos.
Por cierto, amigos, los gigantes siguen bailando muy bien, pero... hoy, hasta ahora no lo sabía, me he dado cuenta de que ¡¡¡no llevan ropa interior!!!
No sé, se me ha hecho raro verlos por dentro, sin eso que tú llevas.
Ah! se me olvidaba, uno de los gigantes casi se abre la cabeza (¡vaya susto! escucha, escucha). Y, por salvarlo, uno de los mozos que lo cuida (Aitor) casi se queda sin pantalón.
Miradlo, miradlo...


domingo, 25 de noviembre de 2012

Pamplona: Mis murallas (1)

Éstas, las del Redín, fueron nuestras murallas hasta los 10 años

Introducción
Hace unos días asistí a una conferencia de Juan José Martinena sobre las murallas de Pamplona. En un tono coloquial, amenizado por antiguas imágenes del Archivo Municipal de Pamplona, fue desgranando sus vivencias en las murallas, vivencias salpicadas de anécdotas que consiguieron retrotraernos a aquellos tiempos infantiles en los que las murallas fueron nuestro lugar de juegos y aventuras.
Hablando de travesuras, nos contó que en la parte Este del Fortín de San Bartolomé, en el túnel situado en el foso, solía estar el famoso Agustín, y que ellos, al salir de Escolapios, iban a tomarle el pelo diciéndole que se había muerto Marisol u ofreciéndole algún inexistente "cigarrico".
Martinena consiguió que volviera a ver a aquel chaval de pantalón corto con un trozo de pan y una pastilla de chocolate corriendo hacia el Redín, logró que todos desolvidáramos viejos recuerdos de nuestra infancia y recordáramos nuestras murallas.

Mi padre
Debía de ser en verano, cuando las tardes son largas. Volvía del trabajo y venía al Redín, donde estábamos sus hijos (en aquellos años llegamos a ser 9). Sentado, cogía a los dos más pequeños, uno en cada pierna, y nos contaba algún cuento: "¿veis aquel monte? -señalando a lo que luego supe que era el Malkaiz-. Pues hay allí una cueva en la que viven unos ladrones..."
Aquellos ratos eran deliciosos. A la tarde siguiente estábamos esperando que apareciera sonriente por la calle del Redín.

¿Cómo estamos vivos?
Por aquellas murallas cayeron por aquellos años unas cuantas personas: La Nicuesa, Bengoa... Bengoa era un hombre muy interesante. Tenía un anteojo y solía colocar antenas de radio cerca del precipicio. Una mañana cayó. Yo vi cuando lo subían por el túnel en camilla. Iba con todo el cuerpo magullado, negra y roja la cara. Y rezaba.
Recuerdo otro caso mucho más leve. Había llegado la Vuelta Ciclista y desde una avioneta tiraban pastillas de jabón Chimbo en pequeños paracaídas (ahora dudo de si eso del jabón Chimbo no será fruto de mi imaginación). Aquel joven, corriendo por coger uno de ellos, no se percató del murete que protege el túnel y cayó por la parte más cercana a la puerta.


Hasta el 57 o 58 aún no habían levantado el muro protector que hoy, renovado, está a la altura del Caballo Blanco. Así, cuando el balón se escapaba rodando hacia la muralla, había que darse prisa (y jugarse el pellejo) para cogerlo. Porque si caía, había que dar toda la vuelta por el Portal de Francia.


Pues bien, éramos, con 6, 7 u 8 años, tan inconscientes del peligro, que un día (cuando todavía no existía el muro protector), no se me ocurrió mejor idea que colgarme del borde de la muralla, en la parte de mayor altura. Pero lo peor fue que mi hermano pequeño (año y medio menor que yo; no tendría ni 7) también se colgó y me retó: "¡A ver quién aguanta más!". Más vale que me entró un poco de cordura y dándome cuenta de que cuanto más tiempo estuviéramos colgados en el vacío, más nos iba a costar subir, luego, a pulso, dije: "me rindo". Y subimos los dos.
Pero a todo hay quien gane: cuando terminaron el muro, un chaval a quien no conocía (luego, me dijo que era de Valencia) se pegó, desde la esquina norte del muro hasta su terminación, una vertiginosa carrera (nunca mejor dicho) por su parte superior, con el vacío a su izquierda. Fue una impresionante y anónima inauguración.
Cada vez que me asomo ahora por ese muro, alucino con lo que hacíamos y de que aún estemos vivos.
Un juego muy divertido, los días de lluvia, bajo el frontón de la catedral, era intentar recorrer, con los pies en la cornisa y la tripa contra la pared, la estrecha cornisa que a 50 cm. del suelo recorre la fachada de la catedral. Eran sobre todo difíciles los semicírculos.
Más arriesgado era subir las gigantescas columnas colocando un pie en una y el otro en la otra. Esta técnica nos vino de maravilla años después, estando de monaguillos en Los Caídos, cuando bajaba a la cripta Vicente, el sacristán, pidiendo un monaguillo para ayudar a una misa y no nos encontraba, ya que nos habíamos subido por las paredes del estrecho pasillo. Pasaba jurando ("¡estos cabrones..!") por debajo de nosotros y teníamos que aguantarnos la risa para no caernos.

Mis estudios sobre la gravedad
ventana catedral
cañonera Portal de Francia
Yo, a esas edades, aún no me había enterado de que, si saltaba desde un metro de altura, me hacía menos daño que si saltaba de dos. Así que me puse a experimentar. Primero fueron las escaleras del atrio de la Catedral: una, dos, tres... me parecía todo los mismo. Luego me subí a la ventana que tiene la torre norte y que mira hacia la que era entonces Escuela de Magisterio. Y salté desde ella. Había aprendido la técnica de caer sobre las puntas de los pies y flexionar las rodillas. Tampoco tuve ningún problema.
Así que me fui a la cañonera del Portal de Francia, la que mira hacia la cuesta. Y salté. A pesar de mi depurada técnica (ahora lo entiendo), me hice gran daño en los pies. Y, lo peor, me di con la mandíbula en las rodillas.
Por fin había entendido la gravedad.
Pero se ve que no había escarmentado. Mucho tiempo después, con unos 20 años, un amigo me inmortalizó intentando ponerme cabeza abajo en el pequeño pilar, sin asideros, que está a la derecha (según se mira la placa) y por encima de la Placa de Zumalacárregui. Entre que no calculé bien el impulso y los nervios del fotógrafo, ésta es la lamentable imagen que podéis observar. (Continuará)

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Fco. De Val: 5. Años cuarenta

Con Viajera, por Lolita Garrido, y Campanitas de la aldea, por J. Sepulveda, se fraguó el éxito de Francisco de Val (y viceversa: con las canciones de F. de Val triunfaron muchos cantantes)
En la inmediata postguerra son también escasas las noticias que tenemos sobre Francisco. La primera, una carta dirigida a sus amigos de Sierra de Luna: “Estoy bien y vivo en Barcelona”. Por lo escueto de la carta se detecta que Paco el herrador no tiene muchas ganas de contar más. Tuvo que ser para él un periodo triste y sombrío.
Sea como fuere, aunque tenemos noticias de actuaciones suyas, previas al 43, por distintos lugares de España, se me hace muy extraño que tarde nada menos que 4 años, 1943, en publicar en Barcelona un disco con una canción suya, “Hombres sin alma”. Un tango que, aparentemente, nada tiene que ver con la Guerra Civil, pero si con la guerra entre hermanos por la herencia de su madre en el lecho de muerte.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Iñaki Lacunza en El Pocico

¿Por qué se llamará esa sociedad "El Pocico"?

A lo tontamente (que diría Nachico) han pasado más de tres años desde que Iñaki Lacunza y yo nos conocemos. Desde entonces, en mi blog hay unas cuantas canciones suyas que, a cualquiera que tenga un gusto musical y, con más motivo, a los navarros y pamplonicas (a quienes sabe tocarnos la fibra), nos emociona profundamente.
Desde esa época, gusta Iñaki de hacer, unos días antes de San Saturnino (copatrono de Pamplona), una especie de entrenamiento de lo que tiene que tocar en la festividad del Santo, el día 29. Y esto lo hace en El Pocico, una sociedad pamplonesa situada en la Calle Nueva.

martes, 13 de noviembre de 2012

La hazaña de Eratóstenes

La cisterna portuguesa Mazagán (El Jadida)
Dedicatoria
Hace muchos años... (parece un cuento, ¿verdad?), hace unos 32 años, teniendo que dar una clase de filosofía, me topé con una lección que me motivó tanto que, en los siguientes años, dediqué mis días y, sobre todo, mis noches, a observar con un telescopio los cielos, intentando entender lo que ocurría allí arriba (y aquí abajo).
El plato roto de esa afición lo pagó mi hija. Si hoy se llama Altair, es por culpa de esa pasión desmedida, como casi todas las que me atrapan, que se apoderó de mí.
Aunque no me sienta muy culpable (al fin y al cabo es un nombre precioso), hoy quiero dedicarle a ella, a Altair, esta entrada. Y quiero decirle que en las noches de verano, cuando se manifiesta en todo su esplendor el "Triángulo de verano", les digo con orgullo a quienes están conmigo: "esa es Vega, esa otra Deneb... y aquella, la que tiene debajo una menos brillante, es Altair, como mi hija"

Introducción
Después de visto, todos somos muy listos... Pero, para valorarlo adecuadamente, hay que retrasar el reloj de nuestros intereses, conocimientos y medios técnicos en, casi, 2 250 años.
Sucedió en Alejandría, la ciudad egipcia del delta del Nilo, fundada, como su nombre indica, por Alejandro Magno (356-323).
Éste tuvo de preceptor nada menos que a Aristóteles; y en su corta, cortísima vida (33 años, la edad de Cristo) conquistó la mayor parte del mundo conocido por los griegos.
Tras la fundación de la ciudad (331 a.C.), el centro de la civilización griega se trasladó de Atenas a Alejandría y, gracias al reinado de los Ptolomeos en Egipto, se mantuvo a un alto nivel durante los dos siglos siguientes. Es el llamado período helenístico o alejandrino.
Por el Museo y la Biblioteca de Alejandría pasaron celebridades como Euclides, Apolonio, Hiparco, Aristarco.. y Eratóstenes

Eratóstenes (273-192). Los hechos observados
Eratóstenes se educó en Atenas, pero pasó más de la mitad de su vida en Alejandría. Algunos le aplicaron con menosprecio el seudónimo de beta, aludiendo a que no era el primero (alfa) en nada. Pero a él no le gustaba especializarse, sino que, como Aristóteles, era universalista.
Como rector de la Biblioteca, tenía la responsabilidad de conocer el contenido de la misma. Un día cayó en sus manos un papiro que contaba que en un puesto avanzado de la frontera meridional, cerca de la primera catarata del Nilo, en Siena (actual Asuán), un palo vertical no proyectaba sombra en el mediodía del 21 de junio. En el solsticio de verano, a medida que avanzaban las horas, las sombras de las columnas del templo iban acortándose. Al mediodía habían desaparecido. En ese momento, podía verse el sol reflejado en el agua del fondo de un pozo profundo.
Sin embargo, en Alejandría no ocurría lo mismo. Los palos verticales, al mediodía del 21 de junio, proyectaban una sombra evidente.
Este fenómeno, que mucha gente conocería, no le pasó desapercibido a Eratóstenes.

Primer paso: Tierra curva
Y empezó a razonar: si la Tierra fuera plana y el Sol tan alejado que sus rayos sean paralelos cuando llegan a la Tierra, entonces  en Alejandría (Aen Siena (Bdebería ocurrir lo mismo. Y, sin embargo, no sucede así. Por tanto, la Tierra no es plana. Una Tierra con una superficie curva, en cambio, explicaría perfectamente los hechos observados.

Segundo paso: medición del ángulo
Eratóstenes midió el ángulo (α) que los rayos del sol formaban con un palo vertical (gnomon. Imagen de la izquierda) en Alejandría al mediodía del 21 de junio, obteniendo un resultado de α = 7,2º.
Segundo paso                                             Tercer paso

Tercer paso: ángulos subtendidos
A quienes somos de letras (a mí al menos) éste es el paso que nos resulta más sorprendente. Ese ángulo α = 7,2º es exactamente el mismo que formarían dos estacas verticales, una en Alejandría y otra en Siena, si las prolongáramos hasta el centro de la Tierra:

Cuarto paso: una regla de tres
Suponiendo que la Tierra sea una esfera, hagamos una simple regla de tres:
7,2º es a 360º, como la distancia entre Alejandría y Siena (que están prácticamente en el mismo meridiano) es a la circunferencia total.
Nos falta conocer la distancia entre las dos ciudades.
Unos dicen que Eratóstenes contrató a un hombre para que la midiera a pasos; otros hablan de un pelotón de soldados con una marcha regular.
Sea como fuere (convirtiendo la unidad de medida (el estadio) a kilómetros), daba un resultado de 800 km. Y resolviendo la regla de tres [(800x360):7'2], nos salen 40 000 Km.

Conclusión
La hazaña de Eratóstenes fue una notable demostración de que la inteligencia del hombre podía dominar porciones del mundo de un orden de magnitud superior al mundo que Alejandro Magno sometió por la fuerza física.
[Actualización: Qué gran razón tiene J.J.M cuando señala el puñetero caso que  "la comunidad científica" le hizo a Eratóstenes hasta prácticamente la Edad Moderna. Ver abajo el comentario]
Y para quienes queráis asentar estos conocimientos y recordar aquella divina serie, Cosmos, del inolvidable Carl Sagan, ahí va el capítulo correspondiente:


viernes, 9 de noviembre de 2012

Cuando tengas un accidente...



Siempre me ha preocupado, cuando cojo el coche, el día que tenga un accidente. No ya un accidente con daños personales, sino también un simple accidente "de chapa".
Quiero hablar hoy sólo de estos últimos.
Con lo desordenado que soy y los nervios del momento, ¿seré capaz de encontrar los papeles del seguro, el número de póliza, el parte, el bolígrafo (a ver si funciona...)? No te digo si, encima, está lloviendo...
Hace unos días tuve un mínimo incidente con el coche y me pareció que el modus operandi para intercambiar los datos del seguro, del vehículo... que, al menos en parte, utilizamos el otro conductor y yo, a más de uno le podría venir bien.

Sinceridad ante todo

Hoy todo el mundo llevamos un móvil. El truco consiste en intercambiar nuestros datos con el otro conductor implicado mediante un mensaje en el que hemos escrito:
Nombre
Marca y matrícula del vehículo
Compañía aseguradora
Número de póliza

[Nota: Un anónimo he enviado unos comentarios que completan lo que aquí se cuenta. Dice concretamente: "Para usuarios de telefonos existen App para diferentes plataformas que mediante unos pasos sencillos te van guiando. Es el caso de "KIT DEL ACCIDENTE" para los usuarios de iphone, ipad, ipod touch y ipad mini. Sacas fotos y localización". Y añade este enlace  y la imagen de la dcha.]
Si la otra persona no usa móvil o, simplemente se empeña en rellenar un parte, siempre te viene bien tener a mano, en el móvil, todos los datos de tu vehículo.
No te digo nada si los implicados son más de dos.
En resumen, tómate un par de minutos, antes de arrancar el coche y guarda en tu móvil (en borradores o, mejor, en una carpeta) los datos anteriores.
Mejor que no te haga falta nunca. Pero si, por desgracia, un día te ocurre, creo que es un buen sistema que te permite luego, con toda garantía, llamar a tu seguro y facilitarle tanto tus datos como los del otro conductor implicado.
Y ahora, más tranquilos, vamos a reírnos de nosotros mismos:


lunes, 5 de noviembre de 2012

Fco. de Val: 4. La guerra civil

Madre, te diran que me vieron morir, pero no te dirán que me vieron matar

No pensaba dedicar una entrada exclusiva a Francisco de Val durante el periodo de la Guerra Civil ya que los datos objetivos que tengo son muy escasos. Pero, a pesar de ello, esos datos sí que permiten lanzar algunas hipótesis bastante probables.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Cemboráin: un cementerio de juguete


No, no es el "Cementerio marino" de Valéry ni está cerca del mar, como el de Serrat, aunque haya un término que se llama La Playa y allí siempre cantemos el "Estrella de los mares".
Pero, como en el poema de Valéry, desde él se puede obtener una gran recompensa: "contemplar, sin prisa, la calma de los dioses":

Y, como en la canción de Serrat ("quiero tener buena vista..."), la hay y muy buena: los campos se extienden hasta la imponente Peña Izaga y, en los días claros, se alcanza a ver el Pirineo desde este cementerio de juguete,que ni siquiera da miedo y, mucho menos, pena:



Ce toit tranquille, où marchent des colombes,
entre les pins palpite, entre les tombes;
midi le juste y compose de feux.
La mer, la mer, toujours recommencée!
O récompense après une pensée
Qu'un long regard sur le calme des dieux!
Un cielo tranquilo, surcado de palomas,
palpita entre pinos y tumbas;
puntual, el mediodía compone sus rayos.
¡El mar, la mar, siempre renaciendo!
Tras un pensamiento, ¿qué mejor regalo
que contemplar, sin prisa,la calma de los dioses?


Ay, si un día para mi mal
viene a buscarme la parca.
empujad al mar mi barca
con un levante otoñal
y dejad que el temporal
desguace sus alas blancas.
Y a mí enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo...
En la ladera de un monte,
más alto que el horizonte.
quiero tener buena vista...