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jueves, 7 de junio de 2012

Mi tío Narciso, por Pablo Gil



Estas son las palabras del jesuita Pablo Gil que me ha enviado Conchita Vela:

Obituario basado en la homilía predicada en el funeral del P. Narciso Mendiburu S.J
La vida del P. Mendiburu se desarrolla en una doble historia, una historia extraordinaria y otra historia ordinaria.

La historia extraordinaria
Cemboráin desde la Venta de Zabalceta
La historia extraordinaria nos lleva a Cemboráin, un pueblo pequeño, cerca de Pamplona. Allí vivía una familia ejemplar. Los padres del P. Mendiburu trajeron al mundo a 16 hijos. Dos de ellos murieron en la infancia. De los 14 restantes, cinco entraron en la Compañía de Jesús. De los cinco jesuitas, 3 fueron a China como misioneros voluntarios, mientras que el P. Narciso Mendiburu fue como misionero a la India, a la Misión de Gujarat.
De las chicas, tres entraron en congregaciones religiosas. La última que ha sobrevivido a todos es la Hna. Marina, dominica, que ha vivido muchos años en las misiones del Congo. Justamente escapó de la muerte cuando con otras religiosas de su congregación fue aprisionada por las bandas de Hutus y Tutsis que luchaban en una guerra fratricida.

SEVERINO, PACO, ISIDRA, NARCISO, Mª JESÚS, EMILIA, BENJAMÍN, PRISCI Y PEPITO
Esta es la historia extraordinaria y gloriosa del P. Mendiburu.

La historia ordinaria
La historia ordinaria es la del quehacer diario del misionero. El P. Mendiburu era un comunicador nato. Era un gran predicador con pectus (pecho, corazón...) oratorio. Esta elocuencia innata lo llevó en dos direcciones paralelas: la educación en los colegios de los que fue director por muchos años, y los ministerios pastorales, sobre todo por medio de los ejercicios espirituales a alumnos y alumnas.
Sus ejercicios a alumnos cristianos y no cristianos dejaban una honda huella, y le granjearon muchos amigos. Como ejemplo puedo citar el caso de una alumna musulmana a la que llamaba "mi catecúmena" porque le pidió que la bautizase. Esta alumna se quedo tan agradecida al P. Mendiburu que muchos años después, en un viaje que hizo el P. Mendiburu a España hace dos años, le pagó el billete de ida y vuelta, y como ella vivía en Londres, salió a encontrarse con él en el aeropuerto de Heathrow, en Londres.
Como parte de su ministerio pastoral, en uno de sus viajes a España, se trajo la famosa película "Marcelino Pan y Vino", que tuvo un enorme éxito en la India, pues la proyectó tanto en los colegios como en las misiones vivas 250 veces. Él mismo traducía el diálogo castellano al inglés o al Gujarati, según las necesidades. Llevaba estricta contabilidad de las veces que había proyectado la película, y al final, escribió un artículo que publicó la revista internacional de misiones "Christ to the World" que Mendiburu tituló: "He predicado el mismo sermón doscientas cincuenta veces."



Salpicaba sus sermones y homilías con historias, anécdotas, ejemplos y juegos de palabras que amenizaban el mensaje espiritual y dejaban profunda huella en los oyentes.
El P. Mendiburu era un buen religioso. El recuerdo que muchos de sus alumnos guardan de él es el verlo andar por los corredores del colegio después de las clases de la tarde, rezando el breviario o desgranando las cuentas del Rosario que nunca omitía. Su espiritualidad se basaba en principios y prácticas fundamentales: el rezo del breviario, el Santo Rosario y la Eucaristía.
Hasta hace muy poco, cuando estaba ya retirado por enfermedad, se le veía paseando muy despacio por el patio de la enfermería, apoyado en su bastón, rezando el Santo Rosario. Él solía presidir la Eucaristía en la Misa de los enfermos y en ella hacía un corto comentario del evangelio del día.
Hace pocas semanas discutíamos en su cuarto, en una de mis muchas visitas, sobre quién de los dos escribiría el obituario del que muriera primero, pues los dos navegábamos ya por la década de los ochenta (él más cerca que yo de los noventa). Pero nunca me imaginé que en unas pocas semanas yo oficiaría en Pamplona en su funeral.
Al final de mi homilía en la iglesia de los Jesuitas de Pamplona di las gracias de parte de la Provincia del Gujarat a la comunidad jesuítica de Pamplona, que realmente se volcó en hacerle menos dolorosos los últimos días de su vida en la enfermería y en la clínica, visitándole todos los días y arropándole hasta el último momento.
Quiero acabar citando las palabras que me escribió el Provincial del Gujarat el dia de su muerte en respuesta a mi correo informándole de la muerte del P. Mendiburu:
"El P. Mendiburu fue siempre un fiel y alegre Jesuita.- Amaba su vocación con verdadera devoción. Con su jovial comportamiento influyó positivamente en muchas personas y derramó alegría a raudales en todas las comunidades donde vivió".
P. Pablo Gil S.J.

2 comentarios:

Ramón dijo...

Para mí el tío Narciso creció muchísimo cuando supo pedir perdón y se reconcilió para siempre con todos los hijos de Prisci y Ramona. La despedida que le preparamos fué sencillamente gloriosa y nunca mejor dicho. Que Dios lo tenga en su gloria a quien tanto trabajó, con muy buen humor, por la gloria de Dios

Anónimo dijo...

Querido Patxi: Me ha gustado mucho tu blog voy a seguir leyéndolo para disfrutarlo y aprender vuestras raíces navarricas

Ayer celebramos en Madrid el funeral por P. Narciso. Fue muy muy emocionante. El P. Pablo Gil dijo cosas muy entrañables de tu tío y nos estimuló a tomar su legado de ser Misioneros allá en donde estemos.

La misa fue muy sencilla pero muy sentida. Colmugamos y cantamos "Cantemos al Amor de los amores" y cuando terminamos de cantar, pusimos la canción navarrica "Tiene los ojos azules" que tanto le gustaba a tu tío. Fue entrañable lloramos de emoción. Allí sí que estaba Narciso, con su sonrisa y su buen corazón.

Dimos gracias a Dios por la vida de Narciso que fue un regalo para sus amigos. ¡Cuánto le hemos querido y le queremos! Nunca lo olvidaremos, ha dejado huella en nosotros.

Te felicito Patxi por tener una familia como la que tienes. Gracias por enviarme tu blog, entraré muy amenudo.

Un fuerte abrazo: Conchita Vela Goicoechea