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viernes, 15 de junio de 2012

"Canto de Altabiscar", por V.M. Arbeloa

Roldán yace moribundo. Batalla de Roncesvalles
Cuando, el 25 de mayo publiqué la entrada sobre el Canto de Altobiscar, a más de uno (yo incluido), le extrañó que V. M. Arbeloa no entrara al trapo de un tema tan nuestro y con tanta repercusión en la literatura vasca. Fue un espejismo. No pasaron 10 días cuando me llego un correo suyo disculpándose (¿de qué?) por el retraso y adjuntando este trabajo que hoy podéis leer y que publicó “hace años”.
Lo escrito por Arbeloa corrobora lo que se dice en la entrada del 25 de mayo, pero añade muchos más datos y hace referencias a autores y poemas que me van a dar pie a hacer una nueva entrada sobre un tema familiar: “El Roncesvalles navarro”, versión fragmentaria (100 versos) de la Chanson de Roland, escrita, según VMA, en romance navarro.
Quiero agradecer de todo corazón esta generosa y profunda aportación de Victor Manuel:

EL CANTO DE ALTABISCAR
Después de recitarnos los textos históricos más significativos sobre la rota de Roncesvalles, tuvo aún tiempo Javier, mientras bajábamos desde Lepoeder por la antigua calzada romana y camino de Santiago, para entonar otro canto épico, que no tenía nada que ver ni con la Chanson de Roland ni con el romancero español.

No era tampoco, como alguien pudiera imaginar, El Roncesvalles navarro [si este enlace no funciona bien, no preocuparse, que sobre él irá la próxima entrada], aquel cantar de cien versos, compuesto en romance navarro durante el siglo XIII y encontrado en Pamplona, en el que vemos a Carlomán, esmorecido, lamentarse ante los cadáveres de tres de sus pares:
Vido a don Roldán acostado a un pilare,
como se acostó a la hora de finare...
No. Nuestro juglar andariego comenzó a decir los primeros versos con mucho pecho, sorprendiendo una vez más al sosegado Antonio y hasta a los sudorosos peregrinos franceses que acababan de pasar:
Oiu bat aditua izan da
Euskaldunen mendien artetic...
(En medio de los montes Euskaldunes
se eleva un grito, nuncio de borrascas...)
La versión castellana que cito es la del poeta navarro Hermilio Olóriz –que así firmaba por entonces-, en el primer número de la Revista Euskara (1878), la revista de la Asociación Euskara de Navarra, de la que era secretario. Olóriz, entonces un joven poeta romántico y patriota, hace una versión literaria del Cantar, en romance real irregular, después de haber conocido las versiones de Pablo Ilarregui y de Obdulio de Perea.
Olóriz llama al Altabiskarco Cantua, que él traduce por “Canto de Altobiscar o Aztobiscar” (sólo este segundo nombre es correcto, como sabe el lector) grito de independencia en el que se siente palpitar el noble e indomable espíritu de la raza euskara, ese himno sagrado de nuestras montañas, sencillo y grandioso como las más sublimes concepciones homéricas... Ni que decir tiene que el poeta pamplonés cree ciegamente -en contra lo que puedan decir críticos como Jean François Bladé, quien en 1869 denunció la impostura- en la originalidad del poema al que sitúa nada menos que en el siglo VIII, citando en su favor a Mr. De Monglare (¿Monglave?), J. Agustín Chao, Modesto Lafuente, Gómez Avellaneda y Julio Nombela. No se queda ahí el ingenuo de Olóriz sino que, con argumentos peregrinos, que hoy nos hacen sonreír, asevera que el supuesto poema euskaro, escrito en una lengua filosófica, en una lengua cuya cuantidad poética es infinita, es un romance octosílabo, que es nada menos que el origen del romance castellano.
Nuestro bardo andarín comienza a recitar el Cantar nada más comenzar a descender desde Haritzmakur. El fiero dueño del caserío ha oído un grito en su puerta, que ha despertado hasta a su perro. Algo más que un grito, un clamor se oye luego en el collado de Ibañeta. Pasan miles de soldados, esos hombres del Norte, que han venido a turbar con un zarzal de lanzas el reposo de las montañas que Dios alzó para que los hombres no las atravesasen. Ya las rocas que arrancan los vascones comienzan a caer sobre la tropa enemiga. Oh, cuántos huesos quebrados, qué mar de sangre:
Escapa! Escapa! indar eta zaldi dituzuenac.
Escapa hadi, Karlomanoerregue, hire luma beltzekin eta hire capa gorriarekin;
Hire iloba maitea, Errolan zangarra, hantchec ila dago.
(... Los de Francia/ que aún tenéis un corcel y aún tenéis fuerzas / huid, huid, de la feroz batalla. / Y tú, Rey Carlo-Magno, con el yelmo / de plumas negras y la roja capa / huye porque Roldán ya en tierra cae / como los robles al golpear el hacha).
Ferragut (izda, lanza rota) cae ante Roldán. Capitel del palacio de los reyes de Estella
Jon Juaristi afirma que la tradición oral vasca no conserva memoria alguna de la batalla de Roncesvalles. En Navarra no fue así. Baste recordar el mencionado cantar de gesta navarro sobre Roncesvalles, bien estudiado por el profesor González Ollé, quien recuerda otras pruebas de tradición oral: el capitel del palacio de los reyes de Estella, con el combate de Roldán y Ferragut, y la Nota emilianense, escrita en un mal latín en el monasterio de San Millán, segunda mitad del siglo XI, y resumen rápido de la batalla en la versión francesa rolandiana.
Pues, si no había tradición vasca, había que inventarla. El año 1834 el socarrón estudiante bayonés en París, Francisque-Eugène Garay de Monglave, que desconocía el vascuence, compuso un poema sobre la “batalla” de Roncesvalles, para cantarlos con sus compañeros vasco-franceses de la Escuela Politécnica. Según Bladé, se inspiró en los cantos osiánicos (del legendario bardo escocés Ossián, siglo III), traducidos y adaptados por el poeta también escocés James Mcpherson (1736-1796), y muy populares en toda Europa. Uno de los compañeros de Garay, Louis Duhalde d´Espelette, que tampoco dominaba la lengua de su niñez, tradujo de mala manera a su dialecto bajo-navarro el poema, con el título Altabiskarco Cantua, y así se publicó el mismo año en el Journal de l´Institut Historique, del que Garay era secretario
Como otros autores hacían por ese tiempo (Otaegui, Michel, Chao) para envejecer sus inventos hasta los tiempos del señor de Oñaz, de Sancho Abarca, o del mismísimo Aníbal, Garay inventó la trapisonda de haber visto una copia en pergamino del Cantar en casa del ministro revolucionario de justicia, sustituto de Danton, el vasco-francés Dominique Joseph Garat (1749-1833), después senador y conde del Imperio. Éste a su vez lo habría recibido del general Latour d´Auvergne, el célebre primer granadero de Francia, a quien lo habría entregado, el año 1794 en San Sebastián, el superior de un convento de Fuenterrabía.
Para cuando el clérigo anglicano y erudito vascófilo Wentworth Webster identificó definitivamente, en 1883 la patraña, muchos autores habían dado el texto por auténtico, y a los citados podríamos añadir Amador de los Ríos, Fauriel, Michel, y el mismo Manterola. El maestro Menéndez y Pelayo se asombraba de que esta mediana fabricación osiánica hubiera tenido un éxito verdaderamente increíble y escandaloso.
Navarro Villoslada, que declara no querer entrar a discutir la antigüedad del texto, y haciéndose perdonar el anacronismo, pone en boca de la loca Petronila, capítulo IV del segundo libro de Amaya, una traducción libre del Cantua, en forma de un ágil romance, que no debía de conocer Olóriz cuando escribió el suyo. Esta vez la lucha es entre godos y vascones. Con este escalofriante final:
A cebarse en carne goda / vendrán de noche las águilas
y blancos siempre los huesos / quedarán de la batalla.
Paradójica placa que todavía permite el Ayuntamiento de Ansoáin
También Arturo Campión [leed el enlace] se inspira en el poema de Garay para su poemita en prosa, Orreaga  [este enlace te invita a dercargarte, sin miedo, todas las versiones del poema] que incluye, entrecomillado, uno de los versos de aquél. 
Hasta Sabino Arana Goiri, en Bizkaya por su independencia, da una versión libre de dos fragmentos del Canto de Altabiscar.
Ya cerca del fin de nuestra caminata, Javier, que ya se sabía la historia del embuste literario, declama con voz velada el cuadro desolador tras la matanza de los francos:
Gabaz arranoac joain dira haraguipusca lehertu horien jatera
Eta hezur oriec oro churituco dira eternitatean”
Y en la traducción romanceada de Olóriz:
De la invasión armada
los huesos blanquearán eternamente
y allá en la noche las voraces águilas
vendrán al son de los profundos vientos
a comer de sus carnes machacadas!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Milla esker
VMA