Como veis, seguimos con los cuentos. El de hoy lo he escuchado muy recientemente, pero se basa en el cuento más antiguo que conozco. He dicho "escuchado" cuando debería haber dicho "mirado", ya que está dibujado en nueve vidrieras de la piscina a la que acudo a diario. Las siete primeras respetan literalmente al viejo libro, el capítulo primero del Génesis, pero la octava y novena son de la cosecha del artista:
Cuentos, mitos y leyendas, además de intentar dirigir nuestras conductas, buscan una explicación del hombre y del mundo. Pero esa explicación, aunque a veces lo pretenda, no es fundamentalmente racional.
Y esto es lo que le ocurre al relato del Génesis, en el que, en una especie de "escalera sanferminera", Dios crea el mundo en siete días.
Si analizamos cada uno de los "días" con un mínimo de espíritu crítico, veremos que está plagado de errores y contradicciones.
A mí siempre me llamó la atención que Dios hiciera el Sol (Luna y estrellas) nada menos que el cuarto día. ¿De dónde venía la luz del primer día? ¿cómo realizaban la fotosíntesis las plantas del tercero?
Si Dios hubiera hecho el sol lo primero de todo, se habría ahorrado, de paso, hacer la luz el primer día (el sol y las estrellas alumbrarían suficiente) y no habría necesitado el día segundo en el que tuvo que "trabajar" para separar las "aguas de arriba" de las de abajo (el mismo sol conseguiría que el "agua de abajo" se evaporara formando nubes). Claro que en este caso, la semana (septimana, siete días) ya no tendría seis de trabajo y uno festivo, sino que se parecería más a nuestra semana actual, con dos días y medio de descanso para muchos trabajadores.
En mi vida laboral me ha tocado dar clase de filosofía a algunos alumnos que eran Testigos de Jehová, Evangelistas... Cuando llegábamos a ciertos temas (el origen del universo, geocentrismo/heliocentrismo, la evolución, el origen de la vida, del hombre, el inconsciente...) algunos de ellos esgrimían lo que decía la Biblia para enfrentarse a lo que se enseñaba en los libros de texto que seguíamos en clase.
Yo siempre les decía lo mismo: "si crees que las cosas ocurrieron como literalmente dice la Biblia, estarás, en muchos casos, en conflicto con la Ciencia y la Filosofía. Pero Fe y Razón no tienen por qué ser incompatibles. Por ello te aconsejo que hagas una lectura de la Biblia, que la interpretes de tal manera que te permita creer en Dios y en el Hombre. Nada te impide creer que detrás del Big Bang está Dios. ¡Ah! Pero para el examen entra lo que dice el libro de texto".
En resumen, la existencia de Dios, a pesar de los argumentos de Agustín de Hipona, Anselmo de Cantebury o Tomás de Aquino, no se puede demostrar. Pero su no existencia, a pesar de los intentos de Epicuro, Marx o Nietzsche, tampoco. Por tanto, el que es creyente, agnóstico o ateo, lo es porque le da la gana, porque sus experiencias vitales le han llevado a esa postura. En cambio, lo que la ciencia afirma, sí se puede demostrar o, al menos, falsar. Y, mientras nadie false una teoría, la tienes que aceptar, no porque te dé la gana, sino porque se impone a tu racionalidad.
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Volviendo a las imágenes de las vidrieras de la piscina, quiero expresar mi admiración al artista por su bonito intento de compatibilizar Religión y Ciencia, y mi agradecimiento por mantenerme distraído durante los aburridos largos de natación.
[Actualización 21.06.11: acabo de hablar por teléfono con el autor de las vidrieras. Se trata de Matías Espinosa Palencia quien, tras haber sido profesor de Plástica durante muchos años en los Maristas de Pamplona, se encuentra ahora en los de Alcalá de Henares. ¡Gracias, Matías!]
[Actualización 21.06.11: acabo de hablar por teléfono con el autor de las vidrieras. Se trata de Matías Espinosa Palencia quien, tras haber sido profesor de Plástica durante muchos años en los Maristas de Pamplona, se encuentra ahora en los de Alcalá de Henares. ¡Gracias, Matías!]



Gracias Patxi, por transportarme en esta tarde de viernes al origen del mundo, me tomaré el chorizo de la tradicional merienda de viernes en casa de mi madre, con un talante más sereno.
ResponderSuprimirun abrazo
Rafa
Noto que estás encantado de ir a esa piscina y que no quieres decir qué piscina es porque en el video se ve que estás muy tranquilo. Vale, el cuento es precioso pero que no quieras compartir la calle por la que nadas como hacemos el resto de los mortales... egoísmo puro y duro
ResponderSuprimiry esa que no lo diré ni bajo tortura. Jamás pensé que se podría nadar mientras te leen un cuento
ResponderSuprimirja, ja, patxi... Ya he descubierto tu piscina. Pero como me he hecho socio, yo tampoco lo diré.
ResponderSuprimirJoaquín B.