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domingo, 27 de marzo de 2011

Tomás Belzunegui Sarasa: mi tío Tomás

Tomás Belzunegui Sarasa
[Actualización 06.11.11. Mi tío Narciso me ha mandado, nada menos que desde la India, unas casetes con las voces de unos cuantos miembros de mi familia (tanto paterna como materna) que celebran el 80º cumpleaños de mi abuela Felipa Itoiz. La grabación, dirigida a Narciso, que estaba en la India, está hecha en Cemboráin, concretamente en la cocina (se nota, ¿verdad?) de casa Esteban, un poco antes del mediodía del 30 de abril de 1966 (este dato, que se me resistía, se lo debo, indirectamente, a "la que data", mi hermana Mariví). En aquel año Osasuna estaba en Tercera División, aunque a punto de subir a Segunda. Quien "lleva el micrófono" es Pepito. Se escucha también a mis tíos Benjamín, Isidra, Severino, mis padres Prisci y Ramona... Están también presentes, además de la abuela Felipa, el tío Germán y la tía Antonia, aunque no se les escucha. Pero, como esta entrada lo exije, se oye sobre todo a Tomás.
Impresiona escuchar la frescura de unas voces de hace 45 años, de personas que ya no están entre nosotros. Lo que invita a reflexionar sobre lo efímero de la vida humana.
Podéis verlos a todos en esta preciosa imagen de, creo, 1958 ( sí, 31.07.58, pincha el enlace)

Santuario de Loyola, creo que en 1958 o 59 (sí, 31.07.58). Primera comunión de Ramón y Javi y
1ª misa de Pepito (otros para entonces ya habíamos ido a muchas). Pincha para ver mejor
Ya perdonaréis la calidad del sonido, pero no soy ningún experto en digitalizar casetes:

video
aquí termina la actualización]

 Corre por ahí un viejo chiste que dice:
- ¿cómo meterías 100 catalanes en un seiscientos?
- Echando dentro una peseta. (Es de aquella época)
- ¿Y a 100 navarros?
- ¡A que no hay cojones!
Pues el Premio Tomás Belzunegui tiene los dos ingredientes del chiste ya que, al estímulo económico y publicitario (publicación en la revista "Cuadernos gerontológicos"), añade un bonito reto personal. Así que, seas navarro, catalán o de donde seas, te invito desde Desolvidar a participar.

¿De qué se trata?
El Premio Tomás Belzunegui 2011, premiará a los tres mejores artículos literarios (600, 300 y 200€ respectivamente y publicación en la revista "Cuadernos gerontológicos") y al mejor trabajo audiovisual (600€), que recoja la imagen positiva de las personas mayores en un contexto intergeneracional. Además, siguiendo la estela de 2010, se mantiene una categoría, denominada "Senior", abierta a la participación de navarros mayores de 60 años, en la modalidad literaria -periodística (600€). En todos los casos se entrega el correspondiente certificado.
Como ves, suficiente estímulo para meterse de cabeza en el seiscientos.
El Premio (que vive su undécima edición) fue presentado en la Casa de Misericordia de Pamplona el pasado 25 de febrero. Allí se destacó el avance positivo que se ha producido en el tratamiento de la imagen de los mayores a pesar de que todavía existen muchos estereotipos y discriminaciones por razón de la edad y un pronunciado distanciamiento generacional. Señalaron también los presentadores del premio que las personas mayores han adquirido un alto grado de concienciación sobre su identidad, autonomía y nuevos papeles sociales, lo que no quita para que, desgraciadamente, persistan algunas actuaciones de sobreprotección y suplantación de sus intereses por sus propios familiares y por parte de algunos sectores de la sociedad, cuando no episodios de verdadera discriminación.
Aunque el perfil del concursante en este Premio es mayoritariamente el de una persona joven, se invita también a las personas mayores a participar en el Concurso. 
Te pongo aquí este enlace para que puedas descargarte las bases del concurso. 
El plazo de admisión de los trabajos, para todas las modalidades, finalizará el día 8 de Octubre de 2011.


Marisol Otano, viuda de Tomás Belzunegui, en una entrega del premio









¿Por qué se llama el premio "Tomás Belzunegui"? ¿Quién fue Tomás Belzunegui?
Tomás Belzunegui Sarasa (1925-1993): Fue el creador e impulsor, en 1980, del Servicio de Geriatría del Hospital de Navarra (Pamplona). En su memoria, la Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología convoca y gestiona el Premio que lleva su nombre, con el fin de reconocer los mejores escritos periodísticos-literarios, imágenes y audio, que sobre las personas mayores se realicen en Navarra. El Gobierno de Navarra, el Ayuntamiento de Pamplona, la Universidad Pública de Navarra, la Universidad de Navarra, la Asociación de la Prensa de Pamplona y Diario de Navarra, colaboran en este proyecto.


El tío Tomás
A estas alturas del relato más de uno habrá caído en la cuenta de que, además de todas las cosas tan importantes que hizo, Tomás Belzunegui fue mi tío. Sí, hermano de mi madre, Ramona Belzunegui Sarasa.
Por ello voy a acercaros a la figura de "Tomás Belzunegui" por medio de los recuerdos que guardo del "tío Tomás" desde mi más tierna infancia.
De cuando empecé a adquirir "el uso de razón" tengo recuerdos muy vagos (yo era muy crío, unos 5 años) pero hay algunos de ellos que nunca he olvidado.
El tío Tomás era un hombrón, para mí, un verdadero gigante. Por los años cincuentaitantos solía ir de vez en cuando por Dormitalería (en esa calle estaba nuestra casa).

Calle Dormitalería 18 entresuelo
El único sitio para recibir era la cocina. Y el tío Tomás tenía la costumbre de sentarse encima de la mesa de la cocina. Y además, justo en el medio. Mi madre temblaba (por la mesa, claro) cada vez que se sentaba así. Sería porque se había echado novia (Marisol), pero por aquellos años estaba especialmente contento y solía cantar, refiriéndose a ella, algo parecido a esto:




"Mi chiquita vale un mundo 
y no la cambio por nada. 
Yo tengo la mejor moza, 
la mejor moza de España. 
No hay ojos como los suyos 
ni boca como su boca. 
La envidian los ruiseñores..."

(A mi hermana Nieves le salió de repente todo eso y me la cantó. Yo me acordaba sólo de la mitad)


Y quizás recordando su tiempo en el servicio militar, solía cantar esta otra:



Soy médico cirujano
del Hospital Militar;
en la salud del soldado 
tengo un cuidado especial.
Y yo dejo a mis reclutas
sanitos como manzanas;
es la salud del ejército
la esperanza de la Patria

(Ésta se la debo a mi hermana Esperanza que realmente me ha hecho desolvidarla)

El otro recuerdo es menos gracioso, al menos para mí. El tío Tomás era fumador y a mí me llamaba mucho la atención que sacara el humo por la nariz. Como era muy dado a las bromas (lo recuerdo muy vitalista y alegre), una vez me sentó en su pierna (esta vez se había sentado en una silla) y me dijo que también sabía sacar el humo por las orejas. Yo le dije que eso era imposible, que no lo podía hacer ni siquiera él. Entonces me pidió que pusiera mi mano sobre su pecho, pero apretando muy fuerte, y me aseguró que así sí que podría hacerlo. Dio una profunda calada y yo miraba sus orejas y... Debió de ser más el susto (al sentir en el dorso de mi mano sobre su pecho el calor de la brasa del cigarro) que otra cosa, pero, a partir de ese día, ya no me dejé sentar en sus rodillas.
De todas formas, tuve mi momento de venganza, algunos años después, en una comida familiar. Yo estaba comiendo enfrente de él y, al pelar a mano una naranja, salió un chorrito increiblemente certero que, bien cargado de ácido cítrico, fue a dar en su ojo. Así que ¡en paz!
Recuerdo también que tenía la consulta en la Plaza de San Nicolás, esquina con San Miguel, justo donde un reloj de sol que todavía se conserva. Creo que el letrero decía: "Tomás Belzunegui. Médico. Pulmón y corazón. Rayos X".
Consulta del tío Tomás
El tío Tomás trabajó muchos años en el Hospital de Navarra. Era un hombre muy campechano y tenía un carácter muy rocero con los enfermos. Era famoso especialmente su "ojo clínico" a la hora de emitir un diagnóstico. Había en el hospital un pabellón que en sus esquinas tenía sendas escaleras espirales y que popularmente se llamaba El Caracol. Ahí estaban los que padecían tuberculosis. Pues bien, el tío Juanito (hermano de Tomás y Ramona) me solía recitar, cuando yo iba al Hospital a "ayudar" a mi padre, algunas poesías que los "tupis" dedicaban todos los años "a Don Tomás".


Hospital de Navarra. Años 56-57
Bueno, y nada más. Animaos a participar en el Premio y ¡cuidadín, cuidadín! que yo, que soy sobrino, también me voy a presentar. 

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Me he emocionado. Muchas gracias Patxi
Tomás Belzunegui Otano

Anónimo dijo...

Recordarás que el año 59 volví otra vez a España, esta vez para ser operado de hernia discal. El que se encargó de la operación fué un tal Dr.Aguilera Novo que tenía algún hijo en nuestro colegio de los jesuitas. Un día, él y D. Tomás, vinieron a mi cuarto y Aguilera le preguntó a Tomás, ¿A este cuanto le cobramos? Tomás le contesta, "Nada, porque es de mi pueblo (Cemborain) y además es misionero". En efecto no me cobro un céntimo por la operación. Gracias a Belzunegui.
Narciso

Anónimo dijo...

Mi padre estuvo bastante tiempo ingresado en "El Caracol" aquejado de tuberculosis,en los alrededores del año 60, estuvo muy, muy malico. Mi madre, iba de visita por el pabellón. Ahí se conocieron. Llegaron a decirle un día que casi seguro en su siguiente visita mi padre ya no estaría allí.
Pero los buenos cuidados de los médicos y de las Hermanas (y que según decía mi tio, mi padre es como un gato, que tiene siete vidas)hicieron que poco a poco fuera saliendo de ello.
Estos días he podido preguntar a mi padre si conoció a tu tío y si bien es una época de la que no nos habla mucho he visto que recuerda con gran cariño a tu tio, que lo trató. Recuerda su buen humor, dónde tenía la consulta, su pregunta sobre cuando se iban a casar cuando mis padres ya se habían hecho novios. Sabe incluso que después se dedicó a la geriatría.
Las buenas gentes permanecen en el recuerdo de los que les conocieron.
Y quién sabe, sin la mano de tu tio...¿estaría yo escribiendo en tu blog?

Lourdes F.B.

desolvidar dijo...

Joder Lourdes F.B.!!! en la entrada de los Reyes Magos me despedí de ti hasta el año que viene, te acuerdas?
Muy bonita la historia que cuentas. Sólo un detalle: mi tío más que mano (eso que dices de la mano de mi tío...)lo que tenía era ojo clínico.
Gracias por tu hermosa historia. Se la transmitiré a su viuda e hijos

Ramón dijo...

Me acuerdo, entre otros muchos y gratos recuerdos del tío Tomás, que de chaval me tragué una espiga donde las murallas del Redín que me impedía la respiración en gran parte. No conseguía ni expulsarla ni tragarla del todo. El doctor Belzunegui introdujo en mi esófago una especie de cucharilla hasta Dios sabe donde y consiguió extraerla. El alivio que sentí es inimaginable. Ya sólo por eso le estaré agradecido toda mi vida.

Patxi Mendiburu dijo...

Seguro que estabas jugando a pronunciar "Pedro, Pedro, Pedro" con la espiga en la boca y apuntando hacia dentro. Qué pardillo!