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viernes, 18 de marzo de 2011

Historia de nostalgia, historia de amor



Una gran mujer es el hilo conductor de esta historia. No es un cuento, no es algo inventado, sino que esta historia es absolutamente real: los hechos, las cartas, las personas... Me dio los datos una amiga que ha preferido mantener a los protagonistas en el anonimato. Estos son tres personas (los nombres son ficticios), ya fallecidas, que vivieron en un pueblo (cuyo nombre he olvidado) de Navarra, aunque uno de ellos se fue a América. 
Es una historia de amor y de añoranza. 
Escuchad a su sobrina:

Cuando, tras su muerte, recogí algunas pertenencias de mi tía Mariana, me llamaron la atención unos sobres que venían del otro lado del Atlántico. Los ordené, dos de ellos por la fecha del matasellos y el otro, que no llevaba sello, por la fecha de la carta. Eran todos del 95. El primero iba dirigido a ella y a Jesús, su marido. La carta, del 21 de febrero de ese año, la firmaba un tal Miguel Angel, una persona a la que se adivinaba muy preocupada por su salud. Pero me conmovió sobre todo su añoranza por el pasado y por su tierra navarra (era del mismo pueblo que Mariana):







Sentí verdadera pena por aquel hombre de salud frágil, aquejado además por los achaques de los años (unos 80 entonces, calculé) y que, desde la lejana América, tanto echaba en falta su pueblo.
El segundo sobre (sin sello) estaba dirigido sólo a Mariana y escrito a mano. Me dio cierto pudor, pero empecé a leer. Era del 20 de Julio y respondía a una carta anterior de ella:

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"respondiendo a tu carta y satisfaciendo mi deseo de comunicarme contigo, personalmente siempre hubiera sido mejor. Y quien sabe será, una gran satisfacción tener la oportunidad de conseguir juntamente recordar aquellos tiempos tan felices como inocentes. Claro que me recuerdo de la canción "Rocío" en las eras de ... Yo llegaba en bicicleta de ... y tuve esa gran ilusión de bailar contigo, claro que siempre con miedo de aquella constante vigilancia, por esto también resultaba más feliz los buenos ratos de encuentro".
...y tuve esa gran ilusión de bailar contigo

Claro que me recuerdo de la canción "Rocío" en las eras de ... 

Sentí otro ataque de pudor, pero ya no podía detenerme:

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"Ya de por naturaleza esos años de principio de la juventud son radiantes de alegría, ilusiones y esperanza, suma a esto nuestros amores insatisfechos, resulta en que nunca se olvidan en el desarrollo de otra vida diferente, por que nunca más tuve muchas, muchas amistades y propuestas, pero mis sentimientos, pasada tanta experiencia, prefiero la canción de las palomitas blancas. "No hay amor como el primero". Aquellos tiempos, de sábado noche café con los amigos, miradas a la acera y ventanas a ver si veía lo deseado, día siguiente Domingo a misa mayor y acompañar con la vista la bajada a la Iglesia de las "residentes" por la plaza. Terminada la misa aquellas miradas insinuantes a las asistentes era una gran alegría. ".

...prefiero la canción de las palomitas blancas. "No hay amor como el primero"

¡Aquel hombre, a sus 80 años, le estaba diciendo a mi tía, de 75, que ella había sido su primer amor y que, a pesar de todas las relaciones posteriores, seguía colgado de ella!
El tercer sobre era del 20 de Diciembre y, como el primero, escrito a máquina y dirigido a Jesús y Mariana. Pero no estaba la carta.
¿Por qué? No creo que se hubiera perdido, sino que alguien, seguramente mi tía, la habría hecho desaparecer.
¿Y la actitud de mi tía? ¿Cómo reaccionó a tan evidente insinuación? Porque me consta que ella había sido muy, pero que muy feliz con Jesús.
La curiosidad me podía y volví a revisar las cosas de Mariana hasta que, dándole la vuelta a un papel de propaganda de la ciudad de Sevilla, encontré lo que pudo ser la copia o el borrador de su respuesta a Miguel Angel:

"Agradezco tu carta, pero lo pasado, pasado está. Si quieres comunicarte conmigo tendrá que ser con respecto a los momentos en que nos encontramos actualmente, tú con tu familia y yo con la mía."

Lo que suponía. Confirmaba la imagen que yo tenía de mis tíos. Hace poco me he enterado de que mi tía salió algún tiempo con Miguel Angel, pero que en cuanto Jesús cayó por el pueblo, mi tía le echó el ojo y, aunque éste tonteaba al principio con alguna, no pudo resistirse a su encanto. Porque mi tía era un terremoto: era muy simpática, con mucha chispa, alegre, inteligente y con genio (eso sí, le duraba un suspiro). Aunque era pequeñita y él era alto, hacía con él lo que quería. Eso me hacía mucha gracia y provocaba en mí admiración, porque él no tenía más remedio que rendirse ante la simpatía y el cariño con que lo trataba Mariana.
Jesús era un tipo serio, a veces podía parecer un poco seco, pero se sabía acomodar al carácter alegre y bromista de mi tía. Cantaba jotas, acompañándose a la guitarra, con mucha elegancia. Había que insistirle, pero, cuando mi tía se empeñaba en que le cantara esa tan bonita de "Tiene los ojos azules", mi tío Jesús la bordaba y había que ver la carita de mi tía.
"Tiene los ojos azules" por el Dúo Pampilona

Como no tuvieron descendencia (creo que ella perdió el hijo nada más nacer), se volcó en la abundante sobrinería: nos llevaba a su casa a cuatro a la vez durante el mes de verano. Era entonces cuando aprovechaba para gastarnos bromas: a veces, para asustarnos, colgaba de la puerta de entrada los conejos que había cazado Jesús; y otras veces, nada más acostarnos, aparecía de repente en el dormitorio disfrazada de alma en pena. Vamos, que siempre conseguía tenernos en vilo.
Él, con lo serio que era, la miraba asombrado y le decía : "pero, Mariana, ¡deja de hacer el tonto!". Pero por dentro se reía.
Tuvieron tienda en el pueblo durante muchísimos años. Y me acuerdo que cuando nosotros bajábamos a la mañana (la tienda estaba en la planta baja de una gran casona), nos hacia decir una frase:
"Buenos días. ¿Qué tal ha descansado usted? Yo bien, gracias"
Y si no la decíamos con la entonación adecuada, hacía como que se enfadaba muchísimo.
Yo no me di cuenta de que ésta de mis tíos era una gran historia de amor hasta los últimos 10 años de su vida.
Sobre todo a ella se le notaba muchísimo cuánto lo quería: con todos sus ochenta y pico de años siempre lo buscaba con picardía, le hacía algún comentario gracioso, le agarraba la mano, o le plantaba un besico.
Él era menos expresivo, pero accedía a todo.
Vivieron juntos 65 años. Y todavía en el último año, ella, en cuanto podía, le agarraba la mano o se metía con él, pero de una manera que todavía se veía la intención de seguir conquistándolo.
Vivieron juntos casi toda la vida y murieron el mismo año: él al principio y ella al final. Ella nunca pensó que había muerto, sino que creía que se había ido un rato a hacer algo (los últimos años se le había ido la cabeza).
Acabaron sus día en una residencia de su pueblo ... Y en un cuarto compartido, como sus vidas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Patxi, quiero darte las gracias por el relato añoranza y amor ,creo que ha sido un bonito homenaje para mi tia y creo que se lo merecia
M.